<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-6739054310312818189</id><updated>2012-02-16T20:37:22.730-03:00</updated><category term='Derechos Humanos'/><category term='Movimiento Obrero        Reclamo'/><category term='Individualización'/><category term='Campo'/><category term='Autores'/><title type='text'>Sociología.com</title><subtitle type='html'>Este es un espacio de encuentro para "pensar sociológicamente", como diría Baumann..."la sociología nos impulsa y alienta a reevaluar nuestra experiencia, a descubrir más interpretaciones posibles y a tornarnos algo más críticos, a aceptar cada vez menos las cosas como son actualmente o como creemos que son (o, más bien, como nunca habíamos considerado que no eran)."son los hombres, precisamente, los que hacen que cambien las circunstancias..." K. Marx,Tesis sobre Feuerbach.</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://sociologiaucse.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6739054310312818189/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sociologiaucse.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Sociología</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00225090272172561897</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/_ZQ8l4wAZPYc/SqESpv2P2EI/AAAAAAAAAAM/smF_2BjspuE/S220/100_3725.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>17</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6739054310312818189.post-719822220972228104</id><published>2011-04-01T14:02:00.001-03:00</published><updated>2011-04-02T21:30:26.193-03:00</updated><title type='text'>Suplemento Radar, Página 12</title><content type='html'>DOMINGO, 17 DE ENERO DE 2010&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Domingo, 17 de enero de 2010&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Añejo W&lt;br /&gt;La compulsión de la conexión y la ansiedad de la inmediatez. La información disuelta en un océano de fragmentos. El pensamiento epigramático y veloz. El ocaso de la contemplación. La obsolescencia de la memoria individual. La nueva conciencia colectiva. Las comunidades que florecen. El saber al alcance de la mano. La Verdad astillada en verdades. La difusa frontera entre trabajar y pavear. Como todos los años, el sitio Edge.org –que reúne a los intelectuales, científicos y artistas más brillantes del presente preocupados por el modo en que la ciencia está cambiando nuestras vidas– organizó su pregunta anual entre sus miembros. Esta vez: ¿Cómo está cambiando Internet tu forma de pensar? Y como todos los años, Radar reproduce algunas de las mejores respuestas.&lt;br /&gt;  Por Carlos Silber&lt;br /&gt;Vino de lejos e hizo parecer todo muy pero muy cerca. Y eso que, más allá de las visualizaciones tan lisérgicas, tan rizomáticas que deslumbran como si fuera un árbol de Navidad recién encendido, nadie sabe en verdad cómo luce, cómo late, en qué devendrá en los próximos años. O si es que piensa por sí misma y al hacerlo nos piensa a nosotros. Lo cierto es que Internet se infiltró en la vida de la gran mayoría de la humanidad (sí, es cierto, aún hay personas que no saben ni lo que es una computadora) como un trampolín para saltar y hundirse en el mar de la información.&lt;br /&gt;Internet –“la naciente nación, el nombre del nuevo mapa geográfico, el modificador del espacio y el tiempo humanos”, como dice el gran sociólogo argentino Christian Ferrer– se infiltró en nuestra piel. Digerido el impacto de su repentina aparición, ahora a la Red se la siente. Su velocidad, su ubicuidad, su ruido sordo se aprecian en el cuerpo incluso cuando la computadora finalmente se calla.&lt;br /&gt;Nadie lo quería admitir hasta que en julio de 2008 un periodista especializado en temas tecnológicos llamado Nicholas Carr escribió un artículo en la revista The Atlantic titulado “¿Nos está haciendo estúpidos Google?”. Ahí dejaba caer como una bomba: “Mi concentración se pierde tras leer apenas dos o tres páginas –confesaba–. Me pongo inquieto, pierdo el hilo, comienzo a buscar otra cosa que hacer. Es como si tuviera que forzar mi mente divagadora a volver sobre el texto. En dos palabras, la lectura profunda, que solía ser fácil, se ha vuelto una lucha. Y creo saber qué es lo que está ocurriendo”.&lt;br /&gt;Unos lo criticaron ferozmente, otros lo aplaudieron pero la mayoría que leyó esa carta de honestidad digital dejaron de apuntar hacia afuera para ver qué sucedía por dentro. El texto de Carr se replicó tanto por la web que constituye el corazón de la pregunta de este año del sitio Edge.org, aquel que reúne a lo mejor de aquello llamado “tercera cultura” –científicos, escritores, artistas de ideas explosivas–, que cada 365 días le toman la temperatura al mundo con sólo una pregunta. En este caso: “¿Cómo está cambiando Internet tu forma de pensar?”.&lt;br /&gt;“Un nuevo invento ha surgido, un código para la conciencia colectiva, lo cual requiere un nuevo modo de pensar –anticipa su editor, John Brockman–. La mente colectiva externalizada es la mente que todos nosotros compartimos. Internet es la oscilación infinita de nuestra conciencia colectiva interactuando consigo misma.”&lt;br /&gt;He aquí, como recoge Radar todos los años, las 20 mejores respuestas.&lt;br /&gt;Un océano de fragmentos&lt;br /&gt;  Por Kevin Kelly&lt;br /&gt;La tecnología cambia la manera en que nuestro cerebro trabaja, así como leer y escribir cambian la manera en que nuestro cerebro procesa información. Con Internet mi pensamiento se ha vuelto más líquido. Es menos fijo, como lo puede ser el texto en un libro, y más fluido, como lo puede ser el texto en la Wikipedia. Mis opiniones cambian más. Mis intereses caen más y más rápido. Estoy menos interesado en la Verdad, con mayúscula, y más interesado en las verdades, en plural. Siento que lo subjetivo tiene un papel importante a la hora de montar lo objetivo a partir de varios datos. El progreso perseverante y creciente de la ciencia parece ser el único camino para saber algo.&lt;br /&gt;Aquel sueño lúcido que llamamos Internet también borra las diferencias entre mis pensamientos serios y mis pensamientos más lúdicos: ya no puedo distinguir cuándo estoy trabajando y cuándo estoy jugando online.&lt;br /&gt;La propensión de Internet de disminuir nuestra atención está sobrevaluada. Es cierto: porciones cada vez más pequeñas de información pueden dirigir toda nuestra atención. Y no sólo me pasa a mí: todos reportan haber sucumbido a las veloces, pequeñas interrupciones de la información. La cultura de Internet consiguió fragmentar y condensar grandes trabajos en menores envases: los álbumes musicales son fragmentados y se venden canciones por separado; las películas se convirtieron en trailers; los diarios se transformaron en posts de Twitter. Nado felizmente en este creciente océano de fragmentos.&lt;br /&gt;Y así y todo mi pensamiento es más activo, menos contemplativo. Voy por la vida mirando, buscando, preguntando, reaccionando ante la información. No espero. Actúo a partir de las ideas en lugar de pensar sobre ellas.&lt;br /&gt;La emergencia de los blogs y de la Wikipedia es la expresión de este impulso, actuar (escribir) antes y pensar (filtrar) después.&lt;br /&gt;Sin embargo, la forma en que Internet cambió con más fuerza la dirección de mi atención, mi pensamiento, es que se convirtió en una cosa. Puede parecer que paso incontables nanosegundos en una serie de tweets, surfeando en páginas web o saltando de un libro a otro. Pero en realidad paso diez horas al día prestándole atención a Internet. Regreso a ella después de unos minutos, día tras día, poniendo en ella toda la atención.&lt;br /&gt;Estamos desarrollando una intensa y sostenida conversación con esta gran cosa, un “inter-medio” con dos mil millones de pantallas conectadas a ella. El conjunto de estas conexiones –que incluye libros, páginas, twetts, películas, juegos, posts, streams– es una especie de libro (o película) global y estamos recién empezando a aprender cómo leerlo. Saber que esta gran cosa esta ahí y que estoy en constante comunicación con ella, ha cambiado cómo pienso.&lt;br /&gt;Kevin Kelly (www.kk.org) es una de las figuras más destacadas de la cultura digital. Fundador de la revista Wired, es autor de Out of Control: The New Biology of Machines, Social Systems and the Economic World y del próximo What Technology Wants (2010).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Calorías vacías&lt;br /&gt;  Por Esther Dyson&lt;br /&gt;Amo a Internet. Es una herramienta que cualquiera puede usar para sus propios propósitos, malos o buenos, grandes o pequeños, triviales o importantes. Y tiene una característica increíble: la inmediatez. Podés encontrar respuestas instantáneamente. Si estás solo podés conectarte y encontrar a alguien con quien chatear. Pero a veces pienso que lo único que nos da son calorías vacías, azúcar: videos cortos, posteos en blogs, tweets, pop-ups. El azúcar es tan fácil de digerir pero nos termina dejando más hambrientos que antes. Peor que eso: después de un tiempo, muchos de nosotros estamos predestinados a perder nuestra capacidad para digerir azúcar si consumimos muchas cantidades. A largo plazo, nos enferma, nos provoca indigestiones. ¿Ocurre esto con el azúcar de la información? ¿Nos volveremos alérgicos a ella?&lt;br /&gt;Esther Dyson es autora de Release 2.1 y una reconocida pensadora del mundo digital.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Descartar es pensar&lt;br /&gt;  Por Howard Rheingold&lt;br /&gt;La atención se convirtió en una habilidad fundamental. Cada segundo que paso online tomo decisiones sobre dónde depositarla. La vida online requiere de este tipo de toma de decisiones, filtrar lo que permito que entre en mi cabeza y lo que no. La vida online no es solitaria; es social. Cuando taggeo y comento un sitio, un video o una imagen, hago visibles mis decisiones frente a otros. Estas acciones involucran una habilidad tan importante como la de detectar la información basura. Y si los chicos pudieran aprender una capacidad antes de conectarse por primera vez, creo que debería ser la habilidad de encontrar la respuesta a cualquier pregunta y la capacidad necesaria de determinar si tal respuesta es adecuada o no.&lt;br /&gt;El estadounidense Howard Rheingold (www.rheingold.com) es autor de Multitudes inteligentes y quien acuñó la expresión “comunidad virtual”. &lt;br /&gt;La memoria al alcance de la mano&lt;br /&gt;  Por Gerd Gigerenzer&lt;br /&gt;Internet altera nuestras funciones cognitivas: pasamos de buscar información dentro de nuestra mente a buscarla fuera de ella, potenciando exponencialmente lo que hizo la escritura y la imprenta. El hombre moderno tiene una memoria de largo plazo poco entrenada y nos cuesta recordar grandes cantidades de información. Internet amplificó esta tendencia pero nos enseñó nuevas estrategias para encontrar lo que uno quiere usando buscadores. Mentalidad y tecnología constituyen un mismo sistema extendido. Internet es nuestra gran memoria colectiva.&lt;br /&gt;Gerd Gigerenzer es psicólogo y autor de Gut Feelings: The Intelligence of the Unconscious.&lt;br /&gt;El que busca, encuentra&lt;br /&gt;  Por  Marissa Mayer&lt;br /&gt;No es lo que sabés sino lo que podés encontrar. Internet ha relegado la memorización de datos a la categoría de ejercicio mental o divertimento. Debido a la abundancia de información, la red crea una sensación de que todo es conocible o encontrable, siempre que se lo sepa buscar o llegar por medio de las personas indicadas. Internet potencia la toma de decisiones y el uso más eficiente del tiempo. Y simultáneamente alimenta una sensación de frustración cuando la información no está online.&lt;br /&gt;Marissa Mayer es vicepresidenta de Productos de búsqueda y experiencia de usuario en Google.&lt;br /&gt;La era de la liviandad&lt;br /&gt;  Por Lisa Randall&lt;br /&gt;Internet es genial para personas desorganizadas como yo que no queremos tirar algo por temor a que termine siendo importante. Me encanta saber que todo está online y que puedo acceder a ello. Odio cuando los diarios se apilan. Adoro no tener que estar en mi oficina para chequear libros. Puedo avanzar en mis investigaciones en mi casa, en el tren o en un aeropuerto. Claro que como física teórica todo eso lo podía hacer sin Internet, pero debía cargar mucho más peso.&lt;br /&gt;Lisa Randall es la Jodie Foster de la física teórica y autora de Warped Passages: Unraveling the Universe’s Hidden Dimensions.&lt;br /&gt;Igualar para arriba&lt;br /&gt;  Por Martin Rees&lt;br /&gt;Internet amplía la participación en la primera línea de la ciencia. Nivela el campo de juego entre los investigadores de los principales centros de investigación y aquellos condenados a la soledad o discapacitados por una ineficiente comunicación. La red transformó la manera en que las ciencias son divulgadas y las maneras de discusión.&lt;br /&gt;Pero fundamentalmente, cambió cómo se investiga, cómo hacemos nuestros descubrimientos y cómo aprenden los estudiantes. Los experimentos, eventos naturales como tormentas tropicales o el impacto de un cometa en Júpiter, por ejemplo, pueden ser seguidos en tiempo real por cualquiera que tenga la curiosidad.&lt;br /&gt;Martin Rees es astrofísico y autor del libro Nuestra hora final.&lt;br /&gt;¿Qué perdemos con lo que ganamos?&lt;br /&gt;  Por  Nicholas Carr&lt;br /&gt;El medio sí que importa. La experiencia de leer palabras en una computadora ya sea una PC, un iPhone o en el Kindle de Amazon es muy distinta de la de leer un libro. Como tecnología, los libros focalizan nuestra atención, nos aíslan de las distracciones que llenan nuestras vidas. Una computadora conectada hace precisamente lo contrario. Está diseñada para dispersar nuestra atención. No nos protege de distracciones ambientales. Las amplifica.&lt;br /&gt;El cerebro humano, dice la ciencia, se adapta rápidamente a su ambiente. Esta adaptación ocurre a nivel biológico en la manera en que nuestras neuronas se conectan entre sí. Las tecnologías con las que pensamos, que incluyen los medios que usamos para acaparar, acumular y compartir información, desempeñan un rol fundamental al moldear nuestras formas de pensar.&lt;br /&gt;Mis hábitos de lectura y de pensamiento han cambiado drásticamente desde que me conecté por primera vez hace unos 15 años. Si bien soy ahora bastante ágil al navegar por los rápidos de la red, he experimentado un retroceso en mi habilidad de mantener la atención. La red carcome mi capacidad de concentración y contemplación. Mi mente espera ahora tomar información de la manera en que la red la distribuye: en un dinámico chorro de partículas.&lt;br /&gt;Hay tantos cerebros como seres humanos. Unos encuentran en la interactividad de las pantallas conectadas el ambiente intelectual ideal para su ansiedad mental. Otros advertirán una catastrófica erosión de la habilidad humana de entablar modos de pensamiento más calmos y meditativos. Algunos nos situamos entre estos dos extremos, agradecidos por las riquezas de la red pero preocupados por los efectos a largo plazo en la cultura intelectual, colectiva e individual.&lt;br /&gt;Nicholas Carr es escritor especializado en temas tecnológicos. Es autor de Does It Matter?, The Big Switch y del artículo “Is Google Making Us Stupid?” que inspiró la pregunta de Edge de este año.&lt;br /&gt;Me googleo, luego existo &lt;br /&gt;  Por Sam Harris&lt;br /&gt;Cada vez con más frecuencia dependo de Google para recordar mis propios pensamientos. Al ser algo perezoso, termino canibalizando mi trabajo: algo que digo en una conferencia lo termino incluyendo en una editorial; lo que escribo en un artículo luego es absorbido en un libro y fragmentos de ese libro terminan después en una charla. Esta migración a Internet ahora incluye mi vida emocional. Cada vez entablo más relaciones con otros científicos y escritores enteramente online.&lt;br /&gt;Y eso que no estoy obsesionado con las computadoras. No pertenezco a ninguna red social. No tweeteo (aún). Y no posteo imágenes en Flickr. Pero aun en mi caso, una respuesta honesta a la advertencia del oráculo de Delfos, “conócete a ti mismo”, requiere una búsqueda en Internet.&lt;br /&gt;Sam Harris es neurocientífico y carga constantemente contra la religión. Sus libros son The End of Faith y Letter to a Christian Nation.&lt;br /&gt;La vida es un toma y daca&lt;br /&gt;  Por Tor Nyrrentranders&lt;br /&gt;Cuanto más das, más recibís. Cuanto más compartís, más les importás. Internet se convirtió en un motor de la cooperación. La vida es compartir con otros lo que tenés. Usalo, compartilo, tomalo cuando lo necesites. Hay mucho allá afuera. En ecología, los desechos de un organismo son la comida de otro. Las plantas producen oxígeno como “basura” y los animales lo usamos para vivir. Nosotros producimos dióxido de carbono como desecho que luego es disfrutado por las plantas. Vivir es poder compartir tu basura.&lt;br /&gt;Recién ahora la civilización humana comenzó a aprender que todo depende del ida y vuelta. Materia, energía, información, lazos sociales. Todos van y vienen. El problema del clima nos enseñó que lo que uno hace luego vuelve. Internet nos ayuda a pensar de la manera correcta: pasalo, dejalo ir, dejalo fluir. El pensamiento se renueva. Ahora sólo debemos cambiar nuestra forma de actuar.&lt;br /&gt;Tor Nyrrentranders es un conocido escritor danés de libros de ciencias como The Generous Man.&lt;br /&gt;Yo soy eso&lt;br /&gt;  Por Geoffrey Miller&lt;br /&gt;Internet cambia cada aspecto del pensamiento del humano online: percepción, categorización, atención, memoria, navegación espacial, lenguaje, imaginación, creatividad, resolución de problemas, juicio, toma de decisiones. Los sitios de la BBC News y The Economist extienden mi percepción convirtiéndose en mi sexto sentido de los eventos mundiales. Gmail estructura mi atención: ¿borro, respondo o le pongo al mail una estrellita para contestar luego? Wikipedia es mi memoria extendida. Google Maps cambia cómo me muevo a través de mi ciudad y el mundo. Y Facebook expande mi entendimiento de las creencias y deseos de los demás.&lt;br /&gt;Geoffrey Miller es psicólogo evolucionista.&lt;br /&gt;La reproducción permanente &lt;br /&gt;  Por Matt Ridley&lt;br /&gt;Internet es la tierra suprema de reproducción de las ideas. La evolución cultural e intelectual dependen del sexo tanto como la evolución biológica. El sexo permite que las criaturas aprovechen cualquier mutación que surja en su especie. Internet permite que las personas aprovechen cualquier idea que surja en la cabeza de alguien en el mundo. Esto cambió mi manera de pensar sobre la inteligencia humana. Internet es la más reciente y la mejor expresión de la naturaleza colectiva de la inteligencia humana.&lt;br /&gt;Matt Ridley es zoólogo y autor de libros de divulgación como Genome: The Autobiography of a Species in 23 Chapters y What Makes Us Human.&lt;br /&gt;Un milagro y una maldición&lt;br /&gt;  Por Ed Regis&lt;br /&gt;Internet es, simultáneamente, el mayor ahorrador y despilfarrador del tiempo: la web aglutina prácticamente todo el conocimiento humano, accesible a un click de distancia. Una búsqueda de un dato nos hubiera llevado en otra época semanas, meses. El reverso, sin embargo, es que Internet es también una gran distracción. Leo con frecuencia la versión online de The New York Times, Google News y mi diario local. Chequeo mis acciones, el tiempo, blogs, mi mail. Por supuesto, no estoy obligado a hacerlo. Nadie me fuerza. Sólo me puedo culpar a mí mismo. Y así y todo, Internet es tan seductora considerando que es una cosa tan pasiva. No hace nada. No curó el cáncer, el resfrío, ni siquiera el hipo. Internet es un milagro y una maldición. Pero más un milagro.&lt;br /&gt;Ed Regis es escritor y autor de What Is Life?&lt;br /&gt;Los de fuego&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Por Chris Anderson&lt;br /&gt;Antes de Gutenberg, teníamos una tecnología distinta para comunicar ideas e información. Se llamaba “charlar”. La conversación entre humanos es poderosa. Evolucionó durante millones de años y consiste en mucho más que transmitir palabras de cerebro a cerebro. Hay modulación, énfasis, pasión. El espectador no sólo escucha sino que observa el movimiento de los ojos y manos del que habla, el arqueo del cuerpo, la respuesta de la audiencia. Todo esto es importante en la manera en que el cerebro categoriza y prioriza la información entrante. Leer un discurso de Martin Luther King no se compara con ver y escuchar uno de sus videos. Es una experiencia completamente diferente. Uno puede sentir la fuerza de las palabras. Uno termina motivado, inspirado.&lt;br /&gt;Nuestros ancestros lo sabían bien. La gente se juntaba alrededor del fuego, de los tambores. Un respetable anciano hipnotizaba a su público al comenzar a contar su historia. Esto se ha repetido incontables veces en nuestra historia evolutiva. No es descabellado pensar que nuestros cerebros están diseñados para responder al poder evocativo y teatral del discurso.&lt;br /&gt;Y ahora, como se ve en la explosión online de todo tipo de charlas, la web hace posible que esos ancianos –ahora conferencistas– consigan lo que los escritores hacen desde hace siglos: llegar a una audiencia masiva. La web nos permitió redescubrir el fuego.&lt;br /&gt;Chris Anderson es uno de los curadores de las charlas TED.&lt;br /&gt;No confundir con otro Chris Anderson, el editor de la revista Wired.&lt;br /&gt;Los tres grandes cambios&lt;br /&gt;  Por Haim Harari&lt;br /&gt;Hay tres cambios que son palpables. El primero es la creciente brevedad de los mensajes. Twitter, el chat, los emails abreviados a través de las Blackberrys: cada vez estamos más expuestos a más mensajes que nunca, lo que significa que la dosis de atención que le otorgamos a cada uno es mínima. El resultado es la multiplicación de miradas extremas y telegráficas sobre cualquier tema: es fácil afirmar en una oración sinsentidos como “la teoría de la evolución está mal”, “el calentamiento global es una leyenda”, “las vacunas causan autismo” o “Dios tiene todas las respuestas”. El segundo cambio tiene que ver con la disminución del rol del conocimiento práctico. Internet nos permite conocer pocos hechos, sabiendo que estarán ahí, al alcance de la mano. Pero no debemos olvidar que en el proceso del descubrimiento científico el gran desafío es hacer la pregunta correcta en lugar de encontrar la respuesta indicada. Y el tercer cambio es la enseñanza. Me sorprende cuán poco ha cambiado el mundo de la educación pero nos guste o no el cambio debe ocurrir y va a ocurrir. Y nunca va a ser igual. Las mentes y los cerebros de los chicos que están creciendo en un sistema educativo inspirado en Internet serán cableados de manera diferente a los de las generaciones anteriores.&lt;br /&gt;Haim Harari es físico de la Universidad Hebrea de Jerusalén.&lt;br /&gt;De la agricultura a la caza del pensamiento&lt;br /&gt;  Por Lee Smolin&lt;br /&gt;Internet alteró radicalmente los contextos en los que pensamos y trabajamos al requerir una disposición muy activa: uno no mira Internet, más bien busca y linkea. Con respecto al pensamiento, lo que importa en Internet no es el contenido sino la nueva actividad de ser un buscador en la tienda más grande de conocimiento e imágenes al alcance de la mano. Antes solíamos cultivar el pensamiento, ahora nos hemos convertido en cazadores-recolectores de imágenes e información. Internet hace que cada una de nuestras mentes sea un nodo en una red de otras mentes en constante evolución.&lt;br /&gt;El físico Lee Smolin es uno de los enemigos declarados de la teoría de cuerdas. Es autor del libro The Trouble with Physics (www.thetroublewithphysics.com).&lt;br /&gt;El paleolítico digital&lt;br /&gt;  Por Howard Gardner&lt;br /&gt;Las vidas de la gente joven está mucho más fragmentada que en épocas anteriores. La multiplicidad de conexiones, redes, avatares, mensajes, quizá no les moleste pero seguramente moldea sus identidades, más fluidas y menos estables. El tiempo para la reflexión, introspección, soledad escasean. Los conceptos de privacidad y propiedad y autoría se modifican. Pero lo que más cambia es lo que por milenios significó pertenecer a una comunidad: la capacidad de contactarse con cualquier otro las 24 horas del día afectan a la idea de intimidad, la imaginación, la democracia, la acción social y ciudadana.&lt;br /&gt;Para los ancianos, el mundo digital es un misterio. Para los de mediana edad, continuamos viviendo en dos mundos –el predigital y el digital– y aun podemos sentir nostalgia por épocas sin Blackberrys. Pero todas las personas que quieran entender a sus hijos o nietos deben hacer el esfuerzo de “volverse nativos” y al hacerlos, nosotros, los inmigrantes o paleolíticos digitales, tal vez podamos sentirnos tan fragmentados, inciertos sobre nuestra privacidad, tan tironeados por toda clase de comunidades, como cualquier quinceañero.&lt;br /&gt;Howard Gardner es psicólogo y autor de la teoría de inteligencias múltiples.&lt;br /&gt;Nuestras flechas y huesos&lt;br /&gt;  Por Juan EnrIquez&lt;br /&gt;El impacto más fuerte en mi vida y en la tuya es que Internet nos garantiza inmortalidad. Pensá en la cantidad de puntas de flecha, huesos y tejidos descubiertos, desenterrados, estudiados. Si bien esos fragmentos nos han permitido saber mucho sobre nuestra historia dejan a la vez abiertas grandes lagunas llenas de conjeturas, teorías, especulaciones. Debido a que nuestro conocimiento del pasado depende de muy poco sobre unos pocos, la historia que sobrevive es la de un puñado de personas. Pero mientras mejoramos en la forma de transmitir y preservar información, de a poco sabemos un poco más de muchos más.&lt;br /&gt;Cualquier arqueólogo, sociólogo o historiador electrónico que examine nuestras vidas digitales será capaz de comprender, mapear, contrastar, juzgar nuestras vidas de una manera distinta, mucho más detallada que las generaciones anteriores. Los sociólogos o arqueólogos del futuro tendrán un detallado acceso a todo lo que hayamos leído, ignorado, borrado, forwardeado. A lo que se suma la información en Facebook, Twitter, Google, blogs, diarios, perfiles de Flickr que visitamos. Tendrán una imagen más completa y extraordinaria de nosotros. Es virtualmente imposible editar o eliminar en la actualidad los rastros de nuestras vidas online. Para bien o para mal, hemos conseguido lo que los egipcios y griegos más anhelaron: inmortalidad.&lt;br /&gt;Juan Enríquez es el fundador del Life Sciences Project de la Harvard Business School.&lt;br /&gt;Si todos los chinos piensan al mismo tiempo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Por Jamshed Bharucha&lt;br /&gt;La sincronización de los pensamientos y el comportamiento promueve la cohesión grupal, para mejor o para peor. La gente adora compartir experiencias y emociones. Nos alimentamos unos a otros. La sincronización crea una sensación de actuar colectivo. Nunca antes en la historia los seres humanos han sido capaces de vincularse como lo hacemos ahora a esta escala. Somos seres sociales e Internet es la herramienta social más poderosa con la que los cerebros humanos han trabajado.&lt;br /&gt;La gente quiere sentirse parte de un grupo o de muchos. La identidad grupal es el pegamento que nos mantiene unidos. La afiliación a un grupo nos afirma, nos motiva.&lt;br /&gt;A través de la red, personas con los mismos intereses y problemas pueden encontrarse, creando nuevos grupos con nuevas identidades. Pero como ocurre con cualquier tecnología, Internet puede usarse constructiva o destructivamente. De cualquier manera la fuerza aglutinadora de Internet no sólo ha cambiado la manera en que pensamos sobre nosotros mismos y sobre el mundo; ha permitido posiblemente el surgimiento de una forma inesperada de cognición: una que ocurre cuando las mentes individuales se sincronizan.&lt;br /&gt;Jamshed Bharucha es psicólogo cognitivo.&lt;br /&gt;Uno y sus circunstancias&lt;br /&gt;  Por Dave Morin&lt;br /&gt;Mi generación es la primera que ha vivido toda su vida con Internet. Internet es cómo pensamos. Hemos desarrollado un modo de pensar que depende de estar conectado a un gráfico siempre cambiante de todas las personas e ideas del mundo. Internet ayuda a definirnos, evolucionar y crecer. Internet es social. Internet es un modo de vida. Internet proporciona contexto.&lt;br /&gt;Dave Morin (davemorin.com) es empresario y empleado de Facebook.&lt;br /&gt;¿Y usted qué piensa, Internet?&lt;br /&gt;  Por Daniel Hillis&lt;br /&gt;El impacto real de Internet es que cambió nuestra manera de tomar decisiones. Cada vez más, no son los individuos humanos los que deciden sino una red adaptativa e intrincada de humanos y máquinas. Esa red fue creada, pero no totalmente diseñada, por nosotros. Ella evolucionó. Nuestra relación con ella es semejante a nuestra relación con nuestro ecosistema biológico. Somos codependientes y no la controlamos completamente.&lt;br /&gt;Daniel Hillis es físico y autor de The Pattern on the Ston&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6739054310312818189-719822220972228104?l=sociologiaucse.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sociologiaucse.blogspot.com/feeds/719822220972228104/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://sociologiaucse.blogspot.com/2011/04/la-red-en-la-cabeza-suplemento-radar.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6739054310312818189/posts/default/719822220972228104'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6739054310312818189/posts/default/719822220972228104'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sociologiaucse.blogspot.com/2011/04/la-red-en-la-cabeza-suplemento-radar.html' title='Suplemento Radar, Página 12'/><author><name>Sociología</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00225090272172561897</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/_ZQ8l4wAZPYc/SqESpv2P2EI/AAAAAAAAAAM/smF_2BjspuE/S220/100_3725.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6739054310312818189.post-2138843712804527120</id><published>2010-04-06T11:16:00.004-03:00</published><updated>2011-04-01T14:13:16.603-03:00</updated><title type='text'>PLAN DE CÁTEDRA</title><content type='html'>UNIVERSIDAD CATÓLICA DE SANTIAGO DEL ESTERO  &lt;br /&gt;DEPARTAMENTO ACADÉMICO RAFAELA &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CÁTEDRA: SOCIOLOGÍA &lt;br /&gt;AÑO ACADÉMICO: 2011&lt;br /&gt;DOCENTES: Silvia Dejón – Ma. Julia Davicino &lt;br /&gt;MAIL DE LA CÁTEDRA: sociología_ucse@hotmail.com&lt;br /&gt;BLOG DE LA CÁTEDRA: http://www.sociologiaucse.blogspot.com/&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Contenidos: Presentación por Unidades, Ejes Temáticos, Incluyendo propuestas de trabajos prácticos por Unidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;. Unidad I Pensar Sociológicamente:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La especificidad del pensamiento sociológico. Distinción entre sentido común espontáneo e indagación sociológica. La sociología y la desnaturalización de lo social. Los espacios donde sitúa su foco la sociología. Los grandes temas y conceptos de la sociología. El resultado de conjunto de las transformaciones del paso del antiguo Régimen a la “nueva sociedad” y el surgimiento de la sociología como ciencia autónoma. La opacidad de los entramados sociales”, la sociología y los ideales sociales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bibliografía obligatoria: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-GIDDENS, A. Sociología. Tercera edición revisada. Versión de Teresa Albero, Jesús Alborés, Ana Balbás, José Antonio Olmeda, José Antonio Pérez Alvajar y Miguel Requena. Revisión técnica de Jesús Cuellar Menezo, Alianza Editorial, capítulo I.&lt;br /&gt;- HESS, B.; MARKSON, E. STEIN, P. 1988, “La perspectiva sociológica”, Sociology, New Cork, Mac Millan Company.&lt;br /&gt;- BAUMAN, Z. 1994, “¿Sociología para qué?”, Pensando sociológicamente, Buenos Aires, Nueva Visión, pp. 7 – 24. &lt;br /&gt;- AAVV, 1er Repertorio de citas sobre Revolución Industrial y Revolución Francesa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bibliografía Ampliatoria: &lt;br /&gt;- MILLS, W. “La promesa”, La imaginación sociológica, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, pp. 23 – 43. &lt;br /&gt; -  BOURDIEU, P. 1991, “La sociología espontánea y los poderes del lenguaje”, El oficio del sociólogo, México, Siglo XXI, pp.37 – 44. &lt;br /&gt;-  ELÍAS, N. 1999. “La sociología como cazadora de mitos”, Sociología fundamental, Barcelona, Gedisa.&lt;br /&gt; -  HOBSBAWM, Eric – La era de la revolución, 1789-1848, Ed. Crítica, Barcelona, varias ediciones; Capítulo 2 “La Revolución industrial” y Capítulo 3 “La Revolución francesa”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;. Unidad II Sociología de las sociedades contemporáneas&lt;br /&gt;Declinación de la idea clásica de sociedad. Hacia una conceptualización sociológica de las sociedades contemporáneas: el concepto de sociedad – red; el concepto sociológico de globalización. Distinción entre globalismo y globalización. La globalización como proceso multidimensional. Globalización, cultura, construcción social de identidades y movimientos sociales. Globalización y nuevas desigualdades. Globalización y Estados nacionales: el caso argentino. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bibliografía obligatoria: &lt;br /&gt;– DUBET, F. y MARTUCELLI, D., 2000, “La declinación de la idea de sociedad”, ¿En qué sociedad vivimos?, Losada, Buenos Aires, pp. 25 – 40.&lt;br /&gt;- CASTELLS, M. 1999, “La sociedad red”, La era de la información, Vol. I, México, Siglo XXI. &lt;br /&gt;– BAUMAN, S. 1999, La globalización, consecuencias humanas, Sao Paulo, Fondo de Cultura Económica, pp. 7 – 10; 28 – 29.&lt;br /&gt;– SIDICARO, R. 2003, “Consideraciones sociológicas sobre la Argentina en la segunda modernidad”, Estudios Sociales, Año XII, N 24, pp. 127 – 152. &lt;br /&gt;- KLEIN, Naomi, 2001, No logo, el poder de las marcas, Introducción Cap. 1 y 2, Madrid, Paidós, 2001.&lt;br /&gt;-  ALONSO, Luciano, “¿Existe una sociedad mundial?”, reproducción parcial de desarrollos del Módulo de educación a distancia de la asignatura Historia Social, Centro Multimedial de Educación a Distancia, UNL, Santa Fe, 2003-2004. Segunda edición corregida, 2005. ISBN 987-508-381-X.&lt;br /&gt;-SVAMPA, Maristella, 2002, "Las nuevas urbanizaciones privadas. Sociabilidad y socialización: la integración social "hacia arriba". (pag. 55-90), en Sociedad y sociabilidad en la argentina de los 90, Luis Beccaría y otros, Ed. Biblios-UNGS.&lt;br /&gt;- CASTEL, Robert, 2001, La metamorfosis de la cuestión social. Una crónica del salariado, Ed. Paidós, Argentina, Págs. 15 – 24, 269 -284 y 465 – 478.&lt;br /&gt;-“La red en la cabeza”, suplemento Radar Página 12, 17/01/10. http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/index-2010-01-17.html&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Bibliografía Ampliatoria:&lt;br /&gt;– GIDDENS, A. 1998, “Dimensiones institucionales de la modernidad”, Consecuencias de la modernidad, Barcelona, Alianza, pp. 60 – 79.&lt;br /&gt;– ORTIZ, R. 2002, “Introducción”, Otro territorio, ensayos sobre el mundo contemporáneo, Buenos Aires, Universidad Nacional de Quilmes, pp. 15 – 25.&lt;br /&gt;– LASH, S. y URRY, J. 1998, “Globalización y modernidad”, Economías de signos y espacios. Sobre el capitalismo de la postorganización, Buenos Aires, Amorrortu, pp. 372 – 375.&lt;br /&gt;-   TOURAINE, A., 1997, “Los movimientos sociales”, ¿Podremos vivir juntos?, Fondo de Cultura Económica, México.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;. Unidad III La Sociología Clásica&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La sociología como disciplina constitutivamente plural. La sociología antes de la primera guerra mundial. La construcción de una matriz disciplinar. Introducción a la sociología de los autores clásicos: K. Marx, E. Durkheim y Max Weber. Los clásicos como “puntos de referencia” de la sociología contemporánea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Bibliografía obligatoria: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- AAVV, 2do Repertorio de citas sobre órdenes, estamentos, clases e identidades sociales. &lt;br /&gt;- MARX, K. y ENGELS, F. 1938, La ideología alemana, México, Vita Nuova, pp. 11-49; 126 – 139.&lt;br /&gt; MARX, K. y ENGELS, F., 1957, “Prólogo de la contribución a la crítica de la economía política”, Obras escogidas, Buenos Aires, Cartago, pp. 340 – 343.- &lt;br /&gt;- MARX, K. y ENGELS, F. 1998, Manifiesto Comunista, Madrid, ALBA.  &lt;br /&gt;- MARX, K., El Capital. Crítica de la Economía Política. Siglo XXI Editores, Cap. XXIV La llamada acumulación originaria. &lt;br /&gt;-MARX. Apéndice I. Manuscritos Económicos-Filosóficos de Kart Marx, pág. 99 a 197.&lt;br /&gt;-GRUNDISSE. Sección sobre el método Marx y Engels. “El método en la economía política”, pág. 339 a 349.&lt;br /&gt;-PORTANTIERO, C. La sociología clásica: Durkheim y Weber. Editores de América Latina. 2004. Introducción, pág. 7 a 36.&lt;br /&gt; - DURKHEIM, E. 1998, El suicidio, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina (Selección). &lt;br /&gt; - DURKHEIM, E. 1982, Las reglas del método sociológico, Madrid, Hyspamérica (Prólogo de la segunda edición pp. 17 – 29; Cap. I ¿Qué es una hecho social?; Cap. II Reglas relativas a la observación de los hechos sociales, pp. 49 – 74.&lt;br /&gt;-DURKHEIM, E. 1973, De la división del trabajo social, Schapire, Buenos Aires.&lt;br /&gt;– WEBER, Max. “La ética protestante y el espíritu del capitalismo”, México, Fondo de Cultura Económica, pp. 53 – 70; 91 – 128; 242 - 289. &lt;br /&gt;-PORTANTIERO, C. La sociología clásica: Durkheim y Weber. Editores de América Latina. 2004. Max Weber, pág. 119 a 156.&lt;br /&gt;- BOURDIEU, Pierre, 1993,  “Entrevista a Pierre Bourdieu. La lógica de los campos”, zona Erógena, Nº16, Disponible en internet en: http://www.bdp.org.ar/facultad/catedras/cp/tecadm/La%20l%F3gica%20de%20los%20campos%20%20Entrevista%20a%20Bourdieu.pdf [Fecha de consulta 22/10/2009].&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bibliografía Ampliatoria:&lt;br /&gt;- MARX, K., 1981, Miseria de la Filosofía, Moscú, PROGRESO. Apéndice: “MARX a P. V. Annenkov.”, pp. 147 – 159.  &lt;br /&gt;– ALEXANDER, J., 1991, “La centralidad de los clásicos”, en: Giddens, A. y Turner, J., La teoría social hoy, México, Alianza (Fragmento). &lt;br /&gt;– WEBER, Max, 1992, “Sociología de la dominación”, Economía y Sociedad, México, Fondo de Cultura Económica, pp. 695 – 700; 707 – 709.&lt;br /&gt;- BOURDIEU, P., 1993,  “Puntos de referencia”, Cosas Dichas, Barcelona, Gedisa.&lt;br /&gt;- BERTHELOT, J., 2003, “Fundamentos”, La construcción de la sociología, Buenos Aires, Nueva Visión, pp. 29 – 49.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;. Unidad IV La Investigación en Sociología&lt;br /&gt;La formulación de interrogantes sociológicos. La delimitación y construcción de los problemas a investigar. Las fases del proceso de investigación. La posibilidad de una pluralidad de métodos: trabajo de campo, encuestas, observación, muestreo, análisis histórico, investigación documental, etc. el carácter reflexivo de la investigación sociológica. Reflexión sobre los métodos a través de una investigación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bibliografía obligatoria: &lt;br /&gt;– GIDDENS, A. 2000, “Métodos de investigación sociológica”, Sociología, Madrid, Alianza.&lt;br /&gt;– COMBESSIE, Jean-Claude, “La observación”, El método en sociología, Ferreira Editor, Córdoba, 2005.&lt;br /&gt;– WACQUANT, L. 2000, “Un arma sagrada. Los boxeadores profesionales: capital corporal y trabajo corporal”, en: AUYERO, J. (Comp.) Caja de herramientas, Buenos Aires, Universidad Nacional de Quilmes.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bibliografía Ampliatoria:&lt;br /&gt;. WALLERSTEIN, Immanuel, 1999, “Abrir las Ciencias Sociales”, México, Ed. Siglo XXI.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Exigencias para obtener la Regularidad: &lt;br /&gt;* Alumnos regulares: 75% de trabajos prácticos aprobados. 100% de Parciales aprobados  &lt;br /&gt;   Modalidad de Examen final: Exposición oral de un tema y aspectos sobre el contenido de todas las Unidades.&lt;br /&gt;* Alumnos libres: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Examen final oral sobre la totalidad de los contenidos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6739054310312818189-2138843712804527120?l=sociologiaucse.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sociologiaucse.blogspot.com/feeds/2138843712804527120/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://sociologiaucse.blogspot.com/2010/04/plan-de-catedra.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6739054310312818189/posts/default/2138843712804527120'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6739054310312818189/posts/default/2138843712804527120'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sociologiaucse.blogspot.com/2010/04/plan-de-catedra.html' title='PLAN DE CÁTEDRA'/><author><name>Sociología</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00225090272172561897</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/_ZQ8l4wAZPYc/SqESpv2P2EI/AAAAAAAAAAM/smF_2BjspuE/S220/100_3725.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6739054310312818189.post-4722977753784381410</id><published>2009-11-10T12:25:00.003-03:00</published><updated>2009-11-10T12:28:59.622-03:00</updated><title type='text'>Cómo nos relacionamos con aquello que estudiamos</title><content type='html'>&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/G4JPD3lsVxM&amp;hl=es&amp;fs=1&amp;"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/G4JPD3lsVxM&amp;hl=es&amp;fs=1&amp;" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6739054310312818189-4722977753784381410?l=sociologiaucse.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sociologiaucse.blogspot.com/feeds/4722977753784381410/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://sociologiaucse.blogspot.com/2009/11/como-nos-relacionamos-con-aquello-que.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6739054310312818189/posts/default/4722977753784381410'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6739054310312818189/posts/default/4722977753784381410'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sociologiaucse.blogspot.com/2009/11/como-nos-relacionamos-con-aquello-que.html' title='Cómo nos relacionamos con aquello que estudiamos'/><author><name>Sociología</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00225090272172561897</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/_ZQ8l4wAZPYc/SqESpv2P2EI/AAAAAAAAAAM/smF_2BjspuE/S220/100_3725.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6739054310312818189.post-5029184575017964474</id><published>2009-11-05T14:30:00.005-03:00</published><updated>2009-11-07T10:56:58.189-03:00</updated><title type='text'>Más de Loic  Wacquant: La gestión policial de la miseria</title><content type='html'>&lt;?xml:namespace prefix = o /&gt;&lt;o:smarttagtype name="PersonName" namespaceuri="urn:schemas-microsoft-com:office:smarttags"&gt;&lt;/o:smarttagtype&gt;&lt;object id="ieooui" classid="clsid:38481807-CA0E-42D2-BF39-B33AF135CC4D"&gt;&lt;/object&gt;&lt;style&gt; 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PADDING-LEFT: 0cm; PADDING-BOTTOM: 0cm; BORDER-LEFT: medium none; PADDING-TOP: 0cm; BORDER-BOTTOM: medium none"&gt;&lt;span style="LETTER-SPACING: 1pt;font-family:'Times New Roman';font-size:12;color:black;"   &gt;Autor: Loic Wacquant&lt;span style="font-size:0;"&gt; &lt;/span&gt;- Dossier: La gestión policial de la miseria&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/h5&gt;&lt;h5 style="BORDER-RIGHT: medium none; PADDING-RIGHT: 0cm; BORDER-TOP: medium none; PADDING-LEFT: 0cm; PADDING-BOTTOM: 0cm; BORDER-LEFT: medium none; PADDING-TOP: 0cm; BORDER-BOTTOM: medium none"&gt;&lt;span style="LETTER-SPACING: 1pt;font-family:'Times New Roman';font-size:12;color:black;"   &gt;Fuente: Le Monde Diplomatique Edición Cono Sur Nº 1 - 1999&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/h5&gt;&lt;/div&gt;&lt;h5&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="FONT-WEIGHT: normal;font-size:12;color:black;"  &gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/h5&gt;&lt;h5&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="LETTER-SPACING: 1pt;font-family:'Times New Roman';font-size:12;color:black;"   &gt;La ideología de la inseguridad&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="LETTER-SPACING: 1pt;font-family:'Times New Roman';font-size:12;color:black;"   &gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/h5&gt;&lt;h1 style="MARGIN-RIGHT: 24pt"&gt;&lt;span style="FONT-WEIGHT: normal;font-size:12;color:black;"  &gt;Ese viento punitivo que sopla desde Estados Unidos&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/h1&gt;&lt;h3 style="LINE-HEIGHT: 18pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="FONT-WEIGHT: normal;font-family:Verdana;font-size:11;color:black;"   &gt;Las doctrinas neoconservadoras que desde los años 80 erosionan las poderosas estructuras de bienestar social de países desarrollados como Estados Unidos, Gran Bretaña y otros Estados europeos, alimentan también la tendencia a proponer la "tolerancia cero" , los toques de queda, el tratamiento de los menores de edad como adultos en su relación con la justicia y hasta la pena de muerte como solución a los problemas de inseguridad urbana y rural. Mientras continúan los enormes reagrupamientos industriales y bancarios, la globalización de la riqueza y la miseria extremas, los responsables políticos de casi todos los países rivalizan por ser los más duros en materia de lucha contra la delincuencia. Los medios de comunicación, por su parte, contribuyen a esta manera sesgada de definir las amenazas que pesan sobre la sociedad. Las soluciones propuestas se inspiran en el ejemplo estadounidense, que generaliza el control social y aumenta la tasa de encarcelamientos. En Argentina, una virulenta campaña mediática insiste en el alto nivel de inseguridad reinante, en especial en áreas como Gran Buenos Aires y Capital Federal. La visión predominante es puramente represiva y no tiene en cuenta que la inseguridad crece junto con la desprotección social y que los cuerpos seguridad están seriamente cuestionados por sus vinculaciones con el delito. En Brasil, la "guerra" contra la delincuencia -en realidad contra los pobres- es literalmente a muerte desde hace años. Por todas partes la campaña se presenta como lucha contra el delito, pero en la cacería los principales sospechosos resultan los adolescentes y los habitantes de asentamientos y villas miserias.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/h3&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;font-size:11;color:black;"&gt;&lt;v:rect id="_x0000_i1027" stroked="f" fillcolor="#c03"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/v:rect&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-size:11;"&gt;Desde hace unos años se expande por Europa uno de esos pánicos morales capaces de influir en las políticas estatales y de rediseñar la fisonomía de las sociedades a las que afecta. Su objeto aparente es la delincuencia de los "jóvenes" , la "violencia urbana" , los "desórdenes" , cuyo crisol serían los "barrios sensibles" y sus habitantes, culpables de "atropellos a la civilización" . La significación de estos términos es tan difusa como los fenómenos que supuestamente designan, ya que nada prueba que sean propios de "jóvenes" , de ciertos "barrios" y todavía menos "urbanos".&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-size:11;"&gt;Se trata de una constelación de términos y tesis procedentes de Estados Unidos sobre el crimen, la violencia, la justicia, la desigualdad y la responsabilidad que penetraron el debate europeo y que deben lo esencial de su poder de convicción a su omnipresencia y al renovado prestigio de sus propagandistas &lt;cite&gt;&lt;span style="font-size:0;"&gt;&lt;a href="file:///d:Eldiplo%2522%2520l%2520"&gt;&lt;span class="Hipervnculo1"&gt;&lt;span style="LETTER-SPACING: 0pt"&gt;1&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/cite&gt;. La banalidad de estos análisis disimula un envite que tiene poco que ver con los problemas a los que ostensiblemente se refiere: la redefinición de las misiones del Estado, que debería retirarse de la arena económica, reducir su rol social y ensanchar y endurecer su intervención penal. Este proceso está en vías de ejecución en casi todo el mundo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-size:11;"&gt;El Estado-providencia europeo debiera reducirse y ser más riguroso con su distraída grey aumentando la "seguridad" , definida en términos físicos y no de riesgo de vida (salarial, social, médica, educativa) y elevada al rango de prioridad en la acción pública. Desaparición del Estado económico, reducción del Estado social, fortalecimiento y glorificación del Estado penal: el "coraje" cívico, la "modernidad" política y hasta el "progresismo" aconsejarían la adopción de tópicos y dispositivos de seguridad trasnochados &lt;cite&gt;&lt;span style="font-size:0;"&gt;&lt;a href="file:///d:Eldiplo%2522%2520l%2520"&gt;&lt;span class="Hipervnculo1"&gt;&lt;span style="LETTER-SPACING: 0pt"&gt;2&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/cite&gt;.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-size:11;"&gt;Habría que reconstruir eslabón a eslabón la larga cadena de instituciones, agentes y soportes discursivos (notas de asesores, informes de comisión, misiones de funcionarios, intercambios parlamentarios, coloquios de expertos, libros, conferencias de prensa, artículos periodísticos y reportajes de tv, etc.) a través de la cual el nuevo sentido común penal incubado en Estados Unidos se internacionaliza. Se trata de una noción que apunta a criminalizar la miseria -y por esa vía a normalizar la precariedad de los asalariados- a semejanza de la ideología económica y social fundada en el individualismo y la mercantilizacion, de la que es traducción y complemento en materia de "justicia".&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-size:11;"&gt;El origen de esta red de difusión ideológica es el complejo formado por los órganos del Estado estadounidense oficialmente encargados de poner en práctica y en vitrina el "rigor penal" , en particular el Departamento de Estado (que a través de sus embajadas milita a favor de políticas penales ultrarrepresivas, especialmente en materia de estupefacientes), los organismos parapúblicos y profesionales vinculados con la administración policial y penitenciaria, así como las empresas privadas que participan de la economía de la cárcel: de salud penitenciaria, de construcción, de tecnologías de identificación y vigilancia, etc. &lt;cite&gt;&lt;span style="font-size:0;"&gt;&lt;a href="file:///d:Eldiplo%2522%2520l%2520"&gt;&lt;span class="Hipervnculo1"&gt;&lt;span style="LETTER-SPACING: 0pt"&gt;3&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/cite&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;h2 style="LINE-HEIGHT: 18pt"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;font-size:11;color:black;"&gt;Tolerancia cero&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/h2&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;font-size:11;color:black;"&gt;&lt;hr style="WIDTH: 120pt" align="left" width="160" color="black" size="1"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-size:11;"&gt;En este terreno, como en tantos otros, el sector privado aporta una contribución decisiva a la concepción y realización de la "política pública" . El rol eminente que incumbe a los centros de reflexión (&lt;i&gt;think tanks&lt;/i&gt;) neoconservadores en la constitución e internacionalización de la nueva doxa punitiva pone en evidencia los vínculos orgánicos -tanto ideológicos como prácticos- entre el debilitamiento del sector social del Estado y el despliegue de su brazo penal. El Manhattan Institute, organismo fundado por Anthony Fischer (mentor de Margareth Thatcher) y William Casey, director de &lt;?xml:namespace prefix = st1 /&gt;&lt;st1:personname st="on" productid="la CIA"&gt;la CIA&lt;/st1:personname&gt; durante la presidencia de Ronald Reagan, se encargó de difundir Losing Ground, de Charles Murray, biblia de la cruzada reaganista contra el estado social, donde se sostiene que las políticas de ayuda a los sectores de menores recursos son los responsables del ascenso de la pobreza en EE.UU.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-size:11;"&gt;A principios de los ´90 el mismo instituto lanzó desde un número especial de su revista City su campaña acerca de la "inviolabilidad de los espacios públicos" y la teoría según la cual al luchar contra los pequeños desórdenes cotidianos (propios de las clases pobres) se obliga a retroceder a las grandes patologías criminales. El actual alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, hizo de la ciudad el escaparate mundial de la teoría de la "tolerancia cero" . Nunca probado empíricamente, este postulado funcionó como coartada para la reorganizacion policial impulsada por William Bratton, promovido a jefe de policía municipal de Nueva York. El objetivo es aplacar el miedo de las clases medias y altas, que son las que votan, mediante el permanente hostigamiento de los pobres en los espacios públicos, haciendo intervenir a las fuerzas del orden en problemas menores como la ebriedad, el ruido, la mendicidad, atentados a las costumbres "y otros comportamientos antisociales vinculados con los sin techo" . A esta política se atribuye la disminución de la criminalidad en Nueva York en los últimos años, disimulando que el retroceso en la criminalidad había comenzado tres años antes y que también se registra en ciudades de EE.UU. que no la aplican.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-size:11;"&gt;En Gran Bretaña, el Adam Smith Institute, el Center for Policy Studies y el Institute of Economic Affairs (IEA), tradicionales difusores de las concepciones neoliberales en materia económica y social, adoptaron con naturalidad las tesis punitivas estadounidenses. En la práctica las introdujo John Major y ahora han sido retomadas y ampliadas por Anthony Blair.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-size:11;"&gt;A fines de 1989, por iniciativa del magnate mediático australiano Rupert Murdoch, el IEA organizó una serie de encuentros y publicaciones en torno del "pensamiento" de Charles Murray. Por entonces Murray conminaba a los británicos a que redujeran drásticamente su Estado providencia con el fin de frenar la emergencia de una supuesta "&lt;i&gt;underclass&lt;/i&gt;" (subclase) de pobres alienados, disolutos y peligrosos, parienta de la que "hace estragos" en las ciudades de Estados Unidos, como consecuencia de las medidas sociales instauradas durante "la guerra contra la pobreza" de los años ´60.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-size:11;"&gt;Actualmente es difícil que un funcionario europeo hable de seguridad sin recurrir a alguna consigna de origen estadounidense: tolerancia cero, toque de queda, violencia juvenil. Incluso en la forma vergonzante que utiliza el primer ministro francés Lionel Jospin: los 20 mil adjuntos de seguridad y los 15 mil agentes de mediación que serán enviados a los "barrios problemáticos" franceses durante 1999 representan la décima parte de los empleos para jóvenes que promete el gobierno. La penalización de la miseria conduce a los encarcelamientos masivos, efecto policial de la "tolerancia cero”. Nuevo sentido común penal se articula en torno del incremento de la represión de los delitos menores y las simples infracciones, el agravamiento de las penas, la erosión de la especificidad del tratamiento de la delincuencia juvenil, el apuntar a poblaciones y territorios considerados "de riesgo" y la desregulación de la administración penitenciaria. Todo en perfecta armonía con el sentido común neoliberal en materia económica y social, al que completa y consolida evacuando toda consideración de orden público y cívico para extender el modo de razonamiento economicista, el imperativo de la responsabilidad individual -cuyo reverso es la irresponsabilidad colectiva- y el dogma de la eficacia del mercado al terreno del crimen y el castigo.&lt;?xml:namespace prefix = v /&gt;&lt;v:shapetype id="_x0000_t75" stroked="f" filled="f" path="m@4@5l@4@11@9@11@9@5xe" preferrelative="t" spt="75" coordsize="21600,21600"&gt; &lt;v:stroke joinstyle="miter"&gt;&lt;v:f eqn="if lineDrawn pixelLineWidth 0"&gt;&lt;v:f eqn="sum @0 1 0"&gt;&lt;v:f eqn="sum 0 0 @1"&gt;&lt;v:f eqn="prod @2 1 2"&gt;&lt;v:f eqn="prod @3 21600 pixelWidth"&gt;&lt;v:f eqn="prod @3 21600 pixelHeight"&gt;&lt;v:f eqn="sum @0 0 1"&gt;&lt;v:f eqn="prod @6 1 2"&gt;&lt;v:f eqn="prod @7 21600 pixelWidth"&gt;&lt;v:f eqn="sum @8 21600 0"&gt;&lt;v:f eqn="prod @7 21600 pixelHeight"&gt;&lt;v:f eqn="sum @10 21600 0"&gt;&lt;v:path connecttype="rect" gradientshapeok="t" extrusionok="f"&gt;&lt;o:lock aspectratio="t" ext="edit"&gt;&lt;/v:shapetype&gt;&lt;v:imagedata href="file:///D:\Eldiplo\img\fin.gif" src="file:///C:\DOCUME~1\Usuario\CONFIG~1\Temp\msohtml1\01\clip_image002.gif"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/v:imagedata&gt;&lt;/o:lock&gt;&lt;/v:path&gt;&lt;/v:f&gt;&lt;/v:f&gt;&lt;/v:f&gt;&lt;/v:f&gt;&lt;/v:f&gt;&lt;/v:f&gt;&lt;/v:f&gt;&lt;/v:f&gt;&lt;/v:f&gt;&lt;/v:f&gt;&lt;/v:f&gt;&lt;/v:f&gt;&lt;/v:stroke&gt;&lt;ol style="MARGIN-TOP: 0cm" type="1"&gt;&lt;li class="MsoNormal" style="MARGIN-TOP: 5pt; MARGIN-BOTTOM: 5pt"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Sobre la difusión de esta nueva vulgata planetaria cuyos términos fetiche resuenan en todas partes ("globalización" , "flexibilidad" , "multiculturalismo" , "comunitarismo" , "minoría" , "ghetto" , "etnicidad" , "fragmentación" , etc.) ver Pierre Bourdieu y Loíc Wacquant, "Les ruses de la raison impérialiste" , Actes de la recherche en sciences sociales, Nº 121-122, París, marzo de 1998 &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/li&gt;&lt;li class="MsoNormal" style="MARGIN-TOP: 5pt; MARGIN-BOTTOM: 5pt"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Régis Debray, "Républicains, n´ayons pas peur!", &lt;i&gt;Le Monde&lt;/i&gt;, París, 4-9-98. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/li&gt;&lt;li class="MsoNormal" style="MARGIN-TOP: 5pt; MARGIN-BOTTOM: 5pt"&gt;&lt;span lang="EN-US"  style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Steven Donziger, "Fear, Politics and the Prison Industrial Complex" , The Real War on Crime, Basic Books, Nueva York, 1996. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/li&gt;&lt;/ol&gt;&lt;div style="BORDER-RIGHT: medium none; PADDING-RIGHT: 0cm; BORDER-TOP: silver 1pt solid; PADDING-LEFT: 0cm; PADDING-BOTTOM: 0cm; BORDER-LEFT: medium none; PADDING-TOP: 0cm; BORDER-BOTTOM: 1pt solid"&gt;&lt;p style="BORDER-RIGHT: medium none; PADDING-RIGHT: 0cm; BORDER-TOP: medium none; MARGIN-TOP: 12pt; PADDING-LEFT: 0cm; PADDING-BOTTOM: 0cm; BORDER-LEFT: medium none; PADDING-TOP: 0cm; BORDER-BOTTOM: medium none"&gt;&lt;a title="Ir a los artículos del autor." href="file:///d:Eldiplop_0367.htm"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="LETTER-SPACING: 0pt;font-size:85%;color:black;"  &gt;Loïc Wacquant&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;Profesor de &lt;st1:personname st="on" productid="la Universidad"&gt;la Universidad&lt;/st1:personname&gt; de California, Berkeley; investigador del Centro de Sociología Europea. Autor, entre otros, de Corps et âme, Angone, 2000; y Las cárceles de la miseria, Manantial, Buenos Aires, 2000. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:11;color:black;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="BORDER-RIGHT: windowtext 1pt solid; PADDING-RIGHT: 4pt; BORDER-TOP: windowtext 1pt solid; PADDING-LEFT: 4pt; PADDING-BOTTOM: 1pt; BORDER-LEFT: windowtext 1pt solid; PADDING-TOP: 1pt; BORDER-BOTTOM: windowtext 1pt solid"&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="BORDER-RIGHT: medium none; PADDING-RIGHT: 0cm; BORDER-TOP: medium none; PADDING-LEFT: 0cm; PADDING-BOTTOM: 0cm; BORDER-LEFT: medium none; PADDING-TOP: 0cm; BORDER-BOTTOM: medium none"&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Material complementario. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="BORDER-RIGHT: medium none; PADDING-RIGHT: 0cm; BORDER-TOP: medium none; PADDING-LEFT: 0cm; PADDING-BOTTOM: 0cm; BORDER-LEFT: medium none; PADDING-TOP: 0cm; BORDER-BOTTOM: medium none"&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Autora: Marta Vasallo (Edición Cono sur – Le Monde Diplomatique) Idem, artículo anterior.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="BORDER-RIGHT: medium none; PADDING-RIGHT: 0cm; BORDER-TOP: medium none; PADDING-LEFT: 0cm; PADDING-BOTTOM: 0cm; BORDER-LEFT: medium none; PADDING-TOP: 0cm; BORDER-BOTTOM: medium none"&gt;&lt;span style="font-size:11;color:black;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="BORDER-RIGHT: medium none; PADDING-RIGHT: 0cm; BORDER-TOP: medium none; PADDING-LEFT: 0cm; PADDING-BOTTOM: 0cm; BORDER-LEFT: medium none; PADDING-TOP: 0cm; BORDER-BOTTOM: medium none"&gt;&lt;span style="font-size:11;color:black;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:11;color:black;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:11;color:black;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;h1 style="MARGIN-RIGHT: 24pt"&gt;&lt;span style="LETTER-SPACING: 1pt;font-family:'Times New Roman';font-size:11;color:black;"   &gt;Menos empleos y más cárceles&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/h1&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;font-size:11;color:black;"&gt;&lt;v:rect id="_x0000_i1029" stroked="f" fillcolor="#c03"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/v:rect&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-size:11;"&gt;Los encarcelamientos masivos constituyen una tendencia concomitante con el repliegue del Estado social, la aplicación de dispositivos cada vez más fuertes de control de la población, la creciente desprotección social y la tolerancia cero policial. También en esto Estados Unidos es un país líder.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-size:11;"&gt;El economista Jorge Beinstein &lt;cite&gt;&lt;span style="font-size:0;"&gt;&lt;a href="file:///d:Eldiplo%2522%2520l%2520"&gt;&lt;span class="Hipervnculo1"&gt;&lt;span style="LETTER-SPACING: 0pt"&gt;1&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/cite&gt;. establece que entre 1975 y 1997 la suma total de reclusos en ese país ascendió de 380 mil a 1.800.000, con una tasa de crecimiento anual del 8% en los años ´90. Pero si a los reclusos se suman todas las personas bajo custodia judicial, es decir las que se encuentran en libertad vigilada y condicional, eran 3 millones en 1985 y más de 5,5 millones en 1996. Excluyendo a los presos alojados en cárceles locales, en 1930 había en EE.UU. 104 reclusos por cada 100 mil habitantes. Esta cifra aumentó moderadamente, de acuerdo con el crecimiento demográfico, hasta mediados de los años ´70, momento a partir del cual se inició un ascenso vertiginoso, que en 1998 culmina con 679 presos por cada 100 mil habitantes. Jean Clair da una cifra coincidente: uno de cada 150 estadounidenses está en la cárcel &lt;cite&gt;&lt;span style="font-size:0;"&gt;&lt;a href="file:///d:Eldiplo%2522%2520l%2520"&gt;&lt;span class="Hipervnculo1"&gt;&lt;span style="LETTER-SPACING: 0pt"&gt;2&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/cite&gt;. En relación a su peso en la población total afroamericanos y latinoamericanos ocupan las cárceles en un porcentaje abrumadoramente mayor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-size:11;"&gt;Es interesante señalar la relación de estos encarcelamientos masivos con el empleo: mientras Lois Wacquant señala que la décima parte de los nuevos empleos juveniles prometidos por el gobierno francés para 1999 corresponden a puestos de seguridad &lt;a href="file:///d:Eldiploa_0312.htm"&gt;&lt;span style="LETTER-SPACING: 0pt;color:black;" &gt;(ver pág. 24)&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;, Beinstein indica que este fenómeno elimina una alta proporción de marginales de las estadísticas de empleo: en EE.UU., la tasa de desocupación de octubre de 1998 subiría de 4,6 a 5,6% si la cantidad de presos se hubiera mantenido dentro del promedio de las dos décadas anteriores a la explosión carcelaria.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-size:11;"&gt;El brasileño Argemiro Procopio subraya lo "grotesco" del aumento de las cárceles respecto de los delitos vinculados con el narcotráfico: "Las bandas usan la seguridad de las prisiones como cuarteles generales y centros de inteligencia en la creación de estrategias de distribución, razon por la cual las penitenciarías son exactamente calificadas como universidades del crimen. Cuantas más cárceles, más narcotráfico" &lt;cite&gt;&lt;span style="font-size:0;"&gt;&lt;a href="file:///d:Eldiplo%2522%2520l%2520"&gt;&lt;span class="Hipervnculo1"&gt;&lt;span style="LETTER-SPACING: 0pt"&gt;3&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/cite&gt;. Y destaca el sombrío simbolismo de los 3700 presos en la provincia de Buenos Aires alojados en fábricas desactivadas (donde en un tiempo hubo gente trabajando productivamente ahora hay delincuentes presos), debido al hacinamiento de las carceles de la región, mientras el gobierno argentino propone como remedio destinar 80 millones de dólares a la construcción de 18 nuevos presidios.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-size:11;"&gt;Beinstein indica que la administración pública de EE.UU. ha elaborado fichas criminales de unas 30 millones de personas, reunidas en un megabanco de datos accesible no solamente a agencias de seguridad, sino también a diferentes servicios sociales y organizaciones empresariales que los utilizan en su proceso de selección de personal.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-size:11;"&gt;Otro dato significativo es que la desregulación convierte al sistema penal estadounidense en un área de lucrativos negocios. En 1990 las cárceles privadas alojaban a 15 mil detenidos; en 1996 a 80 mil, el 5% del total de reclusos del país. En los Estados del sur 17 firmas gestionan unos 130 establecimientos penitenciarios. Todas cotizan con éxito en la Bolsa.&lt;v:shape id="_x0000_i1026" type="#_x0000_t75" fillcolor="window" alt="Fin de artículo"&gt; &lt;v:imagedata href="file:///D:\Eldiplo\img\fin.gif" src="file:///C:\DOCUME~1\Usuario\CONFIG~1\Temp\msohtml1\01\clip_image002.gif"&gt;&lt;/v:shape&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/v:imagedata&gt;&lt;ol style="MARGIN-TOP: 0cm" type="1"&gt;&lt;li class="MsoNormal" style="MARGIN-TOP: 5pt; MARGIN-BOTTOM: 5pt"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Jorge Beinstein, La larga crisis de la economía global. Aparecerá próximamente en Buenos Aires, Ediciones Corregidor. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/li&gt;&lt;li class="MsoNormal" style="MARGIN-TOP: 5pt; MARGIN-BOTTOM: 5pt"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Jean Clair, "De Guernica à Belgrado" , &lt;i&gt;Le Monde&lt;/i&gt;, París, 21-5-99. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/li&gt;&lt;li class="MsoNormal" style="MARGIN-TOP: 5pt; MARGIN-BOTTOM: 5pt"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Argemiro Procopio, O Brasil no mundo das drogas, Editora Vozes, Petropolis 1999 (ver "Los libros del mes" , pág. 39).&lt;/span&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/li&gt;&lt;/ol&gt;&lt;div style="BORDER-RIGHT: medium none; PADDING-RIGHT: 0cm; BORDER-TOP: silver 1pt solid; PADDING-LEFT: 0cm; PADDING-BOTTOM: 0cm; BORDER-LEFT: medium none; PADDING-TOP: 0cm; BORDER-BOTTOM: 1pt solid"&gt;&lt;p style="BORDER-RIGHT: medium none; PADDING-RIGHT: 0cm; BORDER-TOP: medium none; MARGIN-TOP: 12pt; PADDING-LEFT: 0cm; PADDING-BOTTOM: 0cm; BORDER-LEFT: medium none; PADDING-TOP: 0cm; BORDER-BOTTOM: medium none"&gt;&lt;span style="font-size:11;"&gt;&lt;a title="Ir a los artículos del autor." href="file:///d:Eldiplop_0130.htm"&gt;&lt;span style="LETTER-SPACING: 0pt;color:black;" &gt;Marta Vassallo&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;De la redacción de &lt;i&gt;Le Monde diplomatique&lt;/i&gt;, Edición Cono Sur. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:11;color:black;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;v:rect id="_x0000_i1027" stroked="f" fillcolor="#c03"&gt;&lt;v:stroke joinstyle="miter"&gt;&lt;v:f eqn="if lineDrawn pixelLineWidth 0"&gt;&lt;v:f eqn="sum @0 1 0"&gt;&lt;v:f eqn="sum 0 0 @1"&gt;&lt;v:f eqn="prod @2 1 2"&gt;&lt;v:f eqn="prod @3 21600 pixelWidth"&gt;&lt;v:f eqn="prod @3 21600 pixelHeight"&gt;&lt;v:f eqn="sum @0 0 1"&gt;&lt;v:f eqn="prod @6 1 2"&gt;&lt;v:f eqn="prod @7 21600 pixelWidth"&gt;&lt;v:f eqn="sum @8 21600 0"&gt;&lt;v:f eqn="prod @7 21600 pixelHeight"&gt;&lt;v:f eqn="sum @10 21600 0"&gt;&lt;v:path connecttype="rect" gradientshapeok="t" extrusionok="f"&gt;&lt;o:lock aspectratio="t" ext="edit"&gt;&lt;v:imagedata href="file:///D:\Eldiplo\img\fin.gif" src="file:///C:\DOCUME~1\Usuario\CONFIG~1\Temp\msohtml1\01\clip_image002.gif"&gt;&lt;v:rect id="_x0000_i1029" stroked="f" fillcolor="#c03"&gt;&lt;v:imagedata href="file:///D:\Eldiplo\img\fin.gif" src="file:///C:\DOCUME~1\Usuario\CONFIG~1\Temp\msohtml1\01\clip_image002.gif"&gt;&lt;/v:imagedata&gt;&lt;/v:rect&gt;&lt;/v:imagedata&gt;&lt;/o:lock&gt;&lt;/v:path&gt;&lt;/v:f&gt;&lt;/v:f&gt;&lt;/v:f&gt;&lt;/v:f&gt;&lt;/v:f&gt;&lt;/v:f&gt;&lt;/v:f&gt;&lt;/v:f&gt;&lt;/v:f&gt;&lt;/v:f&gt;&lt;/v:f&gt;&lt;/v:f&gt;&lt;/v:stroke&gt;&lt;/v:rect&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6739054310312818189-5029184575017964474?l=sociologiaucse.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sociologiaucse.blogspot.com/feeds/5029184575017964474/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://sociologiaucse.blogspot.com/2009/11/mas-de-loic-wacquant-la-gestion.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6739054310312818189/posts/default/5029184575017964474'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6739054310312818189/posts/default/5029184575017964474'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sociologiaucse.blogspot.com/2009/11/mas-de-loic-wacquant-la-gestion.html' title='Más de Loic  Wacquant: La gestión policial de la miseria'/><author><name>Sociología</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00225090272172561897</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/_ZQ8l4wAZPYc/SqESpv2P2EI/AAAAAAAAAAM/smF_2BjspuE/S220/100_3725.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6739054310312818189.post-7613950910382255584</id><published>2009-11-03T15:42:00.015-03:00</published><updated>2009-11-05T14:15:54.497-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Autores'/><title type='text'>Naomí Klein</title><content type='html'>&lt;a href="http://www.rebelion.org/autores.php?id=39"&gt;&lt;img style="margin: 0px 10px 10px 0px; float: left; width: 233px; height: 208px;" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_JA5IhSIh44g/SqVuufIkgoI/AAAAAAAAARo/CLiQIF3Pk9c/s400/naomi-klein.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;L@s invitamos a conocer un poco más de &lt;a href="http://www.rebelion.org/autores.php?id=39"&gt;Naomi Klein&lt;/a&gt;, leyendo algunos artículos periodísticos. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 255);"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6739054310312818189-7613950910382255584?l=sociologiaucse.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sociologiaucse.blogspot.com/feeds/7613950910382255584/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://sociologiaucse.blogspot.com/2009/11/naomi-klein.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6739054310312818189/posts/default/7613950910382255584'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6739054310312818189/posts/default/7613950910382255584'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sociologiaucse.blogspot.com/2009/11/naomi-klein.html' title='Naomí Klein'/><author><name>Sociología</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00225090272172561897</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/_ZQ8l4wAZPYc/SqESpv2P2EI/AAAAAAAAAAM/smF_2BjspuE/S220/100_3725.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_JA5IhSIh44g/SqVuufIkgoI/AAAAAAAAARo/CLiQIF3Pk9c/s72-c/naomi-klein.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6739054310312818189.post-2571449632127559349</id><published>2009-10-19T11:10:00.000-03:00</published><updated>2009-10-19T11:12:55.805-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Campo'/><title type='text'>El Campo Científico (Extracto)</title><content type='html'>El campo científico*[1]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Habiendo intentado describir, en otra parte, la lógica del funcionamiento de los campos de producción simbólica (campo intelectual y artístico, campo religioso, campo de la alta costura, etc.), quisiera determinar aquí cómo esas leyes se especifican en el caso particular del campo científico; más precisamente, en qué condición (es decir, en qué condiciones sociales) mecanos genéricos, como los que rigen en todo campo la aceptación o la eliminación de los nuevos ingresantes o la concurrencia entre los diferentes productores, pueden determinar la aparición de esos productos sociales relativamente independientes de sus condiciones sociales de producción, que son las verdades científicas. Ello en nombre de la convicción, producto de una historia, de que es en la historia donde es necesario buscar la razón del progreso paradójico de una razón en todo histórica y, sin embargo, irreductible a la historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La sociología de la ciencia descansa sobre el postulado de que la verdad del producto -se trataría de ese producto muy particular que es la verdad científica-, reside en una especie particular de condiciones sociales de producción; es decir, más precisamente, en un estado determinado de la estructura y del funcionamiento del campo científico. El universo “puro” de la ciencia más “pura” es un campo social como cualquier otro, con sus relaciones de fuerza y sus [75] monopolios, sus luchas y sus estrategias, sus intereses y sus beneficios, pero donde todos estos invariantes revisten formas específicas.[2]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La lucha por el monopolio de la competencia científica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El campo científico como sistema de las relaciones objetivas entre las posiciones adquiridas (en las luchas anteriores) es el lugar (es decir, el espacio de juego) de una lucha de concurrencia, que tiene por apuesta específica el monopolio de la autoridad científica, inseparablemente definida como capacidad técnica y como poder social, o, si se prefiere, el monopolio de la competencia científica, entendida en el sentido de capacidad de hablar y de actuar legítimamente (es decir, de manera autorizada y con autoridad) en materia de ciencia, que está socialmente reconocida a un agente determinado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Dos observaciones rápidas, para descartar malentendidos posibles. En primer lugar, es necesario cuidarse de reducir las relaciones objetivas que son constitutivas del campo al conjunto de las interacciones, en el sentido del interaccionismo, es decir, al conjunto de las estrategias que en realidad él determina, como veremos más adelante (cf. P. Bourdieu, “Une interprétation de la théorie de la réligion selon Max Weber”, Archives européennes de sociologie, 12, 1, 1971, pp. 3-21). Por otra parte, será necesario precisar lo que quiere decir “socialmente reconocido”: veremos que el grupo que otorga este reconocimiento tiende siempre a reducirse más al conjunto de los sabios, es decir, de los concurrentes, a medida que se incrementan los recursos científicos acumulados y, correlativamente, la autonomía del campo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Decir que el campo es un lugar de luchas, no es solamente romper con la imagen pacífica de la “comunidad científica” tal como la describe la hagiografía científica —y frecuentemente después de ella la sociología de la ciencia—, es decir, con la idea de una suerte de “reino de los fines” que no conocería otras leyes que la de la concurrencia pura y perfecta de las ideas, infaliblemente marcada por la fuerza intrínseca de la idea verdadera. Es, también, recordar que el funcionamiento mismo del campo científico produce y supone una forma específica de interés (las prácticas científicas no aparecen como “desinteresadas” sino por referencia a intereses diferentes, producidos y exigidos por otros campos). [76]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Hablando de interés científico y de autoridad (o de competencia) científica, se pretende descartar de entrada distinciones que frecuentan, en estado implícito, las discusiones sobre la ciencia: así, intentar disociar en la competencia (o la autoridad) científica lo que sería pura representación social, poder simbólico, marcado por todo un “aparato” (en el sentido de Pascal) de emblemas y de signos, y lo que sería pura capacidad técnica, es caer en la trampa constitutiva de toda competencia, razón social que se legitima presentándose como pura razón técnica (como se ve, por ejemplo, en los usos tecnocráticos de la noción de competencia).[3] De hecho, el “aparato augusto” del cual están rodeadas aquellas que se llamaban las “capacidades” en el siglo pasado y en la actualidad las “competencias”, togas rojas y armiños, sotanas y gorros cuadrados de los magistrados y de los doctores en otro tiempo, títulos escolares y distinciones científicas de los investigadores hoy, toda esta “muestra tan auténtica”, como decía Pascal, toda esta ficción social que no tiene socialmente nada de ficticio, modifica la percepción social de la capacidad propiamente técnica. Así, los juicios sobre las capacidades científicas de un estudiante o de un investigador están siempre contaminados, en todos los niveles de la carrera, por el conocimiento de la posición que él ocupa en las jerarquías instituidas (la de las grandes escuelas en Francia o la de las universidades en los Estados Unidos, por ejemplo).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por el hecho de que todas las prácticas están orientadas hacia la adquisición de la autoridad científica (prestigio, reconocimiento, celebridad, etc.), apuesta intrínsecamente doble, lo que se llama comúnmente “el interés” por una actividad científica (una disciplina, un sector de esta disciplina, un método, etc.) es siempre de doble faz; y lo mismo ocurre con las estrategias que tienden a asegurar la satisfacción de este interés. [77]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un análisis que intentara aislar una dimensión puramente “polftica” en los conflictos por la dominación del campo científico sería tan radicalmente falso como el prejuicio inverso, más frecuente, de no retener sino las determinaciones “puras” y puramente intelectuales de los conflictos científicos. Por ejemplo, la lucha que opone hoy a los especialistas por la obtención de créditos y de instrumentos de investigación, no se reduce jamás a una simple lucha por el poder propiamente “político”: aquellos que se encuentran a la cabeza de las grandes burocracias científicas sólo pueden imponer su victoria como una victoria de la ciencia, si se muestran capaces de imponer una definición de la ciencia que implique que la buena manera de hacer ciencia supone la utilización de los servicios de una gran burocracia científica, provista de créditos, de equipamientos técnicos poderosos, de una mano de obra abundante; y constituyen en metodología universal y eterna los procedimientos de la encuesta por sondeo de grandes muestras, las operaciones del análisis estadístico de los datos y de la formalización de los resultados, instaurando así como medida de toda práctica científica el patrón más favorable a sus capacidades personales e institucionales. Recíprocamente, los conflictos epistemológicos son siempre, inseparablemente, conflictos políticos: &lt;br /&gt;así, una investigación sobre el poder en el campo científico podría perfectamente incluir sólo cuestiones de índole epistemológica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De una definición rigurosa del campo científico como espacio objetivo de un juego donde se encuentran comprometidas apuestas científicas, se desprende que es en vano distinguir entre determinaciones propiamente científicas y determinaciones propiamente sociales de prácticas esencialmente sobredeterminadas. Es necesario citar la descripción de Fred Reif, que deja ver, casi a pesar suyo, hasta qué punto es artificial -y hasta imposible- la distinción del interés intrínseco y del interés extrínseco, de lo que es importante para un investigador determinado y de lo que es importante para los otros investigadores: “Un científico busca realizar las investigaciones que considera importantes. Pero la satisfacción intrínseca y el interés no son sus únicas motivaciones. Esto aparece claramente cuando se observa lo que ocurre cuando un investigador descubre la publicación por otra persona de un resultado que él estaba a punto de alcanzar. Se siente casi siempre trastornado, aunque el interés intrínseco de su trabajo no esté de ningún modo afectado. Es que su trabajo no debe ser interesante solamente para él, sino que debe también ser importante para los otros”.[4] Lo que es [78] percibido como importante e interesante, es lo que tiene posibilidades de ser reconocido como importante e interesante para los otros, por lo tanto, de hacer aparecer al que lo produce como importante e interesante a los ojos de los otros (será necesario examinar de nuevo esta dialéctica y las condiciones en las cuales funciona, en beneficio de la acumulatividad científica y no como un simple círculo de legitimación mutua).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aún a riesgo de volver a la filosofía idealista que otorga a la ciencia el poder de desarrollarse según su lógica inmanente (como lo hace todavía Kuhn cuando sugiere que las “revoluciones científicas” no sobrevienen sino a continuación del agotamiento de los “paradigmas”), es necesario suponer que las inversiones se organizan por referencia a una anticipación -consciente o inconsciente- de las posibilidades medias de beneficio (que se especifican también en función del capital detentado). Así, la tendencia de los investigadores a concentrarse sobre los problemas considerados como los más importantes (por ejemplo, porque han sido constituidos como tales, por productores dotados de un alto grado de legitimidad) se explica por el hecho de que un aporte o un descubrimiento que concierne a estas cuestiones está encaminado a aportar un beneficio simbólico más importante. La competencia intensa que se encuentra así desencadenada tiene todas las posibilidades de determinar una baja de las tasas medias de beneficio material y/o simbólico y, por este medio, la dirección de una fracción de los investigadores hacia otros objetos menos prestigiosos pero alrededor de los cuales la competencia es menos fuerte y, por ello, adecuados para ofrecer beneficios, al menos, igualmente importantes.[5]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La distinción que hace Merton (al hablar de las ciencias sociales) entre conflictos “sociales” (que tratan sobre “la asignación de los recursos intelectuales entre diferentes clases de trabajo sociológico” o sobre “el rol que conviene al sociólogo”) y conflictos “intelectuales”, “oposiciones de ideas sociológicas estrictamente formuladas” (R. K. Merton, The Sociology of Science, Chicago and London, The University of Chicago Press, 1973, p. 55), constituye ella misma una estrategia, a la vez social e intelectual, que tiende a imponer una delimitación del campo de los objetos de discusión legítimos. En efecto, se habrá reconocido, en esta distinción, una de esas estrategias por las cuales la [79] sociología americana oficial tiende a asegurarse la respetabilidad académica y a imponer una delimitación de lo científico y de lo no-científico adecuada para prohibir, como falta a la conveniencia científica, toda interrogación destinada a poner en cuestión los fundamentos de su respetabilidad.[6]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una ciencia auténtica de la ciencia no puede constituirse sino a condición de rechazar radicalmente la oposición abstracta (que se encuentra también en otra parte, en historia del arte, por ejemplo) entre un análisis inmanente o interno, que incumbiría propiamente a la epistemología y que restituiría la lógica según la cual la ciencia engendra sus propios problemas, y un análisis externo, que relaciona esos problemas con sus condiciones sociales de aparición. Es el campo científico el que, en cuanto lugar de una lucha política por la dominación científica, asigna a cada investigador, en función de la posición que ocupa, sus problemas -indisociablemente políticos y científicos-, y sus métodos -estrategias científicas que, por el hecho de que se definen expresa u objetivamente por referencia al sistema de las posiciones políticas y científicas constitutivas del campo científico, son al mismo tiempo estrategias políticas-. No hay “elección” científica -elección del dominio de investigación, elección de los métodos empleados, elección del lugar de publicación, elección, que describe Hagstrom,[7] entre la publicación rápida de resultados parcialmente verificados o la publicación tardía de resultados plenamente controlados-, que no sea, en alguno de sus aspectos, el menos confesado y el menos confesable evidentemente, una estrategia política de ubicación al menos objetivamente orientada hacia la maximización del beneficio propiamente científico, es decir del reconocimiento susceptible de ser obtenido de los pares-concurrentes. [80]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La acumulación del capital científico&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La lucha por la autoridad científica, especie particular de capital social que asegura un poder sobre los mecanismos constitutivos del campo y que puede ser reconvertido en otras especies de capital, debe lo esencial de sus características al hecho de que los productores tienden (tanto más cuanto el campo es más autónomo) a no tener otros clientes posibles que sus concurrentes. Esto significa que en un campo científico fuertemente autónomo, un productor particular no puede esperar el reconocimiento del valor de sus productos (“reputación”, “prestigio”, “autoridad”, “competencia”, etc.) sino de los otros productores, quienes, siendo también sus concurrentes, son los menos propensos a otorgárselo sin discusión ni examen. En primer lugar, de hecho: sólo los sabios comprometidos en el mismo juego tienen los medios para apropiarse simbólicamente de la obra científica y de evaluar sus méritos. Y también de derecho: el que apela a una autoridad exterior al campo no puede atraerse sino el descrédito[8] (totalmente similar en esto a un campo artístico fuertemente autónomo, el campo científico debe su especificidad, entre otras cosas, al hecho de que los concurrentes no pueden contentarse con distinguirse de sus antecesores ya reconocidos, sino que están forzados, so pena de ser superados y “desclasados”, a integrar sus logros en la construcción distinta y distintiva que los supera).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La lucha en la cual cada uno de los agentes debe comprometerse para imponer el valor de sus productos y su propia autoridad de productor legítimo, tiene, de hecho, siempre en juego el poder de imponer la definición de la ciencia (i. e. la delimitación del campo de los problemas, de los métodos y de las teorías que pueden ser consideradas como científicas) más conforme a sus intereses [81] específicos, es decir la más adecuada para permitirle ocupar con total legitimidad la posición dominante, asegurando la posición más alta, en la jerarquía de los valores científicos, a las capacidades científicas de las cuales es el detentador a título personal o institucional (por ejemplo, como detentador de una especie determinada de capital cultural, como antiguo alumno de una institución de enseñanza particular, como miembro de una institución científica determinada, etc.).[9]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así, los debates sobre la prioridad de los descubrimientos oponen, en más de un caso, al que ha descubierto el fenómeno desconocido bajo la forma frecuente de una simple anomalía, de un fallo de las teorías existentes, y al que hace de ello un hecho científico nuevo, insertándolo en una construcción teórica que es irreductible al simple dato bruto: esas discusiones políticas sobre el derecho de propiedad científica -que son, al mismo tiempo, debates científicos sobre el sentido de lo que es descubierto y discusiones epistemológicas sobre la naturaleza del descubrimiento científico-, oponen en realidad, a través de esos protagonistas particulares, dos principios de jerarquización de las prácticas científicas, uno que confiere la primacía a la observación y a la experimentación, y, por lo tanto, a las disposiciones y a las capacidades correspondientes; el otro que privilegia la teoría y los “intereses” científicos correlativos, debate que jamás ha dejado de ocupar el centro de la reflexión epistemológica. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así, la definición de lo que está en juego en la lucha científica forma parte de lo que está en juego en la lucha científica, y los dominantes son aquellos que llegan a imponer la definición de la ciencia según la cual la realización más acabada de la ciencia consiste en tener, ser y hacer, lo que ellos tienen, son o hacen. Es decir que la comunis doctorum opinio, como decía la escolástica, no es jamás sino una ficción oficial que no tiene nada de ficticio, porque la eficacia simbólica que le confiere su legitimidad le permite cumplir una función semejante a aquella que la ideología liberal hace jugar a la noción de opinión pública. La ciencia oficial no es lo que en general hace de ella la sociología de la ciencia, es decir, el sistema de las normas y de los valores que [82] la “comunidad científica”, grupo indiferenciado, impondría e inculcaría a todos sus miembros, considerando la anomia revolucionaria sólo imputable a fallas de la socialización científica.[10] Esta visión “durkheimiana” del campo científico podría no ser sino la transfiguración de la representación del universo científico que los sostenedores del orden científico tienen interés en imponer, y en primer lugar, a sus concurrentes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nunca se terminarían de enumerar los ejemplos de este “funcionalismo”, incluso en un autor que, como Kuhn, da lugar al conflicto en su teoría de la evolución científica: “Una comunidad de especialistas (de las ciencias) se esmerará por asegurar la progresión de la acumulación de los datos que ella puede utilizar con precisión y en detalle” (T. Kuhn, The Structure of Scientific Revolutions, Chicago, The University of Chicago Press, 1962, p. 168) [La estructura de las revoluciones científicas, México, FCE, 1980] Porque la “función”, en el sentido del “funcionalismo” de la escuela americana, no es otra cosa que el interés de los dominantes (de un campo determinado o del campo de la lucha de clases -la clase dominante-), es decir, el interés que los dominantes tienen en la perpetuación de un sistema conforme a sus intereses (o la función que el sistema cumple para esta clase particular de agentes), basta con silenciar los intereses (i. e. las funciones diferenciales), haciendo de la “comunidad científica” el sujeto de prácticas, para caer en el “funcionalismo”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y precisamente porque la definición de lo que está en juego en la lucha es objeto de lucha, incluso en ciencias -como las matemáticas- donde el consenso aparente sobre lo que está en juego es muy alto, uno se enfrenta sin cesar a las antinomias de la legitimidad. (El interés apasionado que los investigadores en ciencias sociales manifiestan por las ciencias de la naturaleza no se comprendería de otro modo: es la definición de los principios de evaluación de su propia práctica lo que está en juego en su pretensión de imponer, en nombre de la epistemología o de la sociología de la ciencia, la definición legítima de la forma más legítima de la ciencia, es decir, la ciencia de la naturaleza.) En el [83] campo científico, como en el campo de las relaciones de clase, no existe instancia que legitime las instancias de legitimidad; las reivindicaciones de legitimidad obtienen su legitimidad de la fuerza relativa de los grupos cuyos intereses ellas expresan: en la medida en que la definición misma de los criterios de juicio y de los principios de jerarquización es el objeto de una lucha, nadie es buen juez, porque no hay juez que no sea juez y parte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Puede verse la ingenuidad de la técnica de los “jueces”, a la cual la tradición sociológica ha recurrido muy comúnmente para definir las jerarquías características de un campo determinado (jerarquía de los agentes o de las instituciones -las universidades en los Estados Unidos-, jerarquía de los problemas, de los dominios o de los métodos, jerarquía de los campos mismos, etc.). Es la misma filosofía ingenua de la objetividad la que inspira el recurso a “expertos internacionales”. Como si su posición de observadores extranjeros pudiera ponerlos al abrigo de las posiciones tomadas y de las tomas de partido, en un momento en que la economía de los intercambios ideológicos admite tantas sociedades multinacionales, y como si sus análisis “científicos” del estado de la ciencia pudieran ser otra cosa que la justificación científicamente enmascarada del estado particular de la ciencia o de las instituciones científicas de las que ellos forman parte. Se verá luego que la sociología de la ciencia escapa muy raramente a esta estrategia del peritaje como imposición de legitimidad que prepara una conquista de mercado.[11]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La autoridad científica es, pues, una especie particular de capital que puede ser acumulado, transmitido e, incluso, reconvertido en otras especies bajo ciertas condiciones. Se puede pedir prestada a Fred Reif la descripción del proceso de acumulación del capital científico y de las formas toma su reconversión. Ello en el caso particular del campo de la física contemporánea, donde la posesión de un capital científico tiende a favorecer [84] la adquisición de capital suplementario y donde la carrera científica “exitosa” se presenta, por esta razón, como un proceso continuo de acumulación, en el cual el capital inicial, representado por el título escolar, juega un rol determinante: “Desde la ‘high school’, el futuro hombre de ciencia tiene conocimiento del rol de la competencia y del prestigio en su éxito futuro. Debe esforzarse por obtener las mejores notas para ser admitido en el ‘college’ y más tarde en la ‘graduate school’. Se da cuenta de que el pasaje por un ‘college’ prestigioso tiene una importancia decisiva para él (...). En fin, debe ganar la estima de sus profesores para asegurarse las cartas de recomendación que le ayudarán a entrar al ‘college’ y a obtener las becas y los premios (...). Cuando esté en la búsqueda de un empleo, estará en mejor posición si viene de una institución conocida y si ha trabajado con un investigador renombrado. En todo caso, es esencial para él que en el mundo de los hombres de primer rango se acepte aportar comentarios favorables sobre su trabajo (...). El acceso a niveles universitarios superiores está sometido a los mismos criterios. La universidad exige nuevamente cartas de recomendación, dadas por expertos del exterior, y puede a veces suscitar la formación de un comité de examen antes de tomar la decisión de promover a alguien a un puesto de profesor titular”. Este proceso se continúa con el acceso a los puestos administrativos, a las comisiones gubernamentales, etc. Y el investigador depende, también, de su reputación entre sus colegas, para obtener fondos de investigación, para atraer estudiantes de calidad, para asegurarse grants y becas, invitaciones y consultas, distinciones (i. e. Premio Nobel, National Academy of Science). El reconocimiento socialmente marcado y garantizado (por todo un conjunto de signos específicos de consagración que el grupo de los pares-concurrentes otorga a cada uno de sus miembros) es función del valor distintivo de sus productos y de la originalidad (en el sentido de la teoría de la información) colectivamente reconocida a la contribución que él aporta a los recursos científicos ya acumulados. El hecho de que el capital de autoridad proporcionado por el descubrimiento esté monopolizado por el primero en haberlo hecho o, al menos, en haberlo hecho conocer y reconocer, explica la importancia y la frecuencia de las cuestiones de prioridad. Si ocurre que muchos nombres están ligados al primer descubrimiento, el prestigio atribuido a cada uno de ellos se encuentra disminuido otro tanto. Aquel que llega al descubrimiento algunas semanas o algunos meses después de otro ha dilapidado todos sus esfuerzos, sus trabajos se encuentran así reducidos al status de duplicación carente de interés de un trabajo ya reconocido (lo que explica [85] la precipitación con que algunos publican para evitar ser aventajados).’’[12] El concepto de visibility que emplean frecuentemente los autores americanos (se trata, a menudo, de una noción de uso corriente entre los universitarios) expresa bien el valor diferencial, distintivo, de esta especie particular de capital social: acumular capital es “hacerse un nombre’. un nombre propio (y, para algunos, un nombre de pila), un nombre conocido y reconocido, que distingue de entrada a su portador, al recortarlo como forma visible &lt;br /&gt;del fondo indiferenciado, desapercibido, oscuro, en el cual se pierde la mayoría (de allí, sin duda, la importancia de las metáforas perceptivas, de las cuales la oposición entre brillante y oscuro es el paradigma, en la mayor parte de las taxonomías escolares).[13] La lógica de la distinción funciona a pleno en el caso de las firmas múltiples que, en cuanto tales, reducen el valor distintivo impartido a cada uno de los signatarios. Se puede así comprender el conjunto de las observaciones de Harriet A. Zuckerman[14] sobre los “modelos de rango de [86] nominación entre los autores de artículos científicos” como el producto de estrategias que apuntan a minimizar la pérdida de valor distintivo que está impuesta por las necesidades de la nueva división del trabajo científico. Así, para explicar que los laureados con el premio Nobel no sean nombrados más frecuentemente que los otros en el primer rango -como debería esperarse, dado que los autores son normalmente nombrados en el orden del valor relativo de su contribución-, no hay necesidad de invocar una moral aristocrática de la “nobleza obliga”; en efecto, es suficiente suponer que la visibilidad de un nombre en una serie es función, en primer lugar, de su visibilidad relativa, definida por el rango que ocupa en la serie y, en segundo lugar, de su visibilidad intrínseca, que resulta del hecho de que, ya conocido, es más fácilmente reconocido y retenido (uno de los mecanismos que hacen que, aquí también, el capital vaya al capital) para comprender que la tendencia a abandonar a otros el primer rango crezca a medida que crece el capital poseído, con lo que el beneficio simbólico está automáticamente asegurado a su poseedor, independientemente del rango de nominación.[15] El mercado de los bienes científicos tiene sus leyes, que no tienen nada que ver con la moral. Y con el riesgo de hacer entrar en la ciencia de la ciencia, bajo diversos nombres “eruditos”, lo que los agentes llaman a veces “los valores” o “las tradiciones” de la “comunidad científica”, es necesario reconocer como tales las estrategias que, en los universos en los cuales se tiene interés en el desinterés, tienden a disimular las estrategias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estas estrategias de segundo orden, con las cuales uno se pone en regla, transfigurando la sumisión a las leyes (que es la condición de la satisfacción de los intereses) en obediencia electiva a las normas, permiten acumular las satisfacciones del interés bien comprendido y los beneficios casi universalmente prometidos a acciones que no tienen otra determinación aparente que el respeto puro y desinteresado de la regla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Capital científico y propensión a invertir&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La estructura del campo científico es definida, en cada momento, por el estado de la relación de fuerzas entre los protagonistas de la lucha, agentes o [87] instituciones; es decir, por la estructura de la distribución del capital específico, resultado de las luchas anteriores que se encuentra objetivado en instituciones y disposiciones, y que dirige las estrategias y las posibilidades objetivas de los diferentes agentes o instituciones en las luchas presentes. (Basta aquí, como en otra parte, con percibir la relación dialéctica que se establece entre las estructuras y las estrategias —por intermedio de las disposiciones— para hacer desaparecer la antinomia de la sincronía y la diacronía, de la estructura y la historia). La estructura de la distribución del capital científico es el fundamento de las transformaciones del campo científico por mediación de las estrategias de conservación o de subversión de la estructura que la estructura misma produce: por una parte, la posición que cada agente singular ocupa en un momento dado del tiempo en la estructura del campo científico es la resultante, objetivada en instituciones e incorporada en disposiciones, del conjunto de las estrategias anteriores, de este agente y de sus concurrentes, que dependen, ellas mismas, de la estructura del campo por mediación de las propiedades estructurales de la posición a partir de la cual son engendradas; y, por otra parte, las transformaciones de la estructura del campo son el producto de estrategias de conservación o de subversión, que encuentran el principio de su orientación y de su eficacia en las propiedades de la posición que ocupan aquellos quienes las producen en el interior de la estructura del campo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esto significa que en un estado determinado del campo, las inversiones de los investigadores dependen tanto en su importancia (medida, por ejemplo, en tiempo consagrado a la investigación), como en su naturaleza (y, en particular, en el grado de riesgo asumido), de la importancia de su capital actual y potencial en el campo (según un proceso dialéctico que se observa en todos los dominios de la práctica). Según una lógica muchas veces observada, las aspiraciones -es decir, lo que se llama comúnmente las “ambiciones científicas”- son tanto más altas cuanto el capital de reconocimiento es más elevado: la posesión del capital que confiere desde el origen de la carrera científica el sistema escolar, bajo la forma de un título raro, implica e impone -por mediaciones complejas- la prosecución de objetivos elevados que están socialmente demandados y garantizados por ese título. Así, intentar medir la relación estadística que se establece entre el prestigio de un investigador y el prestigio de sus títulos escolares de origen (“Grande École” o facultad en Francia, universidad donde ha sido otorgado e) doctorado para los Estados Unidos) una vez controlados los efectos de su productividad,[16] es asumir implícitamente la hipótesis de que la productividad y el prestigio actual [88] son independientes (entre ellos) e independientes de los títulos de origen: de hecho, en la medida en que el título -en tanto que capital escolar reconvertible en capital universitario y científico- encierra una trayectoria probable, dirige, por mediación de las “aspiraciones razonables” que autoriza, todo ¡o relativo a la carrera científica (la elección de objetos más o menos “ambiciosos”, una productividad más o menos grande, etc.); de suerte que el efecto del prestigio de las instituciones no se ejerce solamente de manera directa -“contaminando” el juicio emitido sobre las capacidades científicas manifestadas por la cantidad y la calidad de los trabajos-, ni sólo de manera indirecta -a través de los contactos con ¡os maestros más prestigiosos que procuran un alto origen escolar (lo más Frecuentemente, asociado a un alto origen social)-, sino también por mediación de la “causalidad de lo probable”, es decir, por la virtud de las aspiraciones que autorizan o favorecen las posibilidades objetivas (se podrían hacer observaciones análogas a propósito de los efectos del origen social, cuando los títulos escolares de partida son semejantes).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es así, por ejemplo, que la oposición entre las colocaciones seguras de la investigación intensiva y especializada y las colocaciones riesgosas de la investigación extensiva que puede conducir a las vastas síntesis teóricas (revolucionarias o eclécticas) -aquellos que, en el caso de la física analizada por Fred Reif, consisten en informarse sobre los desarrollos científicos producidos fuera de los límites estrictos de la especialidad, en lugar de descansar sobre los caminos trillados de una dirección de investigación probada, y que pueden quedarse en pura pérdida o proporcionar analogías fecundas- tiende a reproducir la oposición entre las trayectorias altas y ¡as trayectorias bajas en el campo escolar y en el campo científico.[17] Asimismo, para comprender la transformación, frecuentemente descrita, de las prácticas científicas que acompaña el progreso en la carrera científica, es necesario relacionar las diferentes estrategias científicas -por ejemplo, las inversiones masivas y extensivas en la única investigación, o las inversiones moderadas e intensivas en la investigación asociadas a inversiones en la administración científica- evidentemente, no con clases etarias -cada campo define sus propias leyes de envejecimiento social-[18] sino con la importancia del capital poseído que, [89] definiendo en cada momento las posibilidades objetivas de beneficio, define las estrategias “razonables” de inversión y de desinversión. Puede verse que nada es más artificial que describir las propiedades genéricas de las diferentes fases de la “carrera científica”,[19] aunque se tratara de la “carrera promedio” en un campo particular[20] -en efecto, toda carrera se define, fundamentalmente, por la posición en la estructura del sistema de las carreras posibles-.[21] Existen tantas maneras de entrar en la investigación, de mantenerse en la investigación y de salir de la investigación como clases de trayectorias, y toda descripción que, tratándose de tal universo, se atiene a las características genéricas de una carrera “cualquiera’ hace desaparecer lo esencial, es decir, las diferencias. La disminución con la edad de la cantidad y de la calidad de las producciones científicas que se observa en el caso de las “carreras promedio” y que se comprende aparentemente si se admite que el incremento del capital de consagración tiende a reducir la urgencia de la alta productividad que ha sido necesaria para obtenerlo, no deviene inteligible completamente si no se comparan las carreras medias con las carreras más altas, que son las únicas que procuran hasta el final los beneficios simbólicos necesarios para reactivar continuamente la propensión a nuevas inversiones, retardando así continuamente la desinversión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El orden (científico) establecido &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La forma que reviste la lucha inseparablemente política y científica por la legitimidad científica depende de la estructura del campo, es decir, de la estructura de la distribución del capital específico de reconocimiento científico entre los participantes de la lucha. Esta estructura puede teóricamente [90] variar (corno es también el caso en todo campo) entre dos límites teóricos, de hecho jamás alcanzados: por un lado, la situación de monopolio de capital específico de autoridad científica y, por el otro, la situación de concurrencia perfecta que supone la distribución igual de este capital entre todos los concurrentes. El campo científico es siempre el lugar de una lucha, más o menos desigual, entre agentes desigualmente provistos de capital específico, por lo tanto, en condiciones desiguales para apropiarse del producto del trabajo científico (y también, en ciertos casos, de los beneficios externos, tales como las gratificaciones económicas o propiamente políticas) que producen, por su colaboración objetiva, el conjunto de los concurrentes, poniendo en práctica el conjunto de los medios de producción científica disponibles. En todo campo se oponen, con fuerzas más o menos desiguales según la estructura de la distribución del capital en el campo (grado de homogeneidad), los dominantes, que ocupan las posiciones más altas en la estructura de la distribución del capital científico, y los dominados, es decir, los recién llegados, que poseen un capital científico tanto más importante (en valor absoluto) cuanto los recursos científicos acumulados en el campo son más importantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo parece indicar que, a medida que los recursos científicos acumulados se incrementan y que, como consecuencia de la elevación correlativa del derecho de entrada, se eleva el grado de homogeneidad entre los concurrentes (quienes, bajo el efecto de factores independientes, tienden a devenir cada vez más numerosos), la competencia científica tiende a distinguirse en su forma y en su intensidad de la que se observa en estados más antiguos de los mismos campos, o en otros campos, donde los recursos acumulados son menos importantes y el grado de heterogeneidad más grande (cf. más adelante). Olvidando tornar en cuenta (lo que se hace casi siempre) estas propiedades estructurales y morfológicas de los diferentes campos, los sociólogos de la ciencia se exponen a universalizar el caso particular. Así, la oposición entre las estrategias de conservación y las estrategias de subversión que será analizada más adelante, tiende a debilitarse a medida que crece la homogeneidad del campo y que decrece correlativamente la probabilidad de las grandes revoluciones periódicas en beneficio de las ínnumerables pequeñas revoluciones permanentes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la lucha que los opone, los dominantes y los pretendientes, es decir los recién llegados, como dicen los economistas, recurren a estrategias antagónicas, profundamente opuestas en su lógica y en su principio: los intereses (en el doble sentido) que los animan y los medios que pueden poner en práctica para satisfacerlos dependen, en efecto, muy estrechamente de su posición en el campo, es decir, de su capital científico y del poder que les da sobre el [91] campo de producción y de circulación científica y sobre los beneficios que él produce. Los dominantes están destinados a estrategias de conservación, que apuntan a asegurar la perpetuación del orden científico establecido al cual pertenecen. Este orden no se reduce, como se cree comúnmente, a la ciencia oficial, conjunto de recursos científicos heredados del pasado que existen en estado objetivado -bajo forma de instrumentos, de obras, de instituciones, etc.-, y en estado incorporado -bajo forma de habitus científicos, sistemas de esquemas generadores de percepción, de apreciación y de acción que son el producto de una forma específica de acción pedagógica y que hacen posible la elección de los objetos, la solución de los problemas y la evaluación de las soluciones-. Engloba, también, el conjunto de instituciones encargadas de asegurar la producción y la circulación de los bienes científicos al mismo tiempo que la reproducción y la circulación de los productores (o de los reproductores) y de los consumidores de esos bienes, es decir, en primer lugar el sistema de enseñanza, único capaz de asegurar a la ciencia oficial la permanencia y la consagración inculcándola sistemáticamente (habitus científicos) al conjunto de los destinatarios legítimos de la acción pedagógica y, en particular, a todos los recién llegados al campo de producción propiamente dicho. Además de las instancias específicamente encargadas de la consagración (academias, premios, etc.), comprende también los instrumentos de difusión, y en particular las revistas científicas que, por la selección que operan en función de los criterios dominantes, consagran las producciones conformes a los principios de la ciencia oficial -ofreciendo así continuamente el ejemplo de lo que merece el nombre de ciencia- y ejercen una censura de hecho sobre las producciones heréticas, ya sea rechazándolas expresamente, ya sea desanimando puramente la intención de publicación por la definición de lo publicable que proponen.[22]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es el campo quien asigna a cada agente sus estrategias, incluyendo la que consiste en invertir el orden científico establecido. Según la posición [92] que ocupan en la estructura del campo (y sin duda también según variables secundarias tales como la trayectoria social, que dirige la evaluación de las posibilidades), los “recién llegados” pueden encontrarse orientados hacia las colocaciones seguras de las estrategias de sucesión, adecuadas para asegurarles, en el término de una carrera previsible, los beneficios prometidos a los que realizan el ideal oficial de la excelencia científica al precio de innovaciones circunscritas a los límites autorizados, o hacia estrategias de subversión, colocaciones infinitamente más costosas y más riesgosas que no pueden asegurar los beneficios prometidos a los detentadores del monopolio de la legitimidad científica, sino al precio de una redefinición completa de los principios de legitimación de la dominación: los recién llegados que rechazan las carreras trazadas no pueden “vencer a los dominantes en su propio juego” sino a condición de comprometer un aumento de inversiones propiamente científicas y sin poder esperar beneficios importantes, al menos en corto plazo, puesto que tienen contra ellos toda la lógica del sistema.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por un lado, la invención según un arte de inventar ya inventado, resolviendo todos los problemas susceptibles de ser planteados en los límites de la problemática establecida por la aplicación de métodos comprobados (o trabajando para salvar los principios contra las contestaciones heréticas -pensamos por ejemplo en Tycho Brahé-), tiende a hacer olvidar que ella no resuelve sino los problemas que puede plantear o que ella no plantea sino los problemas que puede resolver; por otro, la invención herética que, poniendo en cuestión los principios mismos del orden científico antiguo, instaura una alternativa tajante, sin compromiso posible, entre dos sistemas mutuamente exclusivos. Los fundadores de un orden científico herético rompen el contrato de intercambio que aceptan, al menos tácitamente, los candidatos a la sucesión: al no reconocer otro principio de legitimación que el que ellos esperan imponer, no aceptan entrar en el ciclo del intercambio de reconocimiento que asegura una transmisión reglada de la autoridad científica entre los poseedores y los pretendientes (es decir, muy frecuentemente, entre miembros de generaciones diferentes, lo que lleva a muchos observadores a reducir los conflictos de legitimidad a conflictos generacionales). Al rechazar todas las cauciones y todas las garantías que ofrece el orden antiguo y la participación (progresiva) en el capital colectivamente garantizado que se produce según los procedimientos reglados de un contrato de delegación, realizan la acumulación inicial por un golpe de fuerza y por una ruptura, desviando a su beneficio el crédito del cual se beneficiaban los antiguos dominantes, sin [93] concederles la contrapartida de reconocimiento que les otorgan los que aceptan insertarse en la continuidad de una descendencia.[23]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y todo lleva a creer que la propensión a las estrategias de conservación o a las estrategias de subversión es tanto menos independiente de las disposiciones respecto del orden establecido, cuanto el orden científico es él mismo independiente del orden social en el cual se encuentra inserto. Por esta razón, es lícito suponer que la relación que establece Lewis Feuer entre tas inclinaciones universitaria y políticamente subversivas del joven Einstein y su empresa científicamente revolucionaria vale de alguna manera a fortiori para ciencias como la biología o la sociología, que están lejos de haber llegado al grado de autonomía de la física de los tiempos de Einstein. Y la oposición que establece este autor entre las disposiciones revolucionarias de Einstein, miembro en su juventud de un grupo de estudiantes judíos en revuelta contra el orden científico establecido y contra el orden establecido, y las disposiciones reformistas de las cuales da cuenta Poincaré, perfecto representante de la “república de los profesores”, hombre de orden y de reforma ordenada, tanto en el orden político cuanto en el orden científico, no puede dejar de evocar la oposición homóloga entre Marx y Durkheim. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En su esfuerzo de reflexión original, Einstein fue sostenido por un extraño y pequeño círculo de jóvenes intelectuales, plenos de sentimientos de revuelta social y científica propios de su generación y que formaban una contra-comunidad científica fuera de la institución oficial; un grupo de bohemios cosmopolitas conducidos, en esos tiempos revolucionarios, a considerar el mundo de una nueva manera” (L. S. Feuer, “The Social Roots of Einstein’s Theory of Relativity”, Annales of Science, Vol. 27, No 3, septiembre de 1971, pp. 278-298 y Nº 4, diciembre de 1971, pp. 313- 344). Superando la oposición ingenua entre los habitus individuales y las condiciones sociales de su cumplimiento, Lewis Feuer sugiere la hipótesis, que todos los trabajos recientes sobre el sistema de enseñanza científica vienen a corroborar (cf. M. DeSaint Martin, Les fonctions sociales del’enseignement scientifique, París, La Haya, Mouton, coll. Cahiers du Centre de sociologie européenne, Nº 8, 1971 y P. Bourdieu y M. de Saint Martin, Le système des grandes écoles et la reproduction de la clase dominante, a aparecer), según la cual [94] el acceso rápido y fácil a las responsabilidades administrativas que se ofrecía en Francia a los alumnos de las grandes escuelas científicas tendía a desalentar la revuelta contra el orden (científico) establecido, el que encuentra, al contrario, un terreno favorable en los grupos de intelectuales marginales, ubicados en posiciones inestables entre el sistema de enseñanza y la bohemia revolucionaria: “En verdad, se puede arriesgar la hipótesis de que, precisamente porque Francia era una «república de profesores’, precisamente porque los más brillantes sujetos de la Escuela politécnica eran rápidamente absorbidos por la alta función militar y la ingeniería, no era casi verosímil que una ruptura radical con los principios recibidos pudiera tener lugar. Una revolución científica encuentra su terreno más fértil en una contra-comunidad. Cuando el joven científico encuentra muy rápidamente responsabilidades administrativas, su energía está menos disponible para la sublimación en el radicalismo de una investigación pura. Al tratarse de creatividad revolucionaria, la apertura misma de la administración francesa a los talentos científicos, constituye quizás un factor explicativo de conservadurismo científico más importante que todos los otros factores que habitualmente se priorizan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De la revolución inaugural a la revolución permanente&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Cuáles son las condiciones sociales que deben ser cumplidas para que se instaure un juego social en el cual la idea verdadera esté dotada de fuerza, porque los que participan allí tienen interés en la verdad, en lugar de tener, como en otros juegos, la verdad de sus intereses? Va de suyo que no se trata de hacer de este universo social de excepción una excepción a las leyes fundamentales de todo campo -y, en particular, a la ley del interés que permite conferir una violencia imputable a las luchas científicas más “desinteresadas”- (hemos visto que el “desinterés” no es jamás sino un sistema de intereses específicos -artísticos, religiosos tanto como científicos- que implica la indiferencia –relativa- a los objetos ordinarios del interés, dinero, honores, etc.). El hecho de que el campo científico comporte siempre una parte de arbitrario social, en la medida en que sirve a los intereses de quienes, en el campo y/o fuera del campo, están en condiciones de percibir los beneficios, no excluye que, bajo ciertas condiciones, la lógica propia del campo, y en particular la lucha entre los dominantes y los recién llegados y la censura cruzada que de ello resulta, no ejerzan un desvío sistemático de los fines que hace girar continuamente la [95] prosecución de los intereses científicos privados (entendidos siempre en el doble sentido) al beneficio del progreso de la ciencia.[24]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las teorías parciales de la ciencia y de sus transformaciones están predispuestas a cumplir funciones ideológicas en las luchas en el interior del campo científico (o de campos que pretenden la cientificidad, como el de las ciencias sociales), porque universalizan las propiedades ligadas a estados particulares del campo científico: es el caso de la teoría positivista, que confiere a la ciencia el poder de resolver todas las cuestiones que plantea, con tal de que ellas estén científicamente planteadas, y de imponer, por la aplicación de criterios objetivos, el consenso sobre sus soluciones, inscribiendo así el progreso en la rutina de la “ciencia normal” y haciendo como si se pasara de un sistema a otro —de Newton a Einstein, por ejemplo— por simple acumulación de conocimientos, por afinamiento de las medidas y por rectificación de los principios; vale lo mismo para la teoría de Kuhn, que, siendo válida para las revoluciones inaugurales de la ciencia inicial (de la cual la revolución copernicana proporciona el paradigma —en el sentido verdadero del término—), toma simplemente la contracara del modelo positivista.[25] De hecho, el campo de la astronomía, en el cual sobreviene la revolución copernicana, se opone al campo de la física contemporánea, del mismo modo en que el mercado “inmerso en relaciones sociales” (embedded in social relationships) de las sociedades arcaicas se opone, según Polanyi, al “mercado auto-regulado” (self-regulating-rnarket) de las sociedades capitalistas. No es por azar que la revolución copernicana implique la reivindicación expresa de la autonomía para un campo científico todavía “inmerso” en el campo religioso y en el campo de la filosofía y, por su mediación, en el campo político, reivindicación que implica la afirmación del derecho de los científicos a zanjar las cuestiones científicas (“los matemáticos a [96] las matemáticas”) en nombre de la legitimidad específica que les confiere su competencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras que el método científico y la censura y/o la asistencia que ella propone o impone no son objetivados en mecanismos y en disposiciones, las rupturas científicas toman necesariamente la forma de revoluciones contra la institución, y las revoluciones contra el orden científico establecido son inseparablemente revoluciones contra el orden establecido. Al contrario, cuando se encuentra excluido —gracias a estas revoluciones originarias—, todo recurso a armas o a poderes, incluso puramente simbólicos, diferentes a ¡os que tienen curso en el campo, es el funcionamiento mismo del campo el que define cada vez más completamente no solamente el orden ordinario de la “ciencia normal”, sino también las rupturas extra-ordinarias, esas “revoluciones ordenadas”, como dice Bachelard, que están inscritas en la lógica de ¡a historia de las ciencias, es decir, de la polémica científica.[26] Cuando el método está inscrito en ¡os mecanismos del campo, la revolución contra la ciencia instituida se produce con la asistencia de una institución que proporciona las condiciones institucionales de la ruptura; el campo deviene el lugar de una revolución permanente, pero cada vez más totalmente desprovista de efectos políticos. Por esta razón, este universo de la revolución permanente puede ser también sin contradicción el del “dogmatismo legítimo”:[27] el equipamiento científico que es necesario para hacer la revolución científica no puede ser adquirido sino en y por la ciudad científica. A medida que aumentan los recursos científicos acumulados, el capital científico incorporado que es necesario para apropiárselos y tener, así, acceso a los problemas y a los instrumentos científicos y, por lo tanto, a la lucha científica, deviene cada vez más importante (derecho de entrada).[28] De ello se deriva que la revolución científica no es asunto de los más [97]desposeídos, sino, al contrario, de los más ricos científicamente entre los recién llegados.[29] La antinomia de la ruptura y de la continuidad se debilita en un campo que, al ignorar la distinción entre las fases revolucionarias y la “ciencia normal”, encuentra en la ruptura continua el verdadero principio de su continuidad; y correlativamente, la oposición entre las estrategias de sucesión y las estrategias de subversión tiende cada vez más a perder su sentido, ya que la acumulación del capital necesario para el cumplimiento de las revoluciones y del capital que procuran las revoluciones tiende siempre más a cumplirse según los procedimientos reglados de una carrera.[30]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La transmutación del antagonismo anárquico de los intereses particulares en dialéctica científica se torna cada vez más total, a medida que el interés que tiene todo productor de bienes simbólicos en producir productos “que no sean solamente interesantes para él mismo, como dice Fred Reif, sino también importantes para los otros” —por lo tanto, adecuados para obtener de los otros el reconocimiento de su importancia y la importancia de su autor—, se choca con concurrentes más capaces de poner los mismos medios al servicio de las mismas intenciones —lo que conduce, cada vez más frecuentemente con los descubrimientos simultáneos, al sacrificio del interés de uno de los productores o de los dos—;[31] o, en otros términos, a medida que el interés privado que cada agente singular tiene para combatir y para dominar a sus concurrentes, para obtener de ellos el reconocimiento, se encuentra armado de todo un conjunto [98] de instrumentos que confieren su plena eficacia a su intención polémica, dándole el alcance universal de una censura metódica. Y, de hecho, a medida que se incrementan los recursos acumulados y el capital necesario para apropiárselos, el mercado sobre el cual puede ser ubicado el producto científico no deja de restringirse a concurrentes cada vez más fuertemente armados para criticarlo racionalmente y desacreditar a su autor: el antagonismo que está al principio de la estructura y del cambio de todo campo tiende a devenir cada vez más radical y cada vez más fecundo, porque el acuerdo forzado donde se engendra la razón deja cada vez menos lugar a lo impensado de la doxa. El orden colectivo de la ciencia se elabora en y por la anarquía concurrencial de las acciones interesadas, al encontrarse dominado cada agente —y con él, todo el grupo— por el entrecruzamiento en apariencia incoherente de las estrategias individuales. Es decir que la oposición entre los aspectos “funcionales” y los aspectos “disfuncionales” del funcionamiento de un campo científico dotado de una gran autonomía, no tiene casi sentido: las tendencias más “disfuncionales” (por ejemplo, la propensión al secreto y a la negativa de cooperación) están inscritas en los mecanismos mismos que engendran las disposiciones más “funcionales”. A medida que el método científico se inscribe en los mecanismos sociales que regulan el funcionamiento del campo y que se encuentra así dotado de la objetividad superior de una ley social inmanente, puede realmente objetivarse en instrumentos capaces de controlar, y a veces de dominar, a los que los utilizan, y en las disposiciones constituidas de manera durable, que produce la institución escolar. Y estas disposiciones encuentran un reforzamiento continuo en los mecanismos sociales que, al reencontrar ellos mismos un sostén en el materialismo racional de la ciencia objetivada e incorporada, producen control y censura, pero también invención y ruptura.[32]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La ciencia y los doxósofos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La ciencia no tiene jamás otro fundamento que la creencia colectiva en sus fundamentos que produce y supone el funcionamiento mismo del campo [99] científico. La orquestación objetiva de los esquemas prácticos inculcados por la enseñanza explícita y por la familiarización que constituye el fundamento del consenso práctico sobre las apuestas propuestas por el campo, es decir, sobre los problemas, los métodos y las soluciones inmediatamente percibidas como científicas, encuentra ella misma su fundamento en el conjunto de los mecanismos institucionales que aseguran la selección social y escolar de los investigadores (en función, por ejemplo, de la jerarquía establecida de las disciplinas), la formación de los agentes seleccionados, el control del acceso a los instrumentos de investigación y de publicación, etc.[33] El campo de discusión que diseñan, por sus luchas, la ortodoxia y la heterodoxia se recorta sobre el campo de la doxa, conjunto de presupuestos que los antagonistas admiten como yendo de suyo, más allá de toda discusión:[34] la censura que ejerce la ortodoxia -y que denuncia la heterodoxia-, oculta una censura más radical, también más invisible, porque es constitutiva del funcionamiento mismo del campo y porque se refiere al conjunto de lo que está admitido por el solo hecho de la pertenencia al campo, el conjunto de lo que está fuera de discusión por el hecho de aceptar las apuestas de la discusión, es decir, el consenso sobre los objetos de disenso, los intereses comunes que están al principio de los conflictos de intereses, todo lo indiscutido y lo impensado tácitamente mantenidos fuera de los limites de la lucha.[35]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Según el grado de autonomía del campo con relación a las determinaciones externas, es mayor la parte del arbitrario social que se encuentra englobado en el sistema de los presupuestos constitutivos de la creencia propia en el campo considerado. Esto significa que, en el espacio abstracto de la teoría, todo campo científico -el de las ciencias sociales o el de las [100] matemáticas hoy, como el de la alquimia o de la astronomía matemática en los tiempos de Copérnico-, puede ser situado en alguna parte entre los dos límites representados, por un lado, por el campo religioso (o el campo de la producción literaria), en el cual la verdad oficial no es otra cosa que la imposición legítima (es decir, arbitraria y desconocida como tal) de un arbitrario cultural que expresa el interés específico de los dominantes -en el campo y fuera del campo-; y, por otro lado, por un campo científico donde todo elemento arbitrario (o impensado) social sería descartado, y cuyos mecanismos sociales realizarían la imposición necesaria de las normas universales de la razón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cuestión que se presenta así planteada es la del grado de arbitrariedad social de la creencia que produce el funcionamiento del campo y que es la condición de su funcionamiento o, lo que viene a ser lo mismo, la cuestión del grado de autonomía del campo (con relación, en primer lugar, a la demanda social de la clase dominante) y de las condiciones sociales, internas y externas, de esta autonomía. El principio de todas las diferencias entre campos científicos capaces de producir y de satisfacer un interés propiamente científico y de mantener así un proceso dialéctico interminable, y campos de producción de discursos eruditos, donde el trabajo colectivo no tiene otro efecto ni otra función que la de perpetuar el campo idéntico a si mismo, produciendo, tanto hacia adentro como hacia afuera, la creencia en el valor autónomo de los objetivos y de los objetos que produce, reside en la relación de dependencia por la apariencia de independencia respecto a las demandas externas: &lt;br /&gt;los doxósofos, sabios aparentes y sabios de la apariencia, no pueden legitimar ni la desposesión que operan por la constitución arbitraria de un saber esotérico inaccesible al profano, ni la delegación que demandan arrogándose el monopolio de ciertas prácticas, sino a condición de imponer la creencia de que su falsa ciencia es perfectamente independiente de las demandas sociales que ella no puede satisfacer tan bien sino porque afirma vivamente su rechazo de servirlas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde Heidegger que habla de las “masas” y de las “elites” en el lenguaje altamente eufemizado de lo “auténtico” y de lo “inauténtico” a los politólogos americanos que reproducen la visión oficial del mundo social en las semi-abstracciones de un discurso descriptivo-normativo, es siempre la misma estrategia de falsa ruptura la que define la jerga erudita por oposición al lenguaje científico. Allí donde el lenguaje científico pone comillas, como lo observa Bachelard, para señalar que las palabras del lenguaje ordinario o del lenguaje científico anterior que conserva están [101] completamente redefinidas y no obtienen su sentido sino del nuevo sistema teórico,[36] el lenguaje erudito no usa comillas o neologismos sino para manifestar simbólicamente una distancia y una ruptura ficticias con relación al sentido común: al no disponer de ninguna autonomía real, sólo puede, en efecto, producir completamente su efecto ideológico si resulta lo suficientemente transparente como para continuar evocando la experiencia y la expresión ordinaria que deniega.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las estrategias de falsa ruptura expresan la verdad objetiva de campos que no disponen sino de una falsa autonomía: en efecto, mientras que la clase dominante otorga a las ciencias de la naturaleza una autonomía acorde al interés que encuentra en las aplicaciones a la economía de las técnicas científicas, no tiene nada que esperar de las ciencias sociales, sino, en el mejor de los casos, una contribución particularmente preciada a la legitimación del orden establecido y un reforzamiento del arsenal de los instrumentos simbólicos de dominación. El desarrollo tardío y siempre amenazado de las ciencias sociales está allí para testimoniar que el progreso hacia la autonomía real, que condiciona y supone a la vez la instauración de los mecanismos constitutivos de un campo científico auto-regulado y autárquico, se choca necesariamente con obstáculos reconocidos en otra parte: y no puede ser de otro modo, porque lo que está en juego en la lucha interna por la autoridad científica en el campo de las ciencias sociales —es decir, el poder de producir, de imponer y de inculcar la representación legítima del mundo social—, es una de las apuestas de la lucha entre las clases en el campo político.[37] De ello se deriva que las posiciones en la lucha interna no pueden esperar jamás el grado de independencia respecto a las posiciones en la lucha externa que se observa en el campo de las ciencias de la naturaleza. La idea de una ciencia neutra es una ficción, y una ficción interesada, que permite dar por científica una forma neutralizada y eufemizada —por lo tanto, particularmente eficaz [102] simbólicamente porque es particularmente irreconocible— de la representación dominante del mundo social.[38]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Actualizando los mecanismos sociales que aseguran el mantenimiento del orden establecido y cuya eficacia propiamente simbólica descansa sobre el desconocimiento de su lógica y de sus efectos —fundamento de un reconocimiento sutilmente arrancado—, la ciencia social toma necesariamente parte en la lucha política. Es decir que, cuando llega a instaurarse (lo que supone el cumplimiento de ciertas condiciones, correlativas a un estado determinado de la relación de fuerzas entre las clases), la lucha entre la ciencia y la falsa ciencia de los doxósofos (que pueden reivindicar tradiciones teóricas más revolucionarias), aporta necesariamente una contribución a la lucha entre las clases que, al menos en este caso, no tienen igual interés en la verdad científica. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cuestión fundamental de la sociología de la ciencia toma, en el caso de las ciencias sociales, una forma particularmente paradójica: ¿Cuáles son las condiciones sociales de posibilidad del desarrollo de una ciencia libre de las coacciones y de las demandas sociales, sabiendo que, en este caso, los progresos en el sentido de la racionalidad científica no son progresos en el sentido de la neutralidad política? Se puede negar la cuestión. Es lo que hacen, por ejemplo, todos aquellos que imputan todas las particularidades de las ciencias sociales a su situación de reciente emergencia, en nombre de una filosofía ingenuamente evolucionista que pone a la ciencia oficial en el término de la evolución. De hecho, la teoría del retraso no es verdadera, paradójicamente, sino en el caso de la sociología oficial y, más precisamente, de la sociología oficial de la sociología. En efecto, basta con traer a la memoria los análisis célebres de Alexander Gerschenkron sobre el “retraso económico”, para comprender los rasgos más característicos de estas formas particulares de discurso erudito que son las falsas ciencias. Gerschenkron observa, en efecto, que, cuando el proceso de industrialización comienza con retraso, presenta diferencias sistemáticas con el que se ha producido en los países más desarrollados, no solamente en lo que concierne a la rapidez del desarrollo, sino también en lo que concierne a las “estructuras productivas y organizacionales”, porque pone en práctica “instrumentos institucionales” originales y porque se desarrolla en un clima ideológico diferente.[39] La existencia de ciencias más avanzadas [103] —grandes proveedoras no solamente de métodos y de técnicas, las más de las veces &lt;br /&gt;empleadas fuera de las condiciones técnicas y sociales de validez, sino también de ejemplos - es lo que permite a la sociología oficial darse todas las apariencias de la cientificidad: el alarde de autonomía puede tomar aquí una forma sin precedentes, de la cual el esoterismo de las viejas tradiciones letradas sabiamente mantenido no representa sino una pobre anticipación. La sociología oficial apunta no a realizarse como ciencia, sino a realizar la imagen oficial de la ciencia que la sociología oficial de la ciencia —suerte de instancia jurídica que se da la comunidad (el término se aplica perfectamente en este caso) de los sociólogos oficiales—, tiene por función proporcionarles al precio de una reinterpretación positivista de la práctica científica de las ciencias de la naturaleza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para convencerse completamente de la función de ideología justificadora que cumple la historia social de las ciencias sociales, tal como se practica en el establishment americano,[40] bastaría con reseñar el conjunto de trabajos directa o indirectamente consagrados a la competition, la palabra clave de toda la sociología de la ciencia americana que, en su oscuridad de concepto nativo promovido a la dignidad científica, condensa todo lo impensado (la doxa) de esta sociología. La tesis según la cual productividad y competencia están directamente ligadas,[41] se inspira en una teoría funcionalista de la competencia, que es una variante sociológica de la creencia en las virtudes del “mercado libre”; el término inglés competition designa también lo que nosotros llamamos concurrencia:[42] al reducir toda competencia a la competition entre universidades o al hacer de la competition entre universidades la condición de [104] la competencia entre investigadores, no se interroga jamás sobre ¡os obstáculos a la competencia científica que son imputables a la competition, a la vez económica y científica, cuyo lugar es el academic rnarket place.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La competition que reconoce esta ciencia del establishment es la competencia en los límites de la conveniencia social, que obstaculiza a la verdadera competencia científica, capaz de poner en cuestión a ¡a ortodoxia, tanto más fuertemente cuanto se la sitúa en un universo más cargado de arbitrariedad social. Se comprende que la exaltación de ¡a unanimidad del “paradigma” pueda coincidir con la exaltación de la competencia —o incluso que se pueda, según los autores, reprochar a la sociología europea de pecar por exceso o por defecto de competencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Además de las herramientas y de las técnicas —computadoras y programas de tratamiento automático de los datos, por ejemplo— la sociología oficial toma prestado un modelo de la práctica científica, tal como la imaginación positivista se la representa; es decir, con todos ¡os atributos simbólicos de la respetabilidad científicas, máscaras y elementos postizos tales como los accesorios tecnológicos y el kitch retórico, y un modelo de la organización de lo que ella llama “la comunidad científica”, tal como su pobre ciencia de las organizaciones le permite concebirla. Pero la sociología oficial no tiene el monopolio de las lecturas interesadas de la historia de la ciencia: la dificultad particular que la sociología tiene para pensar científicamente la ciencia, tiene relación con el hecho de que ella está situada en lo más bajo de la jerarquía social de las ciencias. Ya sea que se eleve para pensar ciencias más científicas mejor de lo que ellas mismas se piensan, ya sea que descienda para registrar la imagen triunfante que la hagiografía científica produce y propaga, ella siempre tiene la misma dificultad para pensarse como ciencia, es decir, para pensar su posición en la jerarquía social de las ciencias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esto se ve con toda claridad en las reacciones que ha suscitado el libro de Thomas Kuhn, The Structure of Scientific Revolutions y que proporcionarían un material experimental de alta calidad para un análisis empírico de las ideologías de la ciencia y de sus relaciones con la posición de sus autores en el campo científico. Es verdad que este libro, del cual no se sabe jamás exactamente si describe o prescribe la lógica del cambio científico (ejemplo de prescripción larvada: la existencia de un paradigma es un signo de madurez científica), invitaba a sus lectores a buscar allí respuestas a las preguntas sobre la buena o la mala ciencia.[43] [105]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Del lado de los que el lenguaje nativo llama “radicales”, se ha leído en el libro de Thomas Kuhn una invitación a la “revolución” contra el “paradigma”[44] o una justificación del pluralismo liberal de los world-views,[45] dos tomas de posición que corresponden sin duda a posiciones diferentes dentro del campo.[46] Del lado de los sostenedores del orden científico establecido, se ha leído allí una invitación a arrancar a la sociología de la fase “pre-paradigmática”, imponiéndoles la constelación unificada de creencias, de valores y de técnicas que simboliza la tríada capitolina de Parsons y de Lazarsfeld reconciliadas en Merton. La exaltación de la cuantificación, de la formalización y de la neutralidad ética, el desdén por la “filosofía” y el rechazo de la ambición sistemática en beneficio de la minucia de la verificación empírica y de la floja conceptualización llamada operatoria de las “teorías de alcance medio”, son otros tantos rasgos obtenidos por una transmutación desesperadamente transparente del ser en deber ser, que encuentra su justificación en la necesidad de contribuir al reforzamiento de los “valores comunitarios” considerados como la condición para el “despegue”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Falsa ciencia destinada a producir y a mantener la falsa conciencia, la sociología oficial (de la cual la politología es hoy su más bello florón) debe hacer alarde de objetividad y de “neutralidad ética” (es decir, de neutralidad en la lucha entre las clases, cuya existencia niega, por otra parte) y dar [106] todas las apariencias de una ruptura tajante con la clase dominante y sus demandas ideológicas, multiplicando los signos exteriores de cientificidad: &lt;br /&gt;se tiene así, del lado “empírico”, el alarde tecnológico, y, del lado de la teoría, la retórica de lo “neo” (floreciente también en el campo artístico) que imita a la acumulación científica, aplicando a una obra o a un conjunto de obras del pasado (cf. The Structure of Social Action) el procedimiento típicamente letrado de la “relectura”, operación paradigmáticamente escolar de simple reproducción o de reproducción simple adecuada para producir, en los límites del campo y de la creencia que él produce, todas las apariencias de la “revolución”. Sería necesario analizar sistemáticamente esta retórica de la cientificidad por la cual la “comunidad” dominante produce la creencia en el valor científico de sus productos y en la autoridad científica de sus miembros: ya sea, por ejemplo, el conjunto de las estrategias destinadas a dar las apariencias de la acumulatividad, tales como las referencias a las fuentes canónicas, la mayoría de las veces reducidas, como se dice, “a su más simple expresión” (basta pensar en el destino póstumo de El Suicidio), es decir, a chatos protocolos que simulan el frío rigor del discurso científico, y a los artículos más recientes posibles (se conoce la oposición entre las ciencias “duras” —hard— y las ciencias “blandas” —soft—) sobre el mismo tema; o también las estrategias de cierre, que pretenden marcar una separación tajante entre la problemática científica y los debates profanos y mundanos (siempre presentes, pero bajo el título de “fantasmas en la máquina”), al precio, la mayoría de las veces, de simples retraducciones lingüísticas; o las estrategias de denegación, que florecen entre los politólogos, hábiles para realizar el ideal dominante de “la objetividad” en un discurso apolítico sobre la política, donde la política inhibida no puede aparecer sino bajo las apariencias irreconocibles, por lo tanto irreprochables, de su denegación politicológica.[47] Pero estas estrategias cumplen por añadidura una función esencial: la circulación circular de los objetos, de las ideas, de los métodos y, sobre todo, de los signos de reconocimiento en el interior de una comunidad (sería necesario decir un club abierto a los únicos miembros nativos o importados del Ivy League)[48] produce, como todo circulo de [107] legitimidad, un universo de creencia cuyo equivalente se encuentra tanto en el religioso cuanto en el campo de la literatura o de la alta costura.[49]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero, aquí también, es necesario cuidarse de conferir a la falsa ciencia oficial la significación que le confiere la crítica “radical”. A pesar de su oposición sobre el valor que confieren al “paradigma”, principio de unificación necesario para el desarrollo de la ciencia en un caso, fuerza de represión arbitraria en otro caso —o alternativamente, uno u otra en Kuhn-, conservadores y “radicales”, adversarios cómplices, acuerdan de hecho en lo esencial: por el punto de vista unilateral que toman necesariamente sobre el campo científico, eligiendo, al menos inconscientemente, uno u otro de los campos antagonistas, no pueden percibir que el control o la censura no es ejercido por tal o cual de las instancias sino por la relación objetiva entre adversarios cómplices que, por su antagonismo mismo, delimitan el campo de la discusión legítima, excluyendo como absurdo o ecléctico, o simplemente como impensable, toda tentativa de tomar una posición no prevista (en el caso particular, por ejemplo, para poner al servicio de otra axiomática científica las herramientas técnicas elaborados por la ciencia oficial).[50]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Expresión apenas eufemizada de los intereses de los dominados del campo científico, la ideología “radical” tiende a tratar toda revolución contra el orden científico establecido como revolución científica, haciendo como si fuera suficiente que una “innovación” sea excluida de la ciencia oficial para que pueda ser tenida como científicamente revolucionaria, y omitiendo así plantear la cuestión de las condiciones sociales por las cuales una revolución contra el orden científico establecido es también una revolución científica y no una simple herejía que apunta a revertir la relación de las fuerzas establecidas en el campo, sin transformar los principios sobre los cuales [108] descansa su funcionamiento.[51] En cuanto a los dominantes, inclinados a admitir que el orden científico —en el cual están ubicadas todas sus inversiones (en el seno de la economía y del psicoanálisis) y en el cual ellos están en condiciones de apropiarse de los beneficios— es el deber ser realizado, son lógicamente proclives a adherir a la filosofía espontánea de la ciencia, que encuentra su expresión en la tradición positivista; forma del optimismo liberal que quiere que la ciencia progrese por la fuerza intrínseca de la idea verdadera y que los más “poderosos” sean también por definición los más “competentes”: basta con pensar en los antiguos estados del campo de las ciencias de la naturaleza o en el estado actual del campo de las ciencias sociales, para percibir la función ideológica de sociodicea de esta filosofía de la ciencia que, dando el ideal como realizado, excluye la cuestión de las condiciones sociales de realización del ideal. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Planteando que la sociología de la ciencia misma funciona según las leyes de funcionamiento de todo campo científico que establece la sociología científica de la ciencia, la sociología de la ciencia no se condena de ningún modo al relativismo. En efecto, una sociología científica de la ciencia (y la sociología científica que contribuye a hacer posible) no puede constituirse sino a condición de percibir claramente que a las diferentes posiciones dentro del campo científico están asociadas representaciones de la ciencia, estrategias ideológicas disfrazadas de tomas de posición epistemológicas, por las cuales los ocupantes de una posición determinada apuntan a justificar su propia posición y las estrategias que ponen en práctica para mantenerla o mejorarla, al mismo tiempo que para desacreditar a los ocupantes de la posición opuesta y sus estrategias. Cada sociólogo es buen sociólogo de sus concurrentes, no siendo la sociología del conocimiento o de la ciencia sino la forma más irreprochable de las estrategias de descalificación del adversario, desde el momento en que toma por objeto a los adversarios y a sus estrategias y no al sistema completo de las estrategias, es decir el campo de [109] las posiciones a partir del cual ellas se engendran.[52] La sociología de la ciencia no sería tan difícil si no fuese porque el sociólogo tiene apuestas en el juego que pretende describir (en primer lugar, la cientificidad de la sociología y, en segundo lugar, la cientificidad de la forma de sociología que él practica) y porque no puede objetivar estas apuestas y las estrategias correspondientes, sino a condición de tomar por objeto no sólo a las estrategias de sus adversarios científicos sino al juego en cuanto tal, que dirige también sus propias estrategias, amenazando con gobernar secretamente su sociología y su sociología de la sociología.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[1] “Le champ scientifique”, Actes de la recherche en sciences sociales, 2-3, junio de 1976, pp. 88-104.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[2] Este texto ha aparecido bajo una forma ligeramente diferente en Sociologie et Sociétés 7 (1), 1975, pp. 91-118.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[3] El conflicto que relata Sapolsky entre los partidarios de la fluoridación, es decir, entre los detentadores de la autoridad oficial (healt officials) que se estiman únicos “competentes” en materia de salud pública, y los adversarios de esta innovación, entre los cuales se cuentan muchos científicos, pero quienes, a los ojos de los oficiales, sobrepasan “los límites de su dominio propio de competencia”, permite percibir claramente la verdad social de la competencia, como palabra autorizada y palabra de autoridad que es lo que está en juego en una lucha entre los grupos (cf. H. M. Sapolsky, “Science, Voters and the Fluoridation Controversy”, Science, Vol. 162, 25 de octubre de 1968, pp. 427-433). El problema de la competencia no se plantea jamás con tanta agudeza y claridad como en la relación con los “profanos” (cf. S. B. Barnes, “On the Reception of Scientific Beliefs, in B. Barnes (ed.), Sociology of Science, London, Penguin, 1972, pp. 269-291; L. Boltanski y P. Maldidier, “Carrière scientifique, morale scientifique et vulgarisation”, information sur les silentes sociales, (9), 3, 1970, pp. 99-118).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[4] F. Reif, “The Competitive Word of de Pure Scientist”, Science, 15 de diciembre de 1961, 134, (34-94), pp. 1957-1962.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[5] Es necesario comprender en la misma lógica las transferencias de capital de un campo determinado a un campo socialmente inferior, donde una competencia menos intensa promete posibilidades de beneficios más altas al detentador de un capital científico determinado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[6] De entre las innumerables expresiones de este credo neutralista, ésta es particularmente típica: “En cuanto profesionales -como universitarios o en el ejercicio de su profesión- los sociólogos se consideran especialmente capaces de separar, en nombre del sentido de su responsabilidad social, su ideología personal de su rol profesional en sus relaciones con sus clientes, sus públicos y sus pares. Es claro que esto es el resultado más cabal de la aplicación del concepto de profesionalización en la sociología, particularmente en el período de activismo universitario que comienza en 1965 (Ben-David, 1972). Desde la organización inicial de la sociología como disciplina, muchos sociólogos han tenido ideologías personales tan intensas que los empujaban a tratar de poner sus conocimientos al servicio del cambio social, mientras que, como universitarios, debían afrontar el problema de las normas que se imponen al docente y al investigador”. M. Janowirz, Tbe American Journal of Sociology, 78 (1), julio de 1972, pp. 105-135.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[7] W. D. Hagstrom, The Scientific Community, New York, Basic Books, 1965, p. 100.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[8] Fred Reif recuerda que aquellos que, con la preocupación de ver su trabajo publicado lo más rápidamente posible, recurren a la prensa cotidiana (descubrimientos importantes en física han podido así ser anunciados en el New York Times), se atraen la reprobación de sus pares-concurrentes, en nombre de la distinción entre publicación y publicidad que dirige también las actitudes respecto a ciertas formas de vulgarización, siempre sospechosas de no ser sino formas eufemizadas de auto-divulgación. Será suficiente citar los comentarios del editor del diario oficial de los físicos americanos: &lt;br /&gt;“Por cortesía respecto a sus colegas, los autores tienen la costumbre de impedir toda forma de divulgación pública de sus artículos antes de que éstos hayan aparecido en la revista científica. Los descubrimientos científicos no poseen las características sensacionalistas que interesan a los diarios y todos los medios de comunicación de masas deben poder tener acceso simultáneamente a la información. En adelante, rechazaremos pues los artículos cuyo contenido hubiera sido ya publicado en la prensa cotidiana”. F. Reif, op. cit.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[9] En cada momento, hay una jerarquía social de los campos científicos -las disciplinas- que orienta fuertemente las prácticas y particularmente las “elecciones” de “vocación” -y al interior de cada uno de ellos, una jerarquía social de los objetos y de los métodos de tratamiento. (Sobre este punto, cf. P. Bourdieu, “Méthode scientifique et hiérarchie sociale des objets”, Actes de la Recherche en Sciences Sociales, 1, 1975. PP. 4-6.) (Las autorreferencias, muy numerosas en este texto, tienen una función estrictamente estenográfica.) &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[10] Como la filosofía social de inspiración durkheimiana que describe el conflicto social en el lenguaje de la marginalidad, de la desviación o de la anomia, esta filosofía de la ciencia tiende a reducir las relaciones de competencia entre dominantes y dominados a las relaciones entre un “centro” y una “periferia”, al reencontrar la metáfora emanatista, cara a Halbwachs, de la distancia al “foco” de los valores centrales (cf., por ejemplo. J. Ben David, The Scientist’s Role in Society, Englewood Cliffs (N. J.), Prentice Hall Inc., 1971, y E. Shills, “Center and Peripheria”, en: The Logie of Personal Knowledge, Essays Presented to Michael Polanyi on His Seventieth Birthday, London, Rontledge and Kegan Paul Ltd., 1961, pp. 117-130).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[11] Detrás de las problemáticas de expertos sobre el valor relativo de los regímenes universitarios, se oculta, inevitablemente, la cuestión de las condiciones óptimas para el desarrollo de la ciencia y por ello del mejor régimen político, puesto que los sociólogos americanos tienden a hacer de la “democracia liberal” a la manera americana la condición de la “democracia científica”. Cf., por ejemplo, R. K. Merton, “Science and Technology in a Democratic Order”, Journal of Legal and Political Sociology, Vol. 1, 1942, publicado nuevamente en R. K. Merton, Social Theory and Social Structure [Teoría y estructura sociales, Buenos Aires-México, FCE, 1964] edición revisada, Free Press, 1967, pp. 550-551; bajo el título “Science and Democraic Social Structure”, B. Barber, Science and the Social Order, Glencoe, The Free Press, 1952, pp. 73 y 83.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[12] Así se explican las estrategias muy diferentes que los investigadores ponen en práctica en la difusión de las preimpresiones y de las reimpresiones. Sería fácil mostrar que todas las diferencias observadas según la disciplina y la edad de los investigadores o la institución a la cual pertenecen pueden ser comprendidas a partir de las funciones muy diferentes que cumplen estas dos formas de comunicación científica; la primera, que consiste en difundir muy rápidamente, escapando a las demoras de la publicación científica (ventaja importante en los sectores altamente competitivos), entre un número restringido de lectores que son también, frecuentemente, los concurrentes más competentes, productos que no están protegidos por la publicación oficial contra la apropiación fraudulenta, pero que son susceptibles de ser mejorados por la circulación; la segunda, que consiste en divulgar más ampliamente, entre el conjunto de los colegas o de los interesados, productos marcados y socialmente imputados a un nombre propio (cf. W. Hagstrom, “Factors Related to de Use of Different Modes of Publishing Research in Four Scientific Fields”, en: C. E. Nelson y D. K. Pollok, eds., Communication Among Scientists and Engineers, Lexington (Mass.), Health Lemington Books, D.C. Heath and Co., 1970).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[13] De allí las dificultades que se encuentran en las investigaciones sobre los intelectuales, los sabios o los artistas, tanto en la investigación misma como en la publicación de los resultados: proponer el anonimato a personas que están totalmente ocupadas en hacerse un nombre, es hacer desaparecer la motivación principal de la participación en una investigación (cf. El modelo de la encuesta literaria o del interview); no proponerlo es prohibirse plantear cuestiones “indiscretas”, es decir, objetivantes y reductoras. La publicación de los resultados plantea problemas equivalentes, aunque no fuera sino porque el anonimato tiene por efecto tornar el discurso ininteligible o transparente según el grado de información de los lectores (tanto más cuanto, en este caso, muchas posiciones no cuentan sino con un elemento, un nombre propio).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[14] H. A. Zukerman, “Patterns of Name Ordering among Authors of Scientifics Papers: A Study of Social Simbolism and its Ambiguity”, American Journal of Sociology, 74 (3), noviembre de 1968, pp. 276-291.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[15] El modelo propuesto aquí da cuenta perfectamente -sin apelar a ningún determinante moral- del hecho de que los laureados ceden el primer rango más frecuentemente luego de la obtención del premio y de que su contribución a la investigación premiada sea más visiblemente marcada que la parte que ellos han tomado en sus otras investigaciones colectivas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[16] Cf. Por ejemplo L. L. Hargens y W. O. Hagstrom, “Sponsored and Contest Mobility of American Academic Scientist”, Sociology of Education, 40 (1), invierno de 1967, pp. 24-38.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[17]  Cf. P. Bourdieu, L. Bolranski y P Maldidier, “La defense du corps”, Information sur sciences sociales, 10 (4), pp. 45-86.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[18] El análisis estadístico muestra, por ejemplo, que, para el conjunto de las generaciones pasadas, la edad de productividad científica máxima se situaba entre los 26 y los 30 años en los químicos, entre los 30 y los 34 años en los físicos y los matemáticos, entre los 35 y los 39 años entre los bacteriólogos, los geólogos y los fisiólogos. H. C. Lehman, Age and Achievment, Princeton, Princeton University Press, 1953.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[19] Cf. F. Reif y A. Strauss. “The impact of Rapid Discovery upon the Scientist’s Career”, Social Problems, invierno de 1965, pp. 297-311. La comparación sistemática de este artículo -para el cual el físico ha colaborado con el sociólogo— con el que escribía el físico algunos años antes proporcionaría enseñanzas excepcionales sobre el funcionamiento del pensamiento sociológico americano. Basta indicar que la “conceptualización” (es decir la traducción de los conceptos nuevos en la jerga de la disciplina) tiene por precio la desaparición total de la referencia al campo en su conjunto y, en particular, al sistema de las trayectorias (o de las carreras) que confiere a cada carrera singular sus propiedades más importantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[20] Cf. B. G. Glaser, “Variations in the Importance of Recognition in Scientist’s Careers”, Social Problems, 10 (3) invierno de 1963, pp. 268-276.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[21] Para evitar rehacer aquí toda la demostración, me contentaré con remitir a P. Bourdieu, “Les catégories de l’entendement professoral”, Actes de la recherche en sciences sociales, 3, 1975, pp. 68-93.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[22] Sobre la acción de “filtro” de los comités de redacción de revistas científicas (en ciencias sociales), ver D. Crane, “The Gate-Keepers of Science: Some Factors Affecting the Selection of Articles for Scientific Journals”, American Sociologist, 11, 1967, pp. 195-201. Todo autoriza a pensar que en materia de producción científica, como en materia de producción literaria, los autores seleccionan, consciente o inconscientemente, los lugares de publicación en función de la idea que ellos se hacen de sus “normas”. Todo inclina a pensar que la auto-eliminación, menos perceptible, es al menos tan importante como la eliminación expresa (sin hablar del efecto que produce la imposición de una norma de lo publicable).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[23] Se verá más adelante que la forma original que reviste esta transmisión reglada del capital científico en los campos donde, como en la física en la actualidad, la conservación y la subversión son casi indiscernibles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[24] Tal mecanismo es el que tiende a asegurar el control de las relaciones con el universo exterior, con los laicos, es decir, la “vulgarización científica” como auto-divulgación del sabio (cf. L. Botanski y p. Maldidier, Op. cit.).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[25] En efecto, no hay duda que la filosofía de la historia de la ciencia que propone Kuhn, con la alternancia de concentración monopolística (paradigma) y de revolución, debe mucho al caso particular de la “revolución copernicana” tal como él la analiza y la considera, como “típica de toda otra inversión mayor de la ciencia”. T. Kuhn, La révolution copernicienne, París, Fayard, 1973, pp. 153 y 162 (trad. esp.: La revolución copernicana, Buenos Aires, Hyspamérica, 1987): siendo todavía muy débil la autonomía relativa de la ciencia con relación al poder, y en particular con relación a la Iglesia, la revolución científica (en la astronomía matemática) pasa por la revolución política y supone una revolución de codas las disciplinas científicas que puede tener efectos políticos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[26] Además de Bachelard y Reif (ya citados), D. Bloor ha percibido que las transformaciones en la organización social de la ciencia han determinado una transformación de la naturaleza de las revoluciones científicas (cf. D. Bloor, “Essay Review; Two Paradigms for Scientific Knowledge?”, Sciences Studies, 1971, 1, pp. 101-115).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[27] G. Bachelard, Le Matérialisme rationnel, París, PUF 1953, p. 41 (trad. esp. El materialismo racional, Buenos Aires, Paidós, 1972).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[28] La principal censura está constituida por este derecho de entrada, es decir, por las condiciones de acceso al campo científico y al sistema de enseñanza que le da entrada. Habría lugar para interrogarse sobre las propiedades que las ciencias de la naturaleza (sin hablar de las ciencias del hombre en las que, por el hecho de la debilidad de los métodos, la más grande libertad está dejada a los habitus), deben a su reclutamiento social, es decir, grosso modo, a las condiciones de acceso a la enseñanza superior (cf. M. De Saint Martin, op. cit.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[29] Se sabe que las revoluciones inaugurales mismas, que dan nacimiento a un nuevo campo constituyendo, por la ruptura, un nuevo dominio de objetividad, incumben casi siempre a detentadores de un gran capital científico, quienes, en virtud de variables secundarias (tales como la pertenencia a una clase social o a una etnia improbable en este universo) se encuentran ubicados en una posición inestable, adecuada para favorecer la inclinación revolucionaria: es el caso, por ejemplo, de los recién llegados que importan a un campo el capital acumulado en un campo científico socialmente superior (cf. J. Ben David, “Roles and Innovation in Medicine”, American Journal of Sociology, 65, 1960, pp. 557-568; J. Ben David y R. Vollins, “Social factors in the Origins of a New Science: the Case of Psichology”, American Sociological review, 31, 1966, pp. 451-465).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[30] Se ha visto más arriba la descripción que da E Reif de la forma que toma, la mayoría de las veces, la acumulación del capital en tal estado del campo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[31] En efecto, se estará de acuerdo en observar que la lucha científica deviene cada vez más intensa (a pesar del efecto de la especialización que tiende sin cesar a reducir el universo de los concurrentes, por la división en sub-campos cada vez más estrechamente especificados) a medida que la ciencia avanza, es decir, más precisamente, a medida que los recursos científicos acumulados se incrementan y que el capital necesario para realizar la invención deviene más amplia y uniformemente esparcido entre los concurrentes, por el hecho de la elevación del derecho de entrada en el campo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[32] El conjunto de los procesos que acompañan la autonomización del campo científico mantiene relaciones dialécticas: así, la elevación continua del derecho de entrada que implica la acumulación de recursos específicos contribuye, recíprocamente, a la autonomización del campo científico, instaurando una ruptura social, tanto más radical cuanto no buscado, con el mundo profano de los laicos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[33] El habitus producido por la primera educación de clase y el habitus secundario inculcado por la educación escolar contribuyen, con pesos diferentes en el caso de las ciencias sociales y de las ciencias de la naturaleza, a determinar una adhesión prerreflexiva a los presupuestos tácitos del campo (sobre el rol de la socialización, cf. W. D. Hagstrom, op. cit., p. 9 y T. S. Kuhn, “The Function of Dogma in Scientific Research”, en: A. C. Crombie (ed.), Cientific Change, London, Heineman, 1963, pp. 347-369).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[34] Se ve en lo que podría devenir la etnometodología (¿pero ella sería todavía la etnometodología?) si ella supiera que lo que toma por objeto, el taken for granted de Schutz, es la adhesión prerreflexiva al orden establecido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[35] En el caso del campo de producción ideológica (del cual participan también los diferentes de discurso erudito o letrado) el fundamento del consenso en el disenso que define la doza reside, como veremos, en la relación censurada del campo de producción en su conjunción con el campo del poder (es decir, en la función oculta del campo de la lucha de clases).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[36] G. Bachelard, op. cit., pp. 216-217.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[37] Es así que los sistemas de clasificación (taxonomías) sociales, que son una de las apuestas esenciales de la lucha ideológica entre las clases (cf. P. Bourdieu y L. Boltanski, “Le titre et le poste: rapports entre le système de production et le systeme de reproductio”, Actes de la recherche en sciences socials, 2, 1975, pp. 95-107). constituyen también —a través de las tomas de posición sobre la existencia o la no-existencia de las clases sociales— uno de los grandes principios de la division del campo sociológico (cf. P. Bourdieu, “Classes et classement”, Minuit, 5, 1973. pp. 22-24, y A. P. A. Coxon y C. L Jones, Occupational Categorization and Images of Society,Working Paper nº 4, Project on Occupational Cognition, Edinburgh, Edinburgh University Press, 1974).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[38] De ello se deriva que la sociología de la ciencia (y. en particular. de la relación que la ciencia social mantiene con la clase dominante) no es una especialidad entre otras, sino que forma parte de las condiciones de una sociología científica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[39] A. Gerschenkron, Economic Backwardness in Historical Perspective, Cambridge, Harvard University Press, 1962, p. 7.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[40] La filosofía de la historia que frecuenta esta historia social de la ciencia social encuentra una expresión paradigmática en la obra de Terry Clark que, en un informe, Paul Vogt caracteriza sociológicamente con dos adjetivos: ‘Terry N. Clarck’s long-awaited, much circulated in manuscript Prophets and Patrons” (cf. T. Clark, Prophets and Patrons, The French University and the Emergence of the Social Science, Cambridge, Harvard University Press, 1973, y J. C. Chamboredon, “Sociologie de la Sociologie et intérêts sociaux des sociologues”, Actes de la recherché en sciences sociales, 2, 1975, pp. 2-17).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[41] Joseph Ben David tiene el mérito de dar a esta tesis su forma más directa: el alto grado de competencia que caracteriza a la universidad americana explica su más alta productividad científica y su mayor flexibilidad (J. Ben David, “Scientific Productivity and Academic Organization in Nineteenth Century Medicine”, American Sociological Review, 25, 1960, pp. 828-843; Fundamental Research and the Universities, París, OCDE, 1968; J. Ben David y Avraham Zloczower, “Universities and Academic Systems in Modern Societies”, European Journal of Sociology, 3, 1962, pp. 45-84).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[42]  En francés concurrence. Por las connotaciones diferentes que este vocablo tiene, se ha preferido, a lo largo del texto, traducir concurrence por concurrencia, en un intento de ser fiel al contenido específico que el autor da al término, y para no confundirlo con “competencia”. (N. Del T.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[43] Más todavía que en este tuno —cuyas tesis esenciales no tienen nada de radicalmente nuevas, al menos para los lectores de Bachelard, objeto él mismo, casi al mismo tiempo y en otra tradición, de una captación semejante—, la intención normativa se ve en dos artículos donde T. Kuhn describe las funciones positivas para el desarrollo científico de un pensamiento “convergente” y sostiene que la adhesión dogmática a una tradición es favorable a la investigación. T. Kuhn, “The Function of Dogma in Scientific Research”, en: A. C. Crombie (ed.), op. cit., pp. 347-369; “The Essential Tension: Tradition and Innovation in Scientific Research”, en: L. Hudson (ed.), The Ecology of Human Intelligence, London, Penguin, 1970, pp. 342-359.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[44] Cf., por ejemplo, A. W. Gouldner, The Coming Crisis of Western Sociology, New York, London, Basic Books, 1970 y R. W. Friedrichs, A Sociology of Sociology, New York, Free Press, 1970.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[45] E. Gellner, “Myth, Ideology and revolution”, en: B. Crick y W. A. Robson (ed.), Protest and Discontent, London, Penguin, 1970, pp. 204-220.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[46] Una revista tal como Theory and Society debe la importancia puramente social que le permite existir y subsistir sin otro contenido positivo que esta suerte de vago humanismo antipositivista en el cual se reconocen los “sociólogos críticos” (otro concepto nativo), al hecho de que proporciona una unidad estrictamente negativa a todas las corrientes que se encuentran o se piensan fuera del establishment americano, desde la etnometodología, heredera de la fenomenología, hasta el neomarxismo, pasando por la psico-historia. (Puede encontrarse un cuadro sinóptico bastante fiel de esta constelación ideológica en P. Bandyapadhyav, “One Sociology or Many: Some lssues in Radical Sociology”, Sociological Review, Vol. 19, febrero de 1971, pp. 5-30.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[47] Cf. P. Bourdieu, “Les doxosophes “, Minuit, 1, 1973, pp. 26-45 (en particular el análisis del efecto Lipset).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[48] La sociología oficial de la ciencia ofrece una justificación para cada uno de estos rasgos. Así, por ejemplo, el evitar los problemas teóricos fundamentales encuentra una justificación en la idea de que, en las ciencias de la naturaleza, los investigadores no se inquietan por la filosofía de la ciencia (cf. W. O. Hagstrom, op. cit., pp. 277-279). Se ve sin dificultad lo que tal sociología de la ciencia puede deber a la necesidad de legitimar un estado de hecho y de transformar los límites sufridos en exclusiones electivas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[49] Sobre la producción de la creencia y del fetichismo en el campo de la alta costura, ver P. Bourdieu e Y. Delsaut, “Le couturier et sa griffe: contribution à une théorie de la magie”, Actes de la recherche en sciences sociales. 1 (1), enero de 1975, pp. 7-36.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[50] Tales parejas epistemológicas, que son al mismo tiempo parejas sociológicas, funcionan en todo campo (cf., por ejemplo, el Posiitvismusstreit que opone a Habermas y a Popper en el caso de Alemania –mecanismo de desvío que habiendo hecho sus pruebas en Europa comienza a hacer estragos en los Estados Unidos con la importación de la Escuela de Frankfturt.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[51] Sería necesario analizar todos los usos estratégicos que los dominados en un campo pueden hacer de la transfiguración ideológica de su posición objetiva: por ejemplo, el alarde de exclusión que permite a los excluidos también sacar partido de la institución (que ellos reconocen lo suficiente como para reprocharle que no los reconozca) haciendo de la exclusión una garantía de cientificidad; o incluso la contestación de la “competencia” de los dominantes que está en el centro de todo movimiento herético (cf. la contestación del monopolio del sacramento) y que debe armarse tanto menos de argumentos científicos cuando el capital científico acumulado es más débil, etc. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[52] Sobre la necesidad de construir como tal el campo intelectual para hacer posible una sociología de los intelectuales, que sea otra cosa que un intercambio de injurias y de anatemas entre “intelectuales de derecha” e “intelectuales de izquierda”, ver P. Bourdieu, “Les fractions de la classe dominante et les modes d’appropiation de l’oeuvre d’art”, Information sur les sciences sociales, 13 (3), 1974, pp. 7-32.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6739054310312818189-2571449632127559349?l=sociologiaucse.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sociologiaucse.blogspot.com/feeds/2571449632127559349/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://sociologiaucse.blogspot.com/2009/10/el-campo-cientifico-extracto.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6739054310312818189/posts/default/2571449632127559349'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6739054310312818189/posts/default/2571449632127559349'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sociologiaucse.blogspot.com/2009/10/el-campo-cientifico-extracto.html' title='El Campo Científico (Extracto)'/><author><name>Sociología</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00225090272172561897</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/_ZQ8l4wAZPYc/SqESpv2P2EI/AAAAAAAAAAM/smF_2BjspuE/S220/100_3725.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6739054310312818189.post-6791787829312836186</id><published>2009-10-19T11:09:00.000-03:00</published><updated>2009-10-19T11:10:31.130-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Movimiento Obrero        Reclamo'/><title type='text'>¿Qué queda del "movimiento obrero"?</title><content type='html'>Marina Farinetti* &lt;br /&gt;Facultad de Ciencias Sociales&lt;br /&gt;Universidad de Buenos Aires&lt;br /&gt;marinaf@coneau.edu.ar &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Introducción &lt;br /&gt;En los años transcurridos desde la instauración democrática en 1983, se han producido en Argentina dos grandes procesos que han cambiado el rumbo del desarrollo político, social y económico del país. En el plano político, han tenido lugar la consolidación de un régimen democrático de gobierno y el concomitante fortalecimiento de la competencia partidaria. En el plano económico, se ha acelerado el reemplazo del anterior modelo intervencionista por un modelo aperturista y desregulador del mercado interno. Este segundo proceso vino acompañado de una novedad adicional: el principal promotor político de la apertura y la desregulación económicas ha sido el peronismo, esto es, uno de los agentes que más había impulsado, en el pasado, el modelo intervencionista. &lt;br /&gt;Los procesos mencionados han tenido consecuencias importantes en el comportamiento del mercado laboral, en la orientación de la política laboral del gobierno y en las formas de acción colectiva de los agentes sectoriales. Durante los últimos años, han cobrado relevancia distintas formas de protesta asociadas a cuestiones laborales que se alejan de las formas "clásicas" de protesta laboral -la huelga y la movilización sindicales-, las cuales, por su parte, predominaron durante el gobierno de Alfonsín. Me refiero, principalmente, a los "estallidos sociales" en el interior del país y a los cortes de ruta1/. Esta "novedad" fue acompañada por cambios en las protestas sindicales. Ahondando en esta impresión general, me propongo indagar en este trabajo qué hay realmente de nuevo en el mapa de protestas laborales desde 1983 hasta la actualidad. &lt;br /&gt;Entiendo por protestas las manifestaciones colectivas de carácter público, directo y discontinuo que expresan desacuerdo y reclaman soluciones frente a un cierto estado de cosas. Una protesta es de carácter público toda vez que hace visible ante la población civil y/o las autoridades políticas un reclamo o una situación percibida como un problema social por los protagonistas. Tiene carácter directo cuando se expresa mediante algún tipo de acción que implica la interrupción de la actividad cotidiana o habitual de los participantes y/o cuando interrumpe el funcionamiento normal de la vida pública (huelgas, ocupaciones de establecimientos, cortes de ruta, actos y movilizaciones callejeras, etc.). Tiene carácter discontinuo en el tiempo cuando consiste en una acción episódica, aun cuando sea parte de una lucha más amplia o devenga en modalidades de acción y expresión más permanentes (por ejemplo, la protesta puede dar lugar a o ser expresión de un movimiento social con una base institucional y programática estable). Con esta definición se dejan de lado otras múltiples modalidades de acción colectiva, por ejemplo, los emprendimientos cooperativos, los grupos de ayuda mutua o las negociaciones entre empleados y empleadores contempladas en el sistema institucional de relaciones laborales. Entiendo por protestas laborales aquellas cuyo reclamo, demanda o reivindicación se refieren a problemas vinculados al trabajo: el salario, las condiciones laborales, las fuentes de trabajo, el marco regulatorio y demás. &lt;br /&gt;La pregunta por la novedad en las protestas laborales exige adoptar una perspectiva histórica, en función de la cual definiré un repertorio "clásico" de protestas laborales en Argentina. Argumentaré que el mismo obedece a la configuración del peronismo como referente central del reclamo obrero y propondré una interpretación acerca de la emergencia de nuevas formas de protesta laboral fundada principalmente en un análisis político. &lt;br /&gt;Aunque no forme parte de los objetivos de este trabajo, considero pertinente un análisis de la eventual incidencia de las transformaciones en el mercado de trabajo acontecidas entre 1983 y 1997 -en la estructura del empleo, los niveles de remuneraciones, la composición sectorial de la ocupación, el marco regulatorio, etc.- en las formas de protesta laboral. No obstante, pienso que ello no basta para analizar la evolución de las formas de protesta. Ni el descontento ni las formas de expresión del mismo podrían deducirse de datos "objetivos" tales como el aumento del desempleo, la caída del poder adquisitivo del salario o la disminución relativa de los obreros industriales. Tanto como la referencia a la situación socioeconómica de los sectores del trabajo, resulta necesaria una contextualización política de los fenómenos de protesta. La particular conformación histórica de las luchas laborales en Argentina, indiscernible del peronismo, nos impide hacer abstracción del aspecto político de las mismas2/ No alcanza, entonces, con analizar una evolución de categorías socioeconómicas para comprender la configuración histórica del repertorio de luchas laborales en Argentina; es preciso incorporar la dimensión política. Pues las condiciones y transformaciones socioeconómicas sólo impactan en las formas de protesta bajo la mediación de la arena política en la cual se configuran los intereses, identidades y recursos que orientan la acción colectiva. En este sentido, me propongo realizar un análisis político de la evolución de las formas de protesta en la nueva democracia argentina que otorgue especial interés al papel del peronismo en las reivindicaciones laborales. &lt;br /&gt;El plan del trabajo es el siguiente. Comenzaré por exponer los conceptos que considero apropiados para analizar la evolución de las formas de protesta en el período estudiado. He hallado útiles las nociones de "repertorio de acción colectiva", "estructura de oportunidades políticas" y "economía moral", desarrollados por Tilly, Tarrow y Thompson, respectivamente. En segundo lugar, definiré las formas de protesta laboral que, por su vigencia histórica, englobo bajo la denominación de repertorio clásico. El mismo está asociado al peronismo. En tercer lugar, expondré, con la correspondiente contextualización, las principales formas de protesta del período 1983-1997: las protestas sindicales, los "estallidos sociales" y los cortes de rutas. En cuarto lugar, analizaré qué hay de nuevo en estas formas en relación al repertorio clásico, hallando que existen razones para afirmar que el repertorio de protestas laborales se ha transformado en el transcurso del período analizado. Por último, me valdré de los tres conceptos expuestos al principio para ensayar una posible explicación de las innovaciones encontradas en el repertorio tradicional. &lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;1. El enfoque de las protestas &lt;br /&gt;En términos generales, el problema teórico que enfrento en este punto puede resumirse en la siguiente pregunta: ¿De qué dependen las formas mediante las cuales que se presenta el reclamo laboral? En otras palabras, ¿cuáles son las variables relevantes para explicar las formas de protesta? &lt;br /&gt;Los enfoques que he tomado en cuenta no son, desde ya, todos los que existen sino aquellos que me parece relevante tener en cuenta en función de mi preocupación teórica particular: ¿cómo se relacionan los cambios en el modelo económico, en las instituciones políticas y en los actores políticos registrados en la nueva democracia argentina con las formas de protesta por los problemas ligados al empleo? &lt;br /&gt;En un trabajo anterior 3/, he presentado un recorrido por los distintos enfoques teóricos sobre protestas consignados bajo la dicotomía individualismo-holismo. Establecí en aquella oportunidad dos grandes conjuntos de enfoques según propongan explicaciones centradas en el nivel de los individuos o en el nivel de las estructuras o totalidades: a saber, (1) enfoques individualistas y (2) enfoques holistas. Entre los primeros, consideré: los enfoques psicologistas tradicionales y los enfoques utilitaristas. Entre los segundos, el enfoque sistémico clásico y el enfoque de los nuevos movimientos sociales. &lt;br /&gt;Para el análisis de la evolución de las formas de protesta laboral entre 1983 y 1997, me ha resultado imposible optar por uno de los enfoques expuestos, pues considero que todos ellos aportan ideas interesantes como asi también todos presentan puntos vulnerables. &lt;br /&gt;El enfoque psicologista tradicional coloca a los fenómenos de movilización colectiva en el campo de la irracionalidad 4/. En este terreno operan mecanismos subjetivos (contagio, sugestión, frustración relativa), los cuales son considerados causa eficiente del comportamiento colectivo, sin intervención del cálculo racional de acciones posibles. Por tanto, esta perspectiva excluye la posibilidad de efectuar un análisis estratégico de la acción colectiva. Esto implica una limitación inadmisible para comprender las protestas laborales, las cuales, por lo general, suponen un alto componente de cálculo estratégico. Además, siendo las formas de acción colectiva una preocupación central de este trabajo, este enfoque no aporta elementos que permitan discriminar entre los determinantes de distintas formas de expresión. Pero, no obstante estas insoslayables restricciones, el enfoque tiene la virtud de indicar la existencia de determinantes subjetivos de la movilización colectiva resistentes al modelo utilitarista. &lt;br /&gt;La teoría de la movilización de recursos, deudora de los presupuestos del rational choice: maximización del autointerés como motivación de la acción y cálculo racional de estrategias posibles como método de decisión, provee un enfoque estratégico y utilitarista de las movilizaciones sociales 5/. Las variables fundamentales para el análisis de este tipo de sucesos son los recursos y las oportunidades para la acción. Los intereses y las preferencias de los actores se asumen como dados desde el punto de vista del análisis de la acción colectiva, siendo éste el punto quizá más vulnerable de la propuesta. Se trata de una perspectiva fértil para explorar la dinámica de movilización ya que presta especial interés a las redes organizativas y a la gestión de la acción. Pero no ayuda a comprender las apuestas identitarias o de lucha por el sentido de un estado de cosas determinado que se juegan en la protesta. El dispositivo del cálculo racional no puede dar cuenta de la visión de los sujetos acerca de lo que el mundo es ni de lo que tales sujetos creen que debe ser que ellos adhieren a sus actos. &lt;br /&gt;Curiosamente, Smelser (1989) avanza en esta última dirección al incorporar las creencias en la base del comportamiento colectivo. Elabora una teoría ciertamente compleja de los determinantes del comportamiento colectivo. Entre los mismos no solamente contempla la existencia de una tensión, falla, conflicto o disfunción del sistema social sino la propagación de una creencia que vuelva significativo este dato estructural a los ojos de los actores. La creencia tiene la función de identificar la fuente del problema y especificar las respuestas posibles. También esta teoría contempla como determinantes del comportamiento colectivo la dinámica de la propia movilización (los líderes, la organización, etc.), factores coyunturales precipitantes e incorpora el control social y la capacidad de las instituciones para tolerar y canalizar el conflicto social en el análisis del comportamiento colectivo. El problema de Smelser es su consideración del carácter disfuncional (patológico) y, por tanto, no institucionalizado del conflicto social. Coser (1961), sin renunciar al análisis sistémico, asigna funciones positivas al conflicto social en la definición de las identidades. &lt;br /&gt;Los enfoques sistémicos, más allá de sus alzados matices, nos indican que las variaciones en el grado y las formas de movilización social hay que buscarlas en la naturaleza de los cambios a nivel sistémico y en la capacidad de las instituciones para gestionar tal cambio. También el enfoque de los nuevos movimientos sociales sugiere esta misma pista -por esto lo he clasificado entre los enfoques sistémicos-. De este enfoque, me interesa particularmente su orientación a dar cuenta de una novedad en las formas de movilización social. Surge de la identificación de una situación de quiebre de las identidades tradicionales en las sociedades europeas centrales, la cual colocó a los individuos en la necesidad de construir identidades colectivas sustitutas que hicieran posible la acción colectiva en pos de la defensa de intereses u opciones de vida. El quiebre de las identidades tradicionales (de las identidades de clase, fundamentalmente, propias de la sociedad industrial) es atribuido a diversas causas según los autores. Sin embargo, todos se refieren a cambios globales: para Offe (1988), es la emergencia de la sociedad postindustrial; para Melucci (1994b), la emergencia de la sociedad de la información; para Habermas (1987), la colonización progresiva del "mundo de la vida" por la racionalidad instrumental. Además de la indicación acerca de dónde buscar la novedad, este enfoque aporta al análisis de fenómenos de acción colectiva una noción interesante de identidad colectiva, no antepuesta sino consustancial a la acción. Los estudios realizados bajo este enfoque se han interesado principalmente por la "novedad" de los movimientos estudiantil, feminista y antinuclear (para mencionar los más recurrentemente estudiados) surgidos en los años 80 en Europa. Las dificultades para extrapolar este enfoque a las protestas laborales en un país latinoamericano se muestran por sí mismas. &lt;br /&gt;El esfuerzo de la mayor parte de los autores contemporáneos ha ido en dirección de superar la dicotomía individualismo-holismo que guió la presentación de los enfoques realizada, acordando que la gracia de un "buen" enfoque de las movilizaciones sociales está en resolver el camino que va de la estructura o del sistema a la acción. Hecho el balance, queda desestimar para este trabajo una serie de antinomias: cálculo racional versus irracionalidad, estrategia versus identidad, individualismo metodológico versus holismo metodológico. &lt;br /&gt;Por mi parte, en vistas de abordar el problema que me ocupa en este trabajo y de ser menos injusta con algunos autores, creo que los conceptos de "repertorios de acción colectiva", de "economía moral" y de "estructura de oportunidades políticas", utilizados por Tilly, Thompson y Tarrow respectivamente, pueden ser el puente que necesitamos para poner en relación las formas de movilización con, por un lado, las transformaciones estructurales que implican las políticas neoliberales en Argentina y, por otro, con las transformaciones que ha experimentado el sistema político luego de la instauración del régimen democrático. Argumentaré que estos tres conceptos permiten atravesar la dicotomía metodológica individualismo-holismo, permitiendo sostener un enfoque que no deprecie el componente calculativo de la acción colectiva ni desatienda sus determinantes de tipo sistémico o estructural. &lt;br /&gt;El concepto de repertorio de acción colectiva desarrollado en los estudios de Tilly sobre fenómenos de protesta es especialmente sugerente para este trabajo. Un repertorio de protestas es el conjunto de medios de los que dispone un grupo particular para realizar reclamos, el cual no se explica solamente en términos instrumentales -como el medio más adecuado para alcanzar el fin deseado en una determinada circunstancia-, sino, al propio tiempo, en términos de aprendizaje. Por ejemplo, los obreros utilizan generalmente la huelga como medio de protesta, pero no lo hacen porque éste sea siempre el medio más eficaz para conseguir sus propósitos, sino porque es la herramienta que han incorporado en su proceso de aprendizaje en el ámbito laboral. La vigencia de un repertorio implica los siguientes factores: 1) rutinas cotidianas y redes de organización de la población; 2) experiencia acumulada de acción colectiva, una memoria y un saber; 3) estándares predominantes de derechos y justicia; 4) patrones de expresión. Por todo lo que implica, un repertorio suele ser estable, sirve como un marco definido de interacción social y ha de ser aprehendido tanto en términos estratégicos como culturales. No sólo cabe preguntarse cómo enfrenta la gente instrumentalmente la desocupación u otras situaciones con los recursos disponibles; debemos indagar también en qué horizonte de sentido estas circunstancias son percibidas como intolerables o injustas de modo tal que puedan motivar y justificar el reclamo. Un repertorio consiste en prácticas recurrentes a través del tiempo que logran convertirse en una "institución"; establece reglas que pautan el comportamiento y las expectativas de los actores. El concepto de repertorio no sólo hace referencia a lo que los individuos o los grupos hacen cuando entablan conflictos con otros; también designa lo que ellos saben que tienen que hacer y qué es lo que los otros (los desafiados, por ejemplo) esperan que ellos hagan. &lt;br /&gt;Tilly es un autor significativo para nuestro problema por su manera de relacionar procesos de transformación estructural, coyunturas políticas y protestas sociales. En su libro «The Contentious French. Four Centuries of Popular Struggle», Tilly analiza el devenir de una forma particular de acción colectiva denominada por él "contention" durante cuatro siglos: desde 1598 a 1984. Llama "contention" a las ocasiones en las que la gente actúa conjuntamente en base a sus intereses de una manera directa, visible, y afecta significativamente la realización de los intereses de otra gente. Abarca una variedad de fenómenos: sediciones, motines, tumultos, manifestaciones. &lt;br /&gt;Ahora bien, ¿de qué dependen los repertorios? Cambian en función de las fluctuaciones en los intereses, las oportunidades y la organización [1986:4]. En el libro citado, Tilly se pregunta: en el caso de Francia desde el siglo XVII al presente, cómo el desarrollo del capitalismo y la concentración del poder en el estado nacional afectaron las maneras en que la gente común "contendía", o lo dejaba de hacer, por sus intereses. Tomando un lugar, una población única o un evento no se podría responder a esta pregunta. Pero sí haciendo un estudio comparativo de las contiendas populares en diferentes regiones tomando un período largo de análisis. El primer problema que aborda Tilly en este trabajo con respecto al capitalismo y a la formación del estado nacional es determinar cómo los grandes cambios afectaron los intereses, las oportunidades y la organización de los diferentes grupos populares en los cuatro siglos y luego ver cómo estas alteraciones en los intereses, las oportunidades y la organización repercutieron en las contiendas. Tilly correlaciona la historia de estos cambios estructurales con la historia de las contiendas. Encuentra que las mayores fluctuaciones en estas últimas responde a las idas y vueltas del capitalismo y la construcción del estado nacional. La rápida construcción de un estado beligerante en el siglo XVII incitó la resistencia del pueblo cuyos derechos y recursos el estado comenzaba a afectar. El "boom" de la producción vía disciplinamiento en el siglo XIX produjo la preeminencia de la huelga por establecimiento. Pero no todas las contiendas respondieron tan directamente a los cambios globales. Estas fueron más intensas en el marco de las principales crisis políticas y los cambios de régimen, lo cual habilita a suponer que estos cambios afectaron las oportunidades para actuar. Los cambios estructurales provocados por el capitalismo y el estado nación están en la base de los cambios en el repertorio de acción colectiva al comienzo del estado capitalista moderno. Es decir, los repertorios son tan permanentes que sólo el conjunto de los cambios económicos y políticos que se produjeron en los países occidentales a lo largo del siglo XIX pudo dar lugar a la sustitución del repertorio "tradicional" por el "moderno". El viejo repertorio se caracterizaba por ser, en su alcance: local y, en su orientación hacia los detentadores del poder, "patronizado". Había estado en vigencia en países como Francia al menos durante doscientos años (desde la desaparición de las grandes revueltas campesinas de corte comunitario, a mediados del siglo XVII). El "nuevo" se caracterizó por ser nacional y autónomo, como corresponde al desarrollo de las nuevas estructuras económicas y políticas de la sociedad capitalista. Al repertorio tradicional corresponde una gama de formas de acción colectiva bien conocidas por los historiadores: los motines de subsistencia y las apropiaciones de cosechas; las invasiones colectivas de terrenos prohibidos, como campos, ríos o bosques; la destrucción de barreras de peaje o de otro tipo; la destrucción de máquinas; las cencerradas y serenatas; las expulsiones de funcionarios encargados del cobro de impuestos; los incendios; el saqueo de casas particulares; la representación de procesos judiciales populares; etc. No menos variadas son las formas del nuevo repertorio: unas estaban relacionadas con los procesos electorales y la acción política (como los mítines públicos, las reuniones y campañas electorales o las marchas de petición); otras con los enfrentamientos económicos con los patrones, como las huelgas o las manifestaciones; un tercer tipo reflejaba el enfrentamiento radical con las autoridades por medio de las ocupaciones de edificios oficiales o las insurrecciones planificadas de grupos revolucionarios. &lt;br /&gt;El concepto de repertorio de acción colectiva, a mi modo de ver, tiende un puente entre la estructura y la acción. Y en ese puente la política tiene su papel. La premisa más importante del enfoque llamado "del proceso político" (del cual Tilly es parte) radica en que los procesos sociales -esto es, estructurales- afectan de manera indirecta, mediante una reestructuración de las relaciones de poder existentes, a la protesta social. &lt;br /&gt;En «La economía "moral" de la multitud en la Inglaterra del siglo XVIII», Thompson argumenta en contra de las interpretaciones que, según él, la mayor parte de los historiadores ha realizado de las causas de los motines de subsistencia en Inglaterra durante el siglo XVIII. Estas asignan al aumento desmesurado del precio del pan (y su efecto: el hambre, dada la importancia de este alimento en la dieta de los sectores populares en ese contexto histórico) eficacia causal en la emergencia de las protestas. Estas son consideradas acontecimientos reactivos y, como tales, irracionales. Thompson, en cambio, caracteriza los motines de subsistencia como una forma compleja de acción popular, disciplinada y con claros objetivos. Por cierto que los mismos motines eran "provocados" por precios que subían vertiginosamente, por prácticas abusivas de los comerciantes o por hambre. Pero los agravios operaban dentro de un consenso popular respecto de qué prácticas eran legítimas en la elaboración y la comercialización del pan. Para Thompson, los hombres y mujeres que constituían el "tropel" creían estar defendiendo derechos y costumbres tradicionales; y, en general, estaban apoyados por el amplio consenso de la comunidad. Este estaba basado en una idea tradicional de las normas y obligaciones sociales, de las funciones económicas propias de los distintos sectores dentro de la comunidad que, tomadas en su conjunto, puede decirse que constituían la "economía moral de los pobres". Un atropello a estos supuestos morales, tanto como la privación en sí, constituían la ocasión para la protesta. &lt;br /&gt;El método utilizado por Thompson para el análisis de los motines de subsistencia, así lo define en un libro posterior [1995:296], consistió en reconstruir un modelo paternalista de la comercialización de alimentos; contrastar esto con la nueva economía política del mercado libre del grano, asociada, sobre todo, con «La riqueza de las naciones» de Adam Smith; y demostrar cómo, en tiempos de precios altos y escasez, la multitud podía recurrir a la acción directa para imponer el control protector del mercado y la regulación de los precios, reivindicando una legitimidad "derivada" del modelo paternalista. La economía moral se revela como tal ante la amenaza ocasionada por los imperativos mercantilistas. En tal sentido, nace como resistencia a la economía del libre mercado [1995:383]. &lt;br /&gt;En vistas de explicar las formas de movilización social, me interesa tomar de Thompson que el amotinamiento no tiene por qué ser la forma obvia o única de acción colectiva frente a la situación dada: pueden darse otras respuestas como las peticiones en masa a las autoridades, los días de ayuno, sacrificios y plegarias, visita a la casa de los ricos o la migración de poblados enteros. No hay una única respuesta "animal" al hambre. Tampoco el motín es necesariamente la respuesta más racional. Si así fuese, las modalidades de acción colectiva se explicaría siguiendo un cálculo de eficiencia. Dice Thompson: «El "motín" no es una respuesta "natural" u "obvia" al hambre sino una compleja pauta de comportamiento colectivo, una alternativa colectiva a las estrategias de supervivencia individualistas y familiares. Desde luego, los amotinados a causa del hambre estaban hambrientos, pero el hambre no dicta que deban amotinarse ni determina las formas del motín» [1995:302]. &lt;br /&gt;El concepto de economía moral me interesa porque, vía el concepto de legitimidad, establece una mediación entre el sistema de relaciones económicas y las formas de reclamar; porque conduce de la estructura a la acción. Porque permite pensar cómo un modelo económico puede encarnarse en las prácticas de los actores. Y no sólo en el sentido en que las normas que el mismo implica son constitutivas de las prácticas sino, asimismo, en cómo las concepciones valorativas de los actores y sus repertorios estratégicos se configuran al mismo tiempo que el modelo. &lt;br /&gt;El trabajo de Thompson es sumamente sugerente para pensar la evolución de las formas de protesta laboral en Argentina. Porque podemos hablar de la crisis de un modelo de estado -el asistencialista- y de un modelo de acumulación -el mercadointernista- en Argentina y de la emergencia de un nuevo patrón de acumulación -aperturista, de libre mercado, estoy tentada de ver los reclamos laborales anclados en este proceso de transición estructural, que entra en conflicto con los supuestos morales -en términos de Thompson- que sustentaban las relaciones económicas y estructuraban las relaciones políticas en el sistema anterior6/. &lt;br /&gt;La noción de estructura de oportunidades políticas presenta utilidad cuando se pretende realizar un análisis sistemático del contexto político en el que emergen las protestas o, más genéricamente, las movilizaciones sociales. Según Tarrow (1994), quien ha elaborado sostenidamente este concepto en sus trabajos, las movilizaciones sociales tienen lugar cuando las condiciones políticas disminuyen el costo de la acción colectiva. Esto es, cuando están dadas las oportunidades para hacerlo. El concepto funciona con la premisa principal de la teoría de la movilización de recursos: intereses conflictivos y razones para reclamar hay siempre, varían los recursos con los que los actores cuentan en cada momento para lanzarse a la acción colectiva como un medio para conseguir mejorar su situación dentro de una determinada distribución de poder. La "estructura de oportunidades políticas" cuenta como dato en los cálculos estratégicos de los actores. &lt;br /&gt;Según Tarrow, las oportunidades resultan (claro que no exclusivamente) de las propiedades del sistema político, el cual tiene que considerarse tanto en su aspecto estructural como en su aspecto dinámico. El primero remite a las características del diseño o arreglo institucional; el segundo, a las posiciones y estrategias efectivas que los actores adoptan en su marco. Tarrow utiliza el concepto de "estructura de oportunidades políticas" para abarcar ambos aspectos de lo que aquí llamaremos sistema político. Las oportunidades de movilización resulta, según este autor, de la apertura o clausura del sistema político; del grado de estabilidad de las alianzas políticas; de la presencia de potenciales aliados influyentes; y de la cohesión o división de las élites dominantes [Tarrow, 1994]. El primer elemento atañe a la estructura institucional de los sistemas políticos y los demás refieren a la configuración del poder entre los actores relevantes para el caso estudiado dentro de dicho sistema. &lt;br /&gt;Está claro que este concepto necesita ser especificado en adecuación al contenido y los objetivos de cada investigación en particular. En nuestro caso, es preciso decidir cuáles son los aspectos tanto "institucionales" como "dinámicos" del sistema político que podrían incidir en las protestas laborales. &lt;br /&gt;Entre los aspectos "institucionales" del sistema político que son relevantes para el análisis de protestas laborales, cuentan el régimen de gobierno y el sistema de relaciones laborales. Llamo institucionales a aquellos aspectos del sistema político que están formalmente reglados o que, aunque no tengan este carácter, su recurrencia y su capacidad de sanción los haga equivalentes a los primeros. Entre los aspectos "dinámicos", son relevantes para este estudio las siguientes variables: 1) La posición del Partido Justicialista en el sistema político, la cual condiciona sus expectativas y sus estrategias políticas y es relevante dado que este partido ha sido históricamente el principal referente político del sindicalismo y del reclamo laboral en general. 2) Los alineamientos políticos (o propiamente sindicales) dentro del sindicalismo; 3) las estrategias tradicionales de las autoridades y de los miembros relevantes del sistema político respecto de los desafiadores en el campo laboral, las cuales definen la medida en que las acciones colectivas desafiantes serán facilitadas o reprimidas y, en consecuencia, las posibilidades de éxito que puedan tener las acciones de protesta. Dicho de otro modo, la mezcla entre facilitación/represión y posibilidades de éxito depende, al menos en parte, de los cálculos estratégicos de las autoridades. Esta mixtura condiciona la serie de opciones estratégicas disponibles para la movilización de los desafiadores, ofreciendo un nexo entre la "estructura de oportunidades políticas" y la decisión de los desafiadores de movilizarse o no, la elección de formas de movilización, la secuencia de los actos a organizar y los destinatarios de los reclamos. O sea, las estrategias de las autoridades o los actores relevantes en cada caso y las de los desafiadores son interdependientes. Ambas constituyen el contexto de interacción en el que se lleva a cabo un desafío específico. La postura de las autoridades frente a los desafiadores no sólo está condicionada por la estructura institucional formal sino también por los procedimientos y estrategias informales empleados de manera regular por las autoridades con respecto a los desafiadores. Estas estrategias pueden ser excluyentes (represivas, confrontadoras, polarizadoras) o integradoras (facilitadoras, cooperadoras, asimiladoras, cooptativas). Estos procedimientos están anclados en tradiciones 7/. &lt;br /&gt;En el análisis de la evolución del repertorio de protestas laborales entre 1983 y 1997, se utilizarán los tres conceptos expuestos. Para ello, debemos esperar hasta el último punto de este trabajo. Antes, definiré el repertorio clásico, el cual servirá de parámetro para detectar los cambios producidos, y presentaré las formas de protesta laboral, a mi juicio, más relevantes del período 1983-1997. &lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;2. Las "vértebras" del reclamo laboral en Argentina &lt;br /&gt;Poniendo a jugar el concepto de repertorio de acción colectiva expuesto en el punto anterior, creo interesante y adecuado afirmar la vigencia de un repertorio de protesta laboral "clásico" en Argentina. &lt;br /&gt;Con la denominación de "clásico" pretendo hacer referencia a un modelo histórico, no interesándome aquí una explicación genética del fenómeno que se intenta capturar en dicho modelo sino una exposición conceptualmente útil de los rasgos constitutivos del reclamo laboral en Argentina. El relato histórico debe nutrir y dar lugar a la definición del repertorio "clásico" de protesta, el cual funcionará como un parámetro para la interpretación de las novedades y las permanencias en las formas de protesta a partir de 1983. &lt;br /&gt;El repertorio de protestas laborales en Argentina que llamamos "clásico" se asocia a una particular formación histórica constituida por el peronismo como identidad política de los "trabajadores" y por una matriz estadocéntrica de organización y distribución del poder 8/. Bajo los primeros gobiernos de Perón, el reclamo obrero se constituyó con una determinada forma política e ideológica y se plasmó en una determinada forma institucional. &lt;br /&gt;Tanto la expansión de los sectores laborales en Argentina como su incorporación a la política se dieron en el marco de la "revolución social" llevada a cabo por el peronismo a partir de 1945, a raíz de la cual, como lo escribe Halperín Donghi (1994:26) "todas las relaciones entre los grupos sociales se vieron súbitamente redefinidas". Después de 1945, las protestas laborales llevaron la impronta de una identidad política de los trabajadores hegemonizada por el peronismo. &lt;br /&gt;La forma institucional que adquirió la incorporación de los nuevos sectores laborales en el estado peronista a partir de 1945 moldeó el desarrollo futuro del sindicalismo y las modalidades del reclamo laboral. El decreto 23.852 de 1945 estableció las líneas generales del modelo sindical que recién será puesto en jaque en la década del 90. El mismo puede ser resumido en los rasgos que señalo a continuación. &lt;br /&gt;La sindicalización está basada en el sector de actividad económica (lo que comúnmente se llama la rama económica), esto es, no valen como unidades de encuadramiento sindical el oficio o el establecimiento productivo. A su vez, en cada sector de actividad, sólo un sindicato cuenta con el reconocimiento oficial, el cual lo faculta para negociar con los empleadores de esa actividad. Los patrones se hallan obligados por ley a negociar con el sindicato reconocido, y las disposiciones establecidas por medio de esa negociación se aplican a todos los trabajadores de esa rama. El modelo argentino de organización sindical descansa principalmente en una figura jurídica: la personería gremial, entendiéndose por la misma la capacidad de un sindicato de representar los intereses de una rama de actividad que es otorgada por el estado. El colectivo que representa el sindicato con personería está integrado por todos los trabajadores asalariados pertenecientes a la rama de actividad que sea jurisdicción del sindicato en cuestión, es decir, forman parte del mismo tanto los trabajadores afiliados como los que no lo están. La legislación faculta a cualquier grupo de trabajadores para conformar una organización gremial. Pero, accederá solamente una a la representación monopólica de los trabajadores de la rama de actividad. Además, se crea una estructura sindical centralizada, la cual abarca las ramas locales y asciende, por intermedio de federaciones nacionales, hasta una única central: la Confederación General del Trabajo. Finalmente, por aquel mismo decreto queda establecido el papel del estado en la supervisión y articulación de esta estructura centralizada. Además de asignarle al Ministerio de Trabajo la potestad de otorgar la representación monopólica a un único sindicato por rama, estipula el derecho del estado a supervisar vastas áreas de actividad sindical. La estructura legal asegura a los sindicatos muchas ventajas: entre ellas, derechos de negociación, protección de los dirigentes sindicales frente a la adopción de represalias por parte de sus empleadores, estructura sindical centralizada y unificada, y deducción automática de los sueldos y salarios de las cuotas sindicales. Pero, al mismo tiempo, otorga al estado una alta intervención en la asignación de recursos y en los acuerdos alcanzados por los sindicatos con los empleadores. &lt;br /&gt;Este fue el formato institucional que canalizó la expansión sindical dentro de un modelo de estado, la cual aseguraba el reconocimiento de la clase trabajadora como fuerza social en la esfera de la producción, a la vez que integraba a sus organizaciones al aparato del estado mediante las instituciones que analizamos. La interpenetración entre identidad peronista y sindicalismo, por un lado, y el tipo de vínculo entre el estado y los sindicatos creados por el peronismo en el gobierno, por otro lado, brindaron al sindicalismo un notable grado de cohesión y eficacia en las luchas laborales. &lt;br /&gt;Aparte del tipo de institucionalización del reclamo laboral, es central reparar en la forma ideológica que adoptó el mismo. Si en Argentina tiene sentido referirse a los trabajadores o al movimiento obrero, incluso al pueblo trabajador, como sujetos de acción, es porque ha existido un lenguaje que les ha conferido significado en tanto tales. El peronismo fue decisivo en la aparición y formación de la clase trabajadora argentina moderna. Su existencia y su fuerza identitaria se remonta a los años formativos del peronismo. El apoyo que los trabajadores dieron a Perón no se fundó exclusivamente en su experiencia de clase en las fábricas. Fue también, y fundamentalmente, una adhesión de índole política. En el repertorio "clásico" de lucha laboral tiene una importancia crucial la plaza pública como punto de constitución de la clase trabajadora (Sigal &amp; Torre 1969). Como lo enfatiza James, "la clase trabajadora no llegó al peronismo ya plenamente formada y se limitó a adoptar esa causa y su retórica como el más conveniente de los vehículos disponibles para satisfacer sus necesidades materiales. En un sentido importante, la clase trabajadora misma fue constituida por Perón; su propia identificación como fuerza social y política dentro de la sociedad nacional fue, al menos en parte, construida por el discurso político peronista, que ofreció a los trabajadores soluciones viables para sus problemas y una visión creíble de la sociedad argentina y el papel que les correspondía en ella" (1988:55-56). De esta enfatización no deberá deducirse la imagen de la pasividad y la manipulación de una masa en disponibilidad por parte de Perón. También James se encarga de señalar la capacidad del discurso peronista para absorber, resignificar y articular contenidos presentes en la cultura popular previa al peronismo (James 1988:47-5). El atractivo político fundamental del peronismo fue su capacidad para redefinir la noción de ciudadanía existente en el lenguaje político de la época extendiendo su incumbencia desde el campo de los derechos civiles y políticos hacia el campo de lo social. El llamado político que el peronismo dirige a los trabajadores se funda en el reconocimiento de la clase trabajadora como fuerza social. Esta, configurada casi en el terreno de las esencias, solicitaba a través de Perón protagonismo en la vida política; solicitaba representación política en tanto fuerza social excluida de los ámbitos políticos. Esta representación no se consumaría mediante el ejercicio de los derechos formales de ciudadanía y la mediación de los partidos políticos. La clase trabajadora, como fuerza social, tendría que tener acceso directo y privilegiado al estado por medio de sus propias organizaciones: los sindicatos. Entonces, si bien el discurso peronista constituyó a la clase trabajadora como sujeto social, lo hizo en un discurso que la hizo preexistente al peronismo mismo. Perón se postuló en la campaña electoral de 1945-46 como su "vocero", avisando que su éxito sería posible en la medida en que ellos se unieran y organizaran. Afirmaba a los trabajadores como presencia social desarrollando un lenguaje de protesta frente a la exclusión política fundado centralmente en el reclamo de "justicia social" 9/. &lt;br /&gt;Veamos en qué consiste el repertorio clásico de protesta laboral. El modo de expresión del reclamo laboral claramente predominante ha sido la huelga en sus diversas variantes. Esta no es, por cierto, una especificidad argentina porque es el medio universalmente propio de reclamo laboral en la modernidad. En consonancia con la estructura centralizada del sindicalismo, la actividad huelguística en Argentina ha tendido a estar centralizada. Salvo en períodos de fuerte represión, como el de la Resistencia o la Dictadura. La movilización, marchas y concentraciones en la vía pública, ha sido el otro medio de expresión de los reclamos vinculados a los problemas del trabajo. Estas también han reflejado, en líneas históricas generales, la centralización de la estructura sindical y la prevalencia de los sindicatos como actores "naturales" de las luchas laborales. &lt;br /&gt;Las movilizaciones callejeras son un elemento propio de la tradición peronista. La gran movilización popular del 17 de octubre de 1945 es su sello fundacional. Si bien el carácter de la misma excede con creces el de protesta laboral invitándonos a pensar en términos de un movimiento social, no podríamos comprender las formas de la protesta laboral en Argentina sin tal antecedente fundante. Decíamos que tanto la fábrica como la plaza han sido los ámbitos constitutivos de las luchas laborales. La fábrica remite a la unidad organizativa del campo de la producción, designando el lugar de referencia de las reivindicaciones de los trabajadores. Pero el peronismo ha investido, de entrada, las luchas laborales de un carácter principalmente político. &lt;br /&gt;Desde la institucionalización del reclamo laboral a partir del estado peronista, las organizaciones sindicales se asignan el monopolio de la representación de los trabajadores en el campo de las luchas por sus intereses, constituyendo, por tanto, el actor principal de la protesta laboral. De acuerdo con la forma institucional que ha canalizado el reclamo obrero, los sindicatos han actuado como correas de transmisión entre el estado y los trabajadores. En consecuencia, las protestas laborales han tenido alto grado de institucionalización. &lt;br /&gt;Ahora bien, no alcanza con detectar a los sindicatos al comando de las reivindicaciones laborales para analizar el sujeto de la protesta laboral. Es necesario mirar el sentido de la acción sindical en el marco del discurso peronista y revelar su politización inherente. Los sindicatos se antodesignan como partes del movimiento obrero, el cual constituye la "columna vertebral" del movimiento peronista. O sea que el peronismo como proyecto político es constitutivo del sujeto de la protesta laboral. Reforzando el rasgo fundacional que se analizó anteriormente, en los años 60, el movimiento obrero se fortaleció a medida que fue asumiendo una doble tarea: la lucha reivindicativa sindical y el único canal de expresión política del peronismo, proscripto y sin haber podido reconstruir su organización partidaria desde el derrocamiento de Perón en 1955. Es decir que, a la lucha por el mantenimiento y mejora del nivel de vida de los sectores salariales y la constante búsqueda del fortalecimiento de las organizaciones sindicales, se agregaba la lucha por el reconocimiento del peronismo como movimiento político. En este último sentido, el rol del sindicalismo en el peronismo fue identificado como el de "columna vertebral". A partir del golpe militar que derrocó al segundo gobierno de Perón en 1955, la exclusión del peronismo del campo político legal introdujo una profunda dislocación en la actividad política, lo cual condujo a la configuración de un "sistema político dual" entre 1955 y 1966 (Cavarozzi 1988). El sector popular y el "frente antiperonista" no compartían el mismo escenario político. El primero, principalmente representado por el peronismo, se quedó sin representación en el aparato institucional del estado. En este marco, el sindicalismo peronista se convirtió progresivamente en la expresión organizada más influyente de este sector. Hasta 1966, la política del peronismo y de las organizaciones sindicales (como centralizadoras de la capacidad de sanción del sector popular excluido) fue la desestabilización desde afuera de todos los gobiernos militares o civiles instaurados. El sindicalismo desarrolló una imponente capacidad defensiva anclada en la lucha económica y en la fuerza simbólica de la lucha por el regreso de Perón y su retorno al poder. &lt;br /&gt;La acción de los sindicatos en Argentina ha estado tradicionalmente orientada por dos ejes principales: la demanda económica (mejoras salariales y de condiciones de trabajo) y la búsqueda de ventajas corporativas (O’Donnell 1976, James 1988). Ambas orientaciones forman parte del estilo sindical forjado en la década del 60. El mismo fue caracterizado por James como "pragmatismo institucional" y se encuentra sintetizado en el lenguaje político ordinario bajo la expresión "vandorismo". Este estilo puede ser definido por los siguientes elementos básicos: 1) la supervivencia de las organizaciones como objetivo central de la actividad gremial; 2) la ruptura de la ligazón entre las políticas de corto y largo plazo, siendo la perspectiva de corto plazo la determinante en el diseño de las estrategias de acción. Se trata de aprovechar las oportunidades puntuales que el sistema otorgue, de manera que los fines, objetivos o principios que motorizan la acción gremial aparecen filtrados por el cálculo de lo viable. Los mismos se legitiman en base a este tipo de cálculo. El estilo de liderazgo sindical conformado en esta época se caracteriza por controlar el activismo de base y concentrar las decisiones. Sin dejar de ser el estilo prevaleciente, el pragmatismo institucional como lógica predominante de la acción gremial en Argentina ha entrado en espirales de crisis desde 1966, lo cual se percibe patéticamente en la experiencia del peronismo en el gobierno en el período 1973-1976 (ver Torre 1989). &lt;br /&gt;Los reclamos economicistas y la búsqueda de ventajas corporativas se expresaron siempre revestidos por la retórica política peronista. Las luchas por ventajas económicas se sostienen en el discurso peronista acerca de los derechos de la clase trabajadora. Y el reclamo de ventajas corporativas encuentra su justificación en papel orgánico de las organizaciones sindicales en la sociedad y el estado asignado por el discurso peronista. &lt;br /&gt;La apelación a la organicidad es un tópico del lenguaje peronista de protesta. El reclamo obrero debe ser tramitado por los canales orgánicos "naturales" que provee el movimiento peronista. Para eso están los sindicatos y también el estado. Las formas del reclamo tienen que ser orgánicas, digamos institucionales. Ningún interés ni ningún grupo o persona puede arrogarse representación por fuera de las organizaciones peronistas. &lt;br /&gt;Resumiendo, la alta institucionalización y politización son los dos rasgos que constituyen juntos e indiscerniblemente los conflictos laborales en Argentina 10/. &lt;br /&gt;Con el trasfondo del repertorio clásico, expondremos en los próximos puntos las principales formas de protesta laboral del período 1983-1997: las protesta sindicales, los "estallidos sociales" y los cortes de ruta. &lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;3. El sindicalismo populista frente al neoliberalismo &lt;br /&gt;Expondré en este punto las líneas generales de la situación y el accionar del sindicalismo entre 1983 y 1997, lo que contribuirá a la mejor apreciación de la evolución de las formas de protesta sindical en el período que se analizarán en los puntos 3.1 y 3.2. &lt;br /&gt;Hacia el final del régimen militar instaurado en 1976, se produce una situación de agitación bautizada como "resurrección de la sociedad civil". O’Donnell y Schmitter (1991) dan este nombre al momento de movilización generalizada que acontece en la sociedad al ritmo de la liberalización política del régimen autoritario, es decir, cuando las autoridades comienzan a otorgar garantías individuales y a negociar con ciertos sectores opositores. Como bien señalan estos autores, tal renacimiento debe comprenderse sobre el telón de fondo del éxito conseguido por el régimen militar en despolitizar y atomizar la sociedad, durante el cual los individuos se refugiaron en sus ámbitos privados. Por esto, el resurgimiento de identidades colectivas fue de carácter casi explosivo y surgieron demandas que no habían contado con canales públicos de expresión. En este contexto, los reclamos laborales resurgieron amplificadamente a través de huelgas, manifestaciones callejeras y activismo de base, presionando sobre las fronteras del espacio público abierto por el régimen. La reorganización del sindicalismo peronista se dio en este marco de alta movilización social, el cual acompañó la instauración del gobierno democrático y, en gran medida, caracterizó globalmente el período de gobierno alfonsinista. &lt;br /&gt;En 1983, el peronismo perdió en las urnas frente al radicalismo. Esta fue la primera novedad que presentó la nueva democracia: el peronismo podía no lograr la mayoría del electorado y asumir el rol de oposición política en el marco del nuevo sistema institucional. &lt;br /&gt;Para recomponerse de la derrota electoral, el peronismo, en la oposición política, comenzó a fortalecerse desde su núcleo más duro, al menos por ser el que ofrecía mayor capacidad organizativa: el sindicalismo. Apelando al lenguaje reivindicativo de siempre y a los recursos de siempre, el sindicalismo puso en práctica su ejercitado repertorio de protesta: huelgas generales o sectoriales para reclamar, principalmente, mejoras salariales y actualizar la identidad peronista de los trabajadores. La liturgia peronista sumada a las destrezas de las organizaciones sindicales para perseguir sus objetivos recubrieron las numerosas medidas de fuerza que tuvo que afrontar la novata democracia. &lt;br /&gt;El sindicalismo había desempeñado un rol relevante en la apertura política hacia el final del régimen militar, no sólo en tanto sindicatos -vía huelgas y movilizaciones- sino también como artífices de la reconstitución del PJ para las elecciones de 1983. La conducción de este partido, dada la residencia en España de su titular (Isabel Perón), había quedado en manos del dirigente metalúrgico Lorenzo Miguel, lo cual permitió a los dirigentes sindicales ocupar generosos puestos en las listas de candidatos del PJ para las elecciones generales de 1983. Debido al protagonismo de los sindicalistas en los preparativos electorales, la derrota del PJ se convirtió en una derrota de los sindicatos, los cuales habían sido el blanco de los ataques al peronismo por parte del candidato a presidente de la UCR. &lt;br /&gt;Sin embargo, ya en 1984 el sindicalismo peronista había recobrado su espacio a través de dos fenómenos concomitantes. Por un lado, el fracaso gubernamental en la sanción de la Ley de Reordenamiento Sindical. El radicalismo se había propuesto cambiar desde el gobierno los patrones de acción del sindicalismo lanzando un programa de democratización de los mecanismos de selección de los cuadros dirigentes instituidos en los estatutos gremiales. Pocos días después de asumir, el gobierno envía al Congreso dicho proyecto de ley. El mismo consistía en la convocatoria a elecciones gremiales con un régimen electoral especialmente diseñado para la ocasión, estableciendo, entre otras cosas, la participación de las minorías en las conducciones sindicales, la suspensión ocasional de las cláusulas sobre antigüedad y avales requeridos para ser candidato a los cargos dirigenciales contemplados por los estatutos electorales de los gremios y la administración de los sindicatos por parte de representantes del ministerio de Trabajo hasta la substanciación de las elecciones. Habiendo sido aprobado con algunas modificaciones por la Cámara de Diputados, fue rechazado por la Cámara de Senadores, donde la UCR no contaba con mayoría propia. El rechazo fue mayoritario a nivel de la dirigencia sindical y la necesidad de articular la resistencia al proyecto de ley mencionado operó como un imperativo de unificación de la estructura gremial. El sindicalismo cerró sus filas alrededor de dos posturas básicas: la defensa de la unidad del movimiento obrero y la no injerencia estatal en los asuntos gremiales, reclamando la restauración de la situación institucional previa al golpe militar de 1976. Por otro lado, las dificultades del PJ para recomponerse internamente luego de la derrota y las sucesivas fracturas que se producían en su seno colocaron a los sindicatos en un rol político-partidario. La gran cantidad de conflictos liderados por los sindicatos y orientados contra la política oficial los involucraron en un rol opositor que un PJ dividido y en proceso de recomposición interna no lograba cumplir. &lt;br /&gt;Estas fueron las condiciones para el fortalecimiento de la corriente "ubaldinista" dentro del sindicalismo peronista. La recuperación del PJ como alternativa electoral a partir de 1987 significó el debilitamiento de este sector, por lo cual se puede conjeturar que la hegemonía del ubaldinismo en el sindicalismo peronista era tributaria de su rol político de oposición a la política, principalmente económica, del gobierno de Alfonsín. Le sucedió el predominio del "Grupo de los Quince" 11/, cuya formación fue el resultado de la convergencia entre los intereses del radicalismo en disminuir las chances electorales de la Renovación y de sectores sindicales que habían perdido peso en el PJ y en la estructura sindical vis a vis los sectores renovadores, instalados tanto en el partido como en la estructura sindical. &lt;br /&gt;La estrategia ubaldinista de confrontación con el gobierno tuvo auge mientras el PJ era presa de sus conflictos internos luego de 1983. Los sindicatos liderados por los "renovadores" moldearon sus estrategias al calor de la lucha político-partidaria. Los sectores más "ortodoxos" no se subordinaron a las estrategias de un PJ dirigido por la Renovación pero, en su lugar, encontraron un canal indicado en el sistema político para aliarse con el gobierno y para penetrar nada menos que en su gabinete ministerial (cuando Carlos Alderete fue ministro de Trabajo). &lt;br /&gt;Sólo a fines de 1988, cuando el PJ encaró el tramo final de la campaña que llevaría a Carlos Menem a la presidencia en las elecciones de mayo de 1989, todos los sectores del sindicalismo peronista se subordinaron, unos con más resistencia que otros, a la estrategia partidaria. Lo señalado resumidamente en este párrafo marca la gravitación de la dinámica del sistema político en la vida sindical e indica la importancia del análisis de las oportunidades políticas para la comprensión de las estrategias y las formas de protesta implementadas por el sindicalismo. &lt;br /&gt;La acción sindical durante el período 1983-1989 tuvo tres orientaciones básicas: 1) corporativa: la legalización y la recomposición institucional, 2) económica: la demanda al estado de incrementos salariales y del mantenimiento de las fuentes de empleo, 3) política: el reflotamiento del Partido Justicialista y el liderazgo de la oposición al gobierno radical. &lt;br /&gt;Podemos decir que la demanda de mejoras salariales fue la orientación preponderante de la actividad sindical entre 1983 y 1989. En términos generales, la estrategia de presión del sindicalismo hacia el gobierno por aumento de salarios subordinaba, o daba sentido, al resto de los reclamos. La dirigencia sindical buscó reconstruir su representatividad -y su prestigio- colocándose a la vanguardia de la lucha económica. Para esto, el sindicalismo se aferró a su estilo tradicional de acción: confrontar y negociar para obtener más. Las demandas centrales fueron: mayores salarios y más empleo. El "ubaldinismo", como dije antes, fue la nota característica del sindicalismo durante el gobierno radical. Ubaldini perfila su liderazgo a partir de la apertura de un frente de oposición al gobierno, para lo cual contaba con el vacío dejado por un desestructurado PJ. Las huelgas generales fueron su principal herramienta para, por un lado, lograr la centralización del descontento social -sumando sectores extrasindicales- y, por otro, la unificación de los diversos estratos del aparato sindical y del PJ. La estrategia de reclamo salarial durante el gobierno radical arrojó magros resultados para los trabajadores, dado que los aumentos se mantuvieron por debajo de la tasa de inflación (Godio, 1991). Sin embargo, esta estrategia tenía una orientación doble; apuntaba también a la construcción de un frente político opositor al gobierno, terreno en el cual los reclamos economicistas obtuvieron más éxito. Lo que ganaba en el ámbito político, lo perdía en el orden económico-social; en capacidad de control del mercado de trabajo, de la evolución de los salarios y de las condiciones de empleo. &lt;br /&gt;La constitución del sector sindical en el eje de la oposición al gobierno fue la otra orientación típica de la acción sindical durante el gobierno radical. La orientación política estuvo articulada a las reivindicaciones economicistas y tuvo que ver, al menos en los primeros tiempos, con la crisis de PJ. Las luchas entre los sectores sindical y político del "movimiento justicialista" fueron, hasta los tiempos de Menem, parte indiscernible de esta tradición política. Una mirada global al período 1983-1989 devuelve una visión de la interpenetración entre las estructuras del sindicalismo y del partido justicialistas. En este sentido, las estrategias de acción sindical estuvieron dirigidas a mejorar el posicionamiento de los distintos alineamientos gremiales en la estructura partidaria peronista. En general, los ejes de diferenciación de los alineamientos gremiales estuvieron determinados por los antagonismos generados en la lucha partidaria. Un ejemplo paradigmático fue la división entre cafieristas y menemistas hacia 1988. En términos generales, el sindicalismo obtuvo éxito relativo en la articulación de una oposición al gobierno mientras se hacía cargo del pulverizado PJ. Relativo, porque a pesar de haber logrado ser una expresión importante del descontento popular con la política económica oficial, esto no se tradujo en la construcción de un frente político opositor liderado por el sindicalismo y apoyado por distintas corporaciones o partidos. El peronismo no logra una buena actuación en las elecciones de 1985. El factor dinamizador de la recuperación del PJ como alternativa electoral fue el fortalecimiento de la Renovación Peronista, corriente anclada principalmente en el partido y liderada por sectores "políticos". No obstante, no hay que desconocer el rol del sindicalismo renovador en las luchas internas del PJ que inclinaron la correlación de fuerzas hacia la Renovación. Por último, hacia 1989, el "ubaldinismo" que había sido el referente de aquella estrategia termina el período en la trastienda, opacado por la estrategia electoral de Menem. &lt;br /&gt;Los cambios en el sindicalismo argentino en lo que ha transcurrido de la década del 90 han sido interpretados como un "cambio de época" (Palomino 1995). Interesan principalmente para este trabajo las dos mutaciones siguientes: 1) la ruptura del sistema nacional de relaciones laborales, 2) la pérdida de presencia de los sindicatos en el sistema político. El primero afectó el rol tradicional del sindicalismo como interlocutor del gobierno y los empresarios. En cuanto al segundo cambio, la consolidación del sistema de partidos y el cambio de perfil programático del PJ fueron despojando al sindicalismo de su carácter de "columna vertebral" del peronismo, esto es, de su rol político-partidario. Ambos implican transformaciones profundas en el modelo sindical vigente desde 1945. &lt;br /&gt;El sistema de relaciones laborales desarrollado en Argentina se constituyó y consolidó entre 1950 y 1975. Entre sus principales rasgos cuentan los siguientes: 1) alto grado de intervención y regulación estatal; 2) fuerte centralización de la negociación colectiva por rama de actividad; 3) predominio de determinadas categorías profesionales: obreros y empleados urbanos, industriales y privados; 4) salarios acordados en función de la preservación del poder adquisitivo, regulados por la aplicación diferida de índices oficiales de aumento de precios, e índices globales de crecimiento del PBI para el cálculo de la productividad; 5) organización del trabajo en la industria de tipo "taylorista fordista", el cual se caracteriza por difundir métodos de disciplinamiento y control sobre la fuerza de trabajo y acordar con las patronales ritmos de trabajo y niveles de producción (Novick &amp; Catalano 1992) 12/. &lt;br /&gt;El eje de este sistema de relaciones laborales es la negociación colectiva centralizada. Las dificultades de funcionamiento de este modelo se reflejaron en la discontinuidad recurrente de la negociación a lo largo de décadas, sea por la suspención de la misma durante los gobiernos militares o porque los gobierno civiles esgrimieron imperativos de orden económico para acotarla. A partir del golpe militar de 1976, se suspendió la vigencia de la negociación colectiva no solamente como un instrumento para restringir la actividad sindical sino, también, como una manera de favorecer la instauración de un mercado laboral "libre", coherente con el pensamiento económico de corte liberal. Entre 1984 y 1987, el gobierno radical mantuvo en suspenso la negociación colectiva alegando su incompatibilidad con los objetivos de la estabilización de la economía. Sólo a partir de 1988, y de manera limitada, se restableció la vigencia del sistema nacional de negociación colectiva, pero en un contexto en el cual las tendencias de la economía y la fuerza de los empresarios fueron imponiendo progresivamente la negociación por empresa. De esta manera, se fue generando una escisión entre las dinámicas de los distintos niveles de representación sindical y entre lo formal y lo que ocurría en realidad 13/. Si bien se mantiene la vigencia de las leyes que garantizan el lugar de las direcciones nacionales de los sindicatos, la negociación se fue transfiriendo a subsistemas locales de relaciones del trabajo que regulan la cooperación y el conflicto en el plano de las empresas 14/. &lt;br /&gt;La brecha entre lo formalmente establecido y lo que realmente ocurría se fue agrandando más y más hasta que la voluntad de realizar un vasto programa de reformas laborales por parte del gobierno peronista se presentó con tal claridad y firmeza que puso radicalmente en cuestión la forma institucional que llamamos clásica de gestión del reclamo laboral. Las reformas económicas llevadas adelante por Menem han producido un quiebre del modelo de relaciones laborales definido anteriormente. La desregulación de la economía, las privatizaciones, la apertura y la flexibilización laboral han afectado vitalmente aquel modelo, perfilándose un nuevo sistema, el cual, también según Novick &amp; Catalano (1992), implica: 1) un cambio en los marcos legislativos con la incorporación de nuevas formas de contratación, de la obligación de negociar mejoras salariales por productividad y de la descentralización de los convenios colectivos; 2) una segmentación sectorial amplia en materia de salarios y beneficios sociales; 3) orientaciones estratégicas heterogéneas tanto en el campo empresarial como en el campo sindical. Se ha llamado "flexibilización laboral" al proceso de reforma laboral emprendido, y aún no concluido, por Menem 15/. &lt;br /&gt;El sindicalismo se halla entonces inmerso en profundos cambios en el modelo sindical originario, los cuales debilitan su poder y comprometen sus estrategias tradicionales. Pero, además de los perjuicios ocasionados por las reformas económicas y laborales, el sindicalismo ha experimentado cambios que obedecen a los efectos asociados a la transformación de su rol en el sistema político. El peronismo en el gobierno siempre complicó las estrategias del sindicalismo peronista, sólo que, en el caso del gobierno peronista actual, se suma una complicación mayor a la presentada por el hecho de ser oficialista: curiosamente, su programa de gobierno no es populista sino neoliberal. Durante el gobierno radical, el PJ mantuvo su adhesión a políticas nacionalistas, estatistas, pro-obreras y redistributivas. En consonancia, la dirigencia peronista entre 1983 y 1989 criticó sin tregua las políticas económicas del gobierno que insinuaron un giro desregulacionista. Tuvieron la posición más dura en las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional, se opusieron a las privatizaciones y apoyaron los reclamos sindicales. Como ya se señaló más arriba, la influencia de sindicalismo dentro del partido era importante. El giro programático del PJ exigió el replanteo del papel del sindicalismo dentro del partido. Menem y sus colaboradores redujeron la influencia del "movimiento obrero" en el partido 16/. &lt;br /&gt;Frente al desafío neoliberal, el sindicalismo sufrió importantes divisiones. Desde 1992 hay dos centrales sindicales. Y, si bien la multiplicidad de centrales no constituye una novedad en la vida sindical argentina, quizá nunca la división haya ido tan lejos como esta vez, ya que una central ha renegado de su alineamiento con el peronismo. Desde 1990, la CGT permaneció dividida y el gobierno le otorgó reconocimiento oficial a la central oficialista hasta la unificación de ambas fracciones en 1992, la cual se produjo frente a la amenaza gubernamental de desregular el sistema de obras sociales. En este mismo año surge una central alternativa: el Congreso de los Trabajadores Argentinos. Afilia a dos grandes sindicatos de docentes y estatales y a algunas seccionales de otros sindicatos cuyas conducciones mantienen su adhesión a la CGT y propone una forma de organización diferente a la de la CGT. La afiliación no está restringida a los empleados; pueden afiliarse los desempleados y se permite la doble afiliación. De esta manera, se pretende hacer frente al desgaste que significa el crecimiento del desempleo y el empleo precario para la acción sindical. Esta forma organizacional se asemeja más a la de una organización social que a la de una central sindical (Murillo 1996). Sus dirigentes están vinculados a la oposición política. Cobra protagonismo también un alineamiento sindical que, siendo disidente de la conducción, mantiene su afiliación a la CGT: el Movimiento de los Trabajadores Argentinos (MTA). Agrupa a los gremios de choferes de colectivos de corta, media y larga distancia, empleados de los subtes porteños, camioneros, aeronavegantes y marítimos. &lt;br /&gt;Tenemos a partir de 1989 un sindicalismo mayoritariamente oficialista y negociador inmerso en un proceso de reforma económica que socava sus bases de sustento, que profundiza la posición de debilidad estructural (fruto de la crisis del modelo de industrialización orientada al mercado interno) que ha tenido que gestionar desde hace décadas. Cabalgando en esta paradoja de identificación política con el peronismo y tradición reivindicativa, el sindicalismo ha enfrentado con su repertorio tradicional de protesta la destrucción del modelo socioeconómico que lo engendró. Esto último no niega el desarrollo de estrategias innovadoras a nivel de la dirigencia sindical porque sólo nos referimos a formas de protesta. El sindicalismo hegemonizado por la CGT ha negociado con el gobierno su participación en la implementación de las reformas económicas a fin de garantizar la supervivencia de sus organizaciones (ver Murillo 1996). Los cambios económicos y políticos del período han afectado enormemente el poder de los sindicatos y éstos se han ido desdibujando como referentes del reclamo laboral. &lt;br /&gt;Para resumir los malos tragos a los que fue convidado el sindicalismo a partir de 1989, se pueden nombrar: la regulación de las huelgas del sector público, la prohibición de los aumentos salariales no asociados a incrementos en la productividad, la descentralización de las negociaciones colectivas, la privatización de las empresas estatales y la flexibilización de los contratos de trabajo. Más allá de los costos reales de estas medidas, es destacable el costo simbólico que la conversión programática del PJ ha tenido para el sindicalismo peronista. &lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;3.1. Las protestas sectoriales &lt;br /&gt;Pasemos ahora a analizar estadísticas disponibles sobre protestas sindicales período que nos permitan percibir tendencias de cambio. &lt;br /&gt;Antes de comenzar, es necesaria una digresión sobre la unidad de análisis utilizada por las fuentes tomadas. &lt;br /&gt;En su base de datos, Ricardo Spaltemberg cubre los "conflictos laborales" entre 1984 y 1994 17/. Bajo esta denominación, registró toda modalidad de actividad huelguística en donde la acción consiste en la interrupción del transcurrir habitual del proceso de trabajo. La unidad temporal de la serie es el mes, lo cual significa que los conflictos que continúan más allá del mes de su inicio se vuelven a registrar en el mes siguiente, haciendo incorrecta la suma de los conflictos por mes. En consecuencia, no sería estrictamente correcto referirse con esta fuente al total de los conflictos producidos en el período. La serie que cubre entre enero de 1984 y junio de 1989 (gobierno de Alfonsín) fue tomada por Spaltemberg de la base de datos construida por McGuire, a la cual me referiré a continuación. El período restante fue cubierto con un relevamiento realizado por el propio Spaltemberg basado en las crónicas de los principales diarios nacionales. Como fundamentalmente se trata de un registro de huelgas, presupongo que se trata de protestas sindicales, es decir, de aquellas en las cuales los sindicatos desempeñan un papel central en la coordinación de la protesta. Conversaciones con Spaltemberg habilitan esta presunción. &lt;br /&gt;Mc Guire 18/ construye su serie temporal desde 1984 a 1993 en base a los registros del Consejo Técnico de Inversiones. La unidad de análisis es claramente la huelga -en sus variantes, claro- y las ocupaciones de lugar de trabajo. No incluye, como lo hace Spaltemberg, el trabajo a reglamento y el quite de colaboración. Esta diferencia no es tan relevante debido a la baja incidencia de estas medidas en el total de la serie de Spaltemberg: 10.5% 19/. Es importante para la comparabilidad que ambas fuentes consideren el mes como unidad temporal de registro de las huelgas. &lt;br /&gt;También he consultado los datos sobre conflictividad producidos por el CISI 20/. En lo que respecta a la elaboración de este trabajo, serían estos los datos más adecuados. En primer lugar, porque toma como unidad de relevamiento cada medida de fuerza independientemente de la duración de la misma (es decir, sin cerrar el registro cada mes como lo hacen Spaltemberg y McGuirre). En segundo lugar, registra todo tipo de medida de fuerza, no solamente las huelgas y ocupaciones de lugar de trabajo. Esto último permite contar con la información sobre movilizaciones, cortes de ruta, ollas populares y otras actividades que no suponen necesariamente la realización de una interrupción de la jornada de trabajo. O sea, el relevamiento que realiza el CISI sería para mis propósitos ideal en caso de que cubriera el período 1984-1997. Pero no es así, su registro arranca en 1991. Su actualización es la otra ventaja que tendría esta fuente, dado que llega hasta el primer semestre de 1997 y continúa en elaboración. A pesar de las dificultades evidentes (distinta unidad de registro) de comparabilidad respecto de las dos anteriores que presenta esta fuente, la tendré en cuenta para definir las tendencias de los últimos años. &lt;br /&gt;El dato que más impacta del período de análisis en todas las fuentes consultadas es la disminución de la cantidad de protestas laborales. La serie temporal más larga disponible es la construida por Ricardo Spaltemberg, que abarca desde 1983 hasta 1994. De acuerdo a la misma, a partir de 1991, la actividad huelgística disminuye considerablemente en comparación con la registrada desde 1984. El descenso coincide con la implementación del Plan de Convertibilidad. Los valores más altos del período 1984-1994 corresponden a 1990. A partir de este año, los conflictos disminuyen a la mitad y a veces aún más. De acuerdo a los datos de McGuire, bajo Alfonsín, el promedio de huelgas por bimestre fue 115 y, bajo el primer gobierno de Menem, el promedio cayó a 48 huelgas 21/. A pesar de coincidir con las fuentes citadas en la tendencia sostenida a la caída de la conflictividad laboral tomando en cuenta todo el período, los datos del CISI muestran una tendencia al aumento de las protestas a partir 1993 (ver cuadro nº 1). Este desacuerdo quizás pueda explicarse por la no coincidencia de la unidad de registro. A partir de 1993 crecen las "protestas" y las "nuevas formas de protesta". El CISI registra bajo la categoría de "protestas" las medidas de fuerza orientadas principalmente a ganar consenso en la opinión pública que no corresponden a "declaraciones de alerta", "movilizaciones", "paros", ni "ocupaciones de establecimiento". Es el caso de los cortes de ruta, las ollas populares, las huelgas de hambre, etc. Bajo el rótulo de "nuevas formas", consigna las protestas que no tienen antecedente hasta el año anterior a ser registradas, lo cual puede indicar que el desacuerdo se deba al aumento de los tipos de protesta no tradicionales. &lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;  1991 1992 1993 1994 1995 1996&lt;br /&gt;Paros  &lt;br /&gt;Movilizaciones  &lt;br /&gt;Alertas  &lt;br /&gt;Ocupaciones  &lt;br /&gt;Protestas  &lt;br /&gt;Nuevas Formas 274  &lt;br /&gt;159  &lt;br /&gt;142  &lt;br /&gt;55  &lt;br /&gt;47  &lt;br /&gt;6 285  &lt;br /&gt;173  &lt;br /&gt;135  &lt;br /&gt;25  &lt;br /&gt;69  &lt;br /&gt;10 376  &lt;br /&gt;224  &lt;br /&gt;102  &lt;br /&gt;25  &lt;br /&gt;122  &lt;br /&gt;34 434  &lt;br /&gt;287  &lt;br /&gt;121  &lt;br /&gt;53  &lt;br /&gt;126  &lt;br /&gt;18 510  &lt;br /&gt;438  &lt;br /&gt;108  &lt;br /&gt;103  &lt;br /&gt;162  &lt;br /&gt;49 186  &lt;br /&gt;231  &lt;br /&gt;63  &lt;br /&gt;57  &lt;br /&gt;77  &lt;br /&gt;35&lt;br /&gt;  683 697 883 1039 1370 649&lt;br /&gt;Cuadro nº 1: Evolución de formas de protesta. Fuente: CISI&lt;br /&gt;La tendencia general que muestra la serie total 1984-94 (Spaltemberg 1996) es el desplazamiento relativo del conflicto laboral desde el área industrial hacia el sector público. Entre 1984 y 1987 (ambos incluidos), la mayor cantidad de conflictos acontece en el sector industrial. La tendencia sólo se contradice apenas en 1986. Es claro cómo a partir de 1988, hasta 1990, esto se invierte en favor de la administración pública. Entre 1991 y 1993 gana el primer lugar el sector educación. En 1994, la administración pública recupera aún con más fuerza el primer puesto. En los dos primeros años del período, más del 35% de los conflictos se registraron en el sector industrial y primario. El promedio general del período para este sector alcanza el 24,3%, mientras el promedio de los años 1990-94 es 19,3%. &lt;br /&gt;Los conflictos en el ámbito estatal pasan, en constante ascenso, de representar el 44% en el año 1984 a concentrar el 74,7% en 1994 (Spaltemberg 1996). Tendencia confirmada por McGuire. &lt;br /&gt;Se nota un claro predominio de los reclamos de aumentos salariales en todo el período (Spaltemberg 1996). Pero, sobre todo, durante los años de Alfonsín, signados por la alta inflación y la consecuente pérdida constante del poder adquisitivo del salario. A partir de 1990, esta motivación declina sustantivamente y cobran mayor relieve los reclamos por el pago de salarios adeudados y por despidos. En líneas generales, podríamos decir que los reclamos se tornaron más defensivos. &lt;br /&gt;La mayoría de los conflictos tuvo lugar en plantas o empresas, dando un promedio general de 35% (Spaltemberg 1996). En los cuatro primeros años de la serie (1984-87), este nivel era el predominante en relación a los demás. A partir de 1988, el nivel provincial fue el más protágonico. Y, en 1994, es evidente el crecimiento de la conflictividad laboral en general, motorizada centralmente por la crisis de las administraciones provinciales y por la incidencia de las innumerables e interminables huelgas de los docentes y los empleados estatales en todo el país. Los conflictos a nivel de la rama nacional tienden a bajar a partir de 1989, lo cual constituye un dato interesante sobre lo sindical. En el sector privado, el gobierno ha tendido a correrse de un papel activo en la mediación de las relaciones laborales. En el público, los procesos de descentralización administrativa transfirieron el eje de la conflictividad hacia los gremios provinciales y municipales. Creo que el tipo de protestas que representan el giro provincial de la conflictividad durante el gobierno de Menem merecen ser analizado aparte. Su carácter escapa al de las huelgas tradicionales. Por algo han trascendido bajo el nombre de "estallidos sociales". Dedico, por esto, una parte especial de este trabajo a las movilizaciones provinciales contra el ajuste en el sector público. &lt;br /&gt;Las conclusiones más contundentes que se extraen del análisis de los datos sobre protestas sindicales que hemos realizado son dos: han ido disminuyendo y haciéndose más desagregadas. Estas tendencias han progresado a lo largo del período, pero el corte es evidente al contrastar los valores correspondientes a los períodos de gobierno de Alfonsín y de Menem Trataré al final de brindar una interpretación de estos cambios en base a los conceptos que sugerí en el punto 1. &lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;3.2. Las huelgas generales 22/ &lt;br /&gt;Durante el gobierno radical, la CGT realizó 13 paros generales 23/, o sea, uno cada cinco meses durante los 5 años y 6 meses que duró este gobierno. En cambio, durante los 8 años y algo más que lleva en el gobierno, Menem ha tenido que enfrentar 8 huelgas generales, es decir, una por año. Si consideramos cada uno de los mandatos del presidente Menem, surge que la frecuencia de paros generales registrados en el segundo mandato se acerca a la del gobierno de Alfonsín. &lt;br /&gt;Tres de los ocho paros generales realizados durante el gobierno peronista fueron convocados por organizaciones sindicales opositoras: el CTA y el MTA 24/. Es decir que la huelga general ya no consigue diluir las diferencias entre los sindicatos en pos de la acción común sino, más bien, expresa el conflicto existente entre ellas. &lt;br /&gt;No es sencillo conocer el grado de acatamiento obtenido por las medidas de este tipo; no obstante, la tendencia general que se muestra en el informe del Centro de Estudios para la Nueva Mayoría al comparar el gobierno radical y los gobiernos de Menem es la pérdida de convocatoria -además de a la diversificación de la entidad organizadora. El acatamiento sindical de las medidas de fuerza -según un promedio de estimaciones periodísticas realizado por el mismo centro de estudios- muestra que el único paro realmente total fue el que tuvo lugar en mayo de 1985. &lt;br /&gt;La realización de concentraciones o marchas callejeras para acompañar la jornada de huelga ha sido una característica frecuente en los paros generales desde 1983. Estuvieron presentes en la mitad de los 21 paros realizados desde entonces, siendo por lo general la Plaza de Mayo el escenario de las movilizaciones. En cuanto a la participación popular en las movilizaciones, promediando las fuentes periodísticas, surge que la movilización más importante fue la de mayo de 1985, en la cual hubo 200 mil personas. El acatamiento al paro fue total. En los 3 primeros paros con movilización, la CGT logró reunir 200, 150 y 120 mil personas respectivamente, mientras en los paros siguientes del período de gobierno radical logró reunir como máximo unas 20 mil. Las movilizaciones no fueron lo más frecuente en las huelgas generales realizadas durante los gobiernos de Menem, realizándose solamente en 2 de las 8. Ambas fueron organizadas por la CGT y, según el promedio obtenido de la misma manera que el anterior, reunieron, respectivamente, 40 y 50 mil personas cada una. &lt;br /&gt;Respecto del tipo de reclamo, todos los paros generales realizados durante el gobierno radical apuntaron en general al reclamo salarial y al cuestionamiento de la política económica. El primer paro fue esencialmente salarial, sin una propuesta específica para la política económica (3.09.84). El paro de mayo de 1985, cuya movilización fue la más importante, reclamaba un cambio de la política económica en función del documento de los "Veinte Puntos" que había sido acordado entre la CGT y las 10 entidades empresarias más importantes en el seno del denominado Grupo de los Once. El de agosto de 1985 tuvo como objetivo específico el repudio del Plan Austral, el cual no hacía 2 meses que se había comenzado a implementar. Se reclamaba una reactivación de la economía de acuerdo con el Documento de los "26 Puntos", elaborado por la CGT en reemplazo del anterior y sin contar con el apoyo empresarial. El de marzo de 1986 tuvo como finalidad reclamar por las leyes laborales tradicionales del sindicalismo. El de abril del mismo año pedía un cambio en la política económica y se realizaba en apoyo del paro docente que llevaba 33 días de huelga. El de setiembre del mismo año fue en repudio del Plan Primavera que se había lanzado en julio y el del 12 de setiembre del 88 se realizó en repudio de la represión policial durante los disturbios producidos en el acto anterior. &lt;br /&gt;Las huelgas generales bajo Menem, sin distinción de organizaciones convocantes, se realizaron contra la política económica en general. Pero fueron apareciendo reclamos específicos: la flexibilización laboral y el desempleo. Convertibilidad mediante, desapareció el tópico del reclamo salarial. &lt;br /&gt;El octavo paro (14.08.97) trajo algunas novedades en su formato respecto de los anteriores. La huelga se combinó con múltiples focos de cortes de ruta y ollas populares, en muchos casos con hechos de violencia. Hubo decenas de heridos y detenidos por enfrentamientos con la policía en cortes de rutas, de puentes de acceso a la Capital y hasta de calles en el distrito porteño y 124 colectivos incendiados. Los principales hechos de violencia se produjeron en el Gran Buenos Aires y en la localidad neuquina de Cutral-Có. El Ministerio del Interior consignó 278 detenidos, 77 cortes de ruta y 25 piquetes de huelga en todo el país (La Nación, 15.08.97). Caracterizó a esta jornada de huelga la diversidad de formas de expresión. La combinación con los cortes de ruta obedece a que esta modalidad se había ya impuesto desde los episodios de Cutral Có en el mes de abril. Estos se registraron con intensidad en algunos distritos. Fueron esporádicos en Capital Federal, violentos en el conurbano bonaerense y en Mar del Plata. Hubo también en la autopista Rosario-Buenos Aires y en rutas de Santa Fe, Jujuy, Chaco, Córdoba, Neuquén, Río Negro, Santa Cruz y Tierra del Fuego. Los accesos a la Capital fueron interrumpidos en el puente Pueyrredón con manifestantes que quemaron neumáticos y se identificaron con las agrupaciones Quebracho, Todos por la Patria y Corriente Marxista Leninista. Los jubilados también realizaron cortes. Patria Libre participó en el corte de Callao y Corrientes, en el centro de la Capital. Como innovación, hubo la nota de un "cacerolazo" frente a la residencia presidencial de Olivos en el momento en que se realizaba una reunión del gabinete nacional. &lt;br /&gt;La estrategia del gobierno fue recalcar la violencia y ligarla con el estilo político de la oposición, ya que la alianza, si bien se negó a convocar al paro o a adherir directamente, había expresado su "solidaridad" con los motivos de la medida de fuerza. &lt;br /&gt;Pero no sólo en cuanto al formato de la protesta fue novedoso el último paro. Sorprendió la adhesión de las 62 Organizaciones, lideradas por el líder metalúrgico Lorenzo Miguel, en desacuerdo con la CGT en torno a la ley de flexibilización laboral. Desde su casa, en el día del paro, declaró estar muy contento con la medida: "El movimiento obrero ya soportó 8 años de sacrificios a pedido del presidente Menem, pero llegó el momento de luchar contra la flexibilización y el modelo, para conseguir una política económica al servicio del pueblo" (La Nación, 15.08.97, p. 8). &lt;br /&gt;No hubo una definición categórica de la Alianza en favor de la huelga, lo cual le quitó el paraguas político en el que los gremios disidentes hubieran podido resguardar sus reclamos. En cuanto a las adhesiones, también encontramos una marcada diferencia entre huelgas generales bajo Alfonsín y bajo Menem. En el primer caso las medidas contaban con el paraguas político de prácticamente todo el espectro opositor, se trate de partidos políticos o de corporaciones disgustadas con la política económica. Fundamentalmente, contaban con el PJ. Ya he analizado antes cómo en las estrategias del sindicalismo se entretejían motivos económicos y políticos. &lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;4. Los estallidos sociales en las provincias 25/ &lt;br /&gt;A fines de 1993, con el día de furia de los santiagueños conocido como el "santiagueñazo", irrumpe en la escena pública un nuevo repertorio de protesta: los así nombrados por la prensa "estallidos sociales" en las provincias argentinas. &lt;br /&gt;Estas movilizaciones se presentan en el contexto del proceso de reforma económica llevado adelante por el gobierno de Menem.Estos "estallidos" aparecen ligados a los procesos de ajuste emprendidos por los gobiernos provinciales a instancias de la política de transformación estructural impulsada por el gobierno nacional. Esta política refiere al conjunto de estrategias establecidas en el Plan de Convertibilidad (aprobado por el Poder Legislativo el 27.03.91 y en vigencia hasta la actualidad), las cuales pueden resumirse en los siguientes puntos: 1) Redefinición de las cuentas públicas y el papel del estado a través de: a) la aceleración de las privatizaciones, por su efecto de reducción del déficit fiscal; b) la desregulación de la economía, es decir, el repliegue del estado en una serie de funciones de control y participación en los mercados (disolviendo comisiones reguladoras de producción, como la Dirección Nacional del Azúcar, las Juntas Nacionales de Carnes y de Granos, etc.); c) continuación de la reforma administrativa, lo cual implica reducción de empleados públicos y la racionalización de los recursos públicos; y, d) aumento de la captación impositiva. 2) Reducción de costos de producción, a través de: a) la continuidad de la apertura económica; y, b) la flexibilización del mercado de trabajo. &lt;br /&gt;Por razones que obedecen a la lógica de la construcción de la coalición electoral que tanto éxito ha brindado en las urnas a Carlos Menem, el proceso de ajuste se planteó en dos tiempos 26/. La estrategia de reforma económica consistió en escalonar territorialmente los costos de la reforma económica de forma tal que, en los primeros años de gobierno justicialista, recayeron sobre las zonas más urbanizadas e industrializadas y de una tradición de movilización forjada al estilo del sindicalismo industrial. Durante este tiempo, el gobierno mantuvo altos niveles de gasto público en las zonas económicamente periféricas 27/. En estas zonas ha prevalecido otro tipo gestión del reclamo laboral, más subordinado a las estructuras clientelísticas y de una fuerte dependencia de los recursos del sector público. El escaso movimiento sindical existente en las zonas de baja industrialización corresponde a los gremios de los distintos niveles del sector público. El reclutamiento de tipo particularista del personal de la administración pública, sesgado por los favoritismos políticos, lo diferencia del sindicalismo de las regiones centrales (Sidicaro 1995). Este último responde en líneas generales al modelo del sindicato industrial, con mayor autonomía respecto de los gobernantes de turno y más impregnado de valores culturales obreristas que el sindicalismo de las zonas periféricas. El peronismo ha sido capaz de englobar ambas tradiciones 28/. &lt;br /&gt;El escalonamiento de los costos de la reforma del estado le permitió al gobierno circunscribir, durante los primeros cuatro años, la oposición más organizada, heredera de la tradición reivindicativa del sindicalismo de masas, a las regiones metropolitanas. El alivio de las cuentas fiscales y la mayor oferta de financiamiento a partir del Plan de Convertibilidad permitieron al gobierno nacional asistir a las administraciones provinciales. En este contexto, se firmaron acuerdos para establecer una redistribución de los fondos coparticipados, entre los cuales se destaca el Pacto Fiscal, firmado en 1992 y renovado en 1993. El mismo garantizaba a los gobernadores una suma mínima (aunque bastante alta en términos históricos) en el valor de los impuestos coparticipados a cambio de una reducción en los porcentajes correspondientes a las provincias con el fin de financiar los desequilibrios del sistema nacional de seguridad social. El gobierno nacional también dispuso rebajas de impuestos bajo la condición de que las provincias eliminaran tributos propios, básicamente aquellos que afectaban la competitividad del sector exportador. Con este acuerdo, el gobierno nacional procuraba la cooperación de los gobiernos provinciales en las reformas económicas, lo cual supuso, implícitamente, un intercambio. Este consistió centralmente en la permanencia de los regímenes previsionales bajo la órbita de las provincias, sin plegarse a las pautas de la reforma en el sistema nacional de previsión social, y la no privatización de las empresas públicas y los bancos oficiales. Durante esta primera etapa de reformas, el empleo público en las provincias no se sometió a la estrategia racionalizadora (Gerchunoff &amp; Torre 1996). Aunque figuraron en el texto de los pactos fiscales, lo cierto es que las políticas de reforma en las provincias no constituyen un problema apremiante en la primera etapa. La bonanza económica introdujo un efecto suspensivo sobre el ajuste estructural a nivel regional, lo cual permitió a las autoridades nacionales contar con los apoyos legislativos necesarios para avanzar en su propia agenda de reformas (Gerchunoff &amp; Torre 1996, Gibson &amp; Calvo 1997). &lt;br /&gt;A partir de 1994, por el impacto del aumento de las tasas de interés en EEUU y, particularmente, de la devaluación mexicana, la estrategia económica que permitió al gobierno nacional afrontar el ajuste (altamente dependiente del flujo de capitales externos y de la expansión de la demanda interna) mostró su fragilidad (Gerchunoff &amp; Torre 1996). Los gobiernos provinciales, jaqueados por la crisis financiera, el descenso de los recursos fiscales y el acrecentamiento de las presiones del gobierno nacional por el ajuste, no tuvieron otra opción que poner en marcha las reformas que habían evitado hasta entonces: centralmente, la privatización de empresas públicas y la transferencia de los sistemas previsionales al gobierno central (Gerchunoff &amp; Torre 1996). Esta vuelta de tuerca del ajuste puso a las administraciones provinciales en gravísimos apuros. En muchos casos, no pudieron afrontar ni siquiera el pago de los salarios de sus agentes. &lt;br /&gt;He señalado las líneas gruesas del proceso de reforma económica llevado a cabo por el gobierno de Menem: los dos tiempos. También he señalado la heterogeneidad de la base social y política del peronismo de acuerdo a su inserción regional, lo cual ha signado las formas del reclamo laboral. Dos cuestiones interesantes a la hora de entender los "estallidos". &lt;br /&gt;Como antecedente de los "estallidos sociales", pueden señalarse las movilizaciones masivas que tuvieron lugar en casi la totalidad de las provincias periféricas entre 1989 y 1990. En los casos de Chaco, Chubut, Tucumán y Jujuy alcanzaron tal virulencia que generaron una situación de caos e ingobernabilidad durante varios meses. Los gobernadores de Santa Cruz, Chubut y Jujuy fueron obligados a renunciar. Esta ola de protestas en las provincias tuvo, a veces, como resultado importantes cambios políticos e institucionales. Por ejemplo, la transformación del sistema de partidos en nueve provincias entre 1989 y 1993, esto es, el pasaje de un bipartidismo o régimen de partido dominante muy estables a un pluralismo limitado e inestable. Se trata de lo ocurrido en Catamarca, Chubut, Mendoza, Río Negro, San Juan, Santiago del Estero, Tucumán y Santa Fe (Novaro 1994). &lt;br /&gt;Se han denominado "estallidos sociales" a las numerosas y variadas protestas acontecidas en los estados provinciales en el contexto de la aplicación de medidas de ajuste a partir de finales de 1993. Considero aquí dentro de este tipo a las protestas más virulentas: los casos de Santiago del Estero (diciembre de 1993), Jujuy (de larga duración entre 1993 y 1995) 29/, San Juan (julio de 1995), Córdoba (junio de 1995) y Río Negro (setiembre y octubre de 1995) 30/. Me referiré en forma general a estos casos y haré una breve fenomenología del caso de Santiago del Estero. Este último fue el caso que inauguró la serie y el más llamativo por ser el más violento. A mi modo de ver, es el caso que condensa y coloca en su máxima expresión los rasgos generales de los "estallidos sociales". &lt;br /&gt;Los "estallidos sociales" señalados son casos ciertamente diferentes. No obstante, considero que pueden señalarse algunos rasgos comunes, los cuales en su conjunto definen un tipo histórico de protesta. &lt;br /&gt;Los actores más recurrentes son asalariados del sector público (provincial y municipal), siendo apoyados por porciones importantes de la población. Los casos de Santiago del Estero y Río Negro son los más generalizados. &lt;br /&gt;Sus demandas se sintetizan en la defensa del empleo y el salario, rechazando medidas anunciadas o implementadas por las administraciones provinciales en el marco de la política de ajuste. El factor desencadenante es en todos los casos expuestos (excepto en Jujuy) el atraso en el pago de salarios. &lt;br /&gt;El modo de expresión es la movilización y concentración callejeras, acompañadas con actos violentos contra símbolos propios de la vida política (por ejemplo, saqueo e incendio de edificios públicos) y, frecuentemente, con ataques y saqueos a los domicilios particulares de los políticos. &lt;br /&gt;Su alcance es espacialmente localizado (se circunscribe a las capitales y a algunas ciudades importantes del estado provincial) y temporalmente episódico: no implica ni deriva en movimientos políticos estables con objetivos e identidad propios. &lt;br /&gt;El destinatario es el gobierno provincial y la clase política local y, por último, logran un alto nivel de impacto en el sistema político, ocasionando crisis políticas de importancia (por ejemplo, renuncia de gobernadores e intervenciones federales). &lt;br /&gt;Atendiendo ahora al lenguaje que sostiene las rebeliones, es posible resaltar tres elementos: el carácter local, moral y personalizado de la protesta. &lt;br /&gt;La rebelión es contra el poder local. La gente expresa su condena a la política y a la clase política nativas, atacando los "lugares", los símbolos, de los poderes locales. Los blancos principales de la ira son los edificios públicos y las residencias particulares de los funcionarios y políticos, lo cual nos indica una construcción peculiar de lo público que no abordaré en este trabajo. &lt;br /&gt;Esta condena de los poderes locales fue enunciada, principalmente, con un lenguaje moral. Las multitudes se alzan contra la corrupción y la descomposición moral de la vida política y en reclamo de la "purificación" de la misma. Los ataques violentos a los edificios públicos y a las residencias de la clase política se legitiman en un sentimientos generalizado de indignación moral. Más que un discurso invalidante de las medidas de ajuste, lo que se pone en cuestión es el estatuto moral de los agentes del gobierno. Esta interpelación a la clase política en términos de ladrones y corruptos lleva la disputa al terreno moral. El lenguaje que simboliza lo intolerable es de índole moral; no un lenguaje propiamente político -o la política toma en esos ámbitos la forma de una disputa moral. Tomo en este punto las ideas de Hobsbawn sobre la turba urbana precapitalista desarrolladas en Rebeldes primitivos. La define como un movimiento de todas las clases urbanas pobres encaminadas al logro de cambios políticos y económicos mediante la acción directa (es decir, por el motín o la rebelión). Pero el mismo no está inspirado por ninguna ideología específica. La expresión de sus aspiraciones se realiza en términos tradicionales y conservadores. Según Hobsbawn, se trata de un movimiento prepolítico, lo cual no significa que no haya en la rebelión ideas implícitas o explícitas acerca de la política. La turba de la que habla Hobsbawn se identifica con el príncipe y la aristocracia mientras éstos cumplen con su deber. Cuando no lo hacen, se alza hasta que la situación se enmiende y se restablezca el orden. El mecanismo lo comprendían ambas partes, por lo cual no planteaba ningún problema político fuera de los daños que la multitud ocasionaba cuando se rebelaba. La turba, según Hobsbawn, no se dirige contra el orden público porque sus exigencias no van más allá de la subsistencia. Creo que en este sentido el autor habla de movimiento sin ideas, sin política. Un espasmo y luego el restablecimiento del equilibrio. No está muy claro a qué se refiere Hobsbawn con la expresión "sin ideas". No me satisface que coloque los motivos de las sublevaciones en la subsistencia, en el plano de la naturaleza, en el cual no imperan los ideales sino la ciega necesidad. Ya he criticado suficientemente (ver punto 1) esta visión espasmódica y conductista. Pero quiero hacer hincapié en el tipo de lenguaje expresado en las resistencias populares que estoy estudiando. Creo que fue más un lenguaje moral que un lenguaje de la necesidad o un lenguaje político el que simbolizó el límite de lo tolerable. Esto fue más en Santiago del Estero que en los demás casos. Es en este sentido que me ha parecido interesante recuperar la idea de Hobsbawn sobre las rebeliones "sin ideas", sin política. Seguro que los estallidos hicieron visibles los límites del sistema político para dar respuesta a los reclamos de la sociedad en un contexto de crisis y de cambio estructural. Un estado que no puede hacerse cargo de pagar los salarios a sus agentes, ni las cuentas a sus proveedores, etc. es un estado despedazado. Recalcar el lenguaje moral de la protesta no implica quitarle su significado político. Pero la multitud alzó su voz para acusar de corrupción a sus funcionarios y dirigentes políticos. La situación intolerable de corrupción y atropello pareció ser la creencia generalizada que desencadenó la rebelión. &lt;br /&gt;El tinte moral de la protesta va acompañado de un elemento relacionado: la personalización del conflicto. Los ataques a las propiedades de los funcionarios y dirigentes políticos muestran una comprensión personalista de las relaciones de poder, poniendo en primer plano los lazos personales que estructuran la vida política. &lt;br /&gt;Se ha considerado que los "estallidos sociales" y sus consecuencias políticas e institucionales son el emergente del colapso del clientelismo y el caudillismo como formas de representación política características de los estados provinciales argentinos, especialmente de los económicamente más rezagados, ocasionado por los imperativos derivados de la racionalización económica a la que debía ser sometido el aparato estatal provincial por imposición del gobierno nacional. En otras palabras, el clientelismo como modo de gestión gubernamental y como forma de vínculo político entre el liderazgo y la base resultaba contradictorio con el modelo económico que se pretendía construir. Este es el argumento expuesto por Novaro, por ejemplo. Por mi parte, no estoy segura de que haya una contradicción sistémica entre clientelismo y reformas neoliberales; que las presiones del gobierno nacional en favor del ajuste y los efectos de la política económica desreguladora en las economías regionales hayan puesto por peso propio en jaque las formas políticas tradicionales. Antes, no creo que las reformas del estado puede entenderse como un proceso de modernización económica al modo sociológico funcionalista clásico, que como tal exija y desencadene una modernización de los mecanismos políticos. No es mi preocupación aquí pero hay estudios que muestran los réditos que el clientelismo imperante en las regiones periféricas ha tenido para la implementación de las reformas económicas por parte del peronismo (ver Gibson &amp; Calvo 1997). Luego de la exposición del caso de Santiago del Estero, vuelvo sobre el tema del clientelismo. &lt;br /&gt;Por el hecho de haber inaugurado una manera de expresión del reclamo en el sector público y por sus singulares características, el "santiagueñazo" merece nuestra especial atención. A continuación, presento un sintético relato de dicho acontecimiento. &lt;br /&gt;En la jornada del 16 de diciembre de 1993, una multitud de furiosos estatales que no cobraban sus haberes desde hacía tres meses saqueó e incendió las sedes de los tres poderes constitucionales: la casa de gobierno, el palacio de justicia y la legislatura. En la misma agitada jornada, la multitud saqueó e incendió unos veinte domicilios de los más encumbrados funcionarios y dirigentes políticos provinciales (también hubo dos dirigentes sindicales que corrieron la misma suerte). Estos hechos contaron con un bajo grado de planificación 31/. Si bien era el Frente de Gremios en Lucha la entidad que venía convocando las sucesivas e innumerables movilizaciones de los estatales por el pago de los salarios adeudados, las cuales se sucedieron día a día antes del 16, las asambleas espontáneas en los lugares de trabajo primaron frente a los canales gremiales el día 16. La CGT provincial, por su parte, trató de mantenerse al margen de las movilizaciones y huelgas, abogando por el diálogo con el gobernador para lograr el pago de los haberes atrasados y para morigerar los alcances del amenazante ajuste. &lt;br /&gt;La crisis económica de la provincia era de envergadura: 3 meses de atraso salarial en el sector público, para activos y pasivos, en una provincia donde este sector cubre la mayor porción de la actividad económica, de tal manera que se estaba ante el colapso de todo el sistema económico provincial. &lt;br /&gt;La provincia atravesaba, al mismo tiempo, una crisis política e institucional gravísima. Esta crisis no es inteligible sin hacer aunque sea una breve referencia a la trayectoria del "caudillo" de la provincia: Carlos Juárez. &lt;br /&gt;Juárez comenzó su carrera política de la mano de Perón hacia 1949. Desde entonces, fue cuatro veces gobernador y fue la pieza clave de la designación de sus sucesores. En 1987, llegó a la gobernación su protegido, César Iturre, y él fue designado senador nacional. A los pocos meses, Iturre desafió a su protector. Acusándolo de autoritarismo y proponiendo un nuevo estilo político, creó el peronismo renovador en la provincia. En las elecciones provinciales de 1991, el PJ se presentó dividido y Juárez perdió frente a Carlos Mujica, ley de lemas mediante. Juárez y Zavalía (el líder del radicalismo) denunciaron un fraude electoral. Zavalía convocó a la "resistencia civil" y encabezó 28 multitudinarias marchas (de más de 20 mil personas) para denunciar el fraude. Mujica había sido el candidato para la sucesión que el propio Iturre, siguiendo la tradición de gobierno elector, había digitado. El gobierno de Mujica estuvo signado por la crisis económica hasta que el 28 de octubre de 1993 se ve obligado a renunciar para que asuma Fernando Lobo, quien era el vicegobernador. &lt;br /&gt;Lobo tardó 44 días en designar sus ministros: estos fueron echados de la casa de gobierno el día siguiente de su asunción por el "santiagueñazo". Con la economía provincial colapsando, Lobo reclamaba auxilio financiero a la Nación, el que sólo se otorgaría a cambio de la puesta en vigencia de un paquete de medidas de ajuste. El equipo del ministro de Economía de la Nación Domingo Cavallo redactó una ley de ajuste, cuyas principales medidas eran: 1) la anulación de todos los contratos realizados desde enero de 1993, 2) la vuelta a la situación salarial de febrero de 1993 y 3) la transferencia de la Caja de Jubilaciones a la Nación. La Legislatura aprobó esta ley ómnibus. La medida que mayor indignación provocó en los estatales fue la reducción de salarios que implicaba la vuelta a los valores de febrero. &lt;br /&gt;El reclamo principal de los estatales era el pago de los salarios atrasados y la oposición a las medidas de ajuste que afectaban negativamente el salario y el empleo. Pero las consignas fueron, en escalada, hasta apuntar contra la clase política, acusada de corrupta. &lt;br /&gt;Los estatales y los jubilados hacía tres meses que no cobraban mientras los funcionarios cobraron puntualmente sueldos desorbitantes en contraste con la sensación de quiebra imperante en la provincia 32/. Las autoridades anunciaron el día del "estallido" el pago del último mes adeudado con un descuento del 50%. La ira fue incontenible. Santiago del Estero no pudo conciliar el sueño en la sagrada siesta de verano. &lt;br /&gt;Juárez, tres veces gobernador y figura emblemática del patronazgo provincial y los demás dirigentes políticos fueron saqueado por habitantes de su provincia sin que alguien fuera preso por eso ni nadie socialmente relevante se hiciese cargo de condenar el hecho 33/. Con lo cual, podemos inferir que el consentimiento fue generalizado. &lt;br /&gt;El clima de los destrozos era de fiesta. Los relatos de los protagonistas reflejan esta atmósfera festiva y también herética. Por ejemplo, durante le saqueo de la vivienda de caudillo máximo algunos se vistieron con la ropa de su esposa, también famosa por su actuación política y su rigor, y de esa manera conseguían el aplauso de la multitud. Entre otras cosas, la multitud se refrescó en las piscinas de sus representantes y exhibió pertenencias íntimas de sus jefes. &lt;br /&gt;La ira se descargaba sobre los bienes, sobre las cosas de los acusados de corruptos y ladrones. La dinámica de la jornada de protesta fue la siguiente. Una multitud reunida en gran parte espontáneamente (tenía ya varios días de gimnasia movilizatoria) en las primeras horas de la mañana clamaba frente a la Casa de Gobierno el pago de los haberes que se debían. Se enardecieron con el anuncio de la reducción del 50% del último salario, el único que cobrarían ese día, según el mismo anuncio. El blanco de los primeros ataques fue el edificio de la gobernación. Los muebles (el sillón del gobernador causó la mayor euforia) caían desde las ventanas a la calle y eran quemados en una gran hoguera. Los funcionarios que se hallaban en el edificio, incluido el gobernador, huyeron con la ayuda de los bomberos antes de que la multitud, luego del saqueo, incendiara completamente la sede del gobierno. El próximo objetivo fue la Legislatura y luego el Palacio de Justicia. Ambos corrieron la misma suerte. Atacados los tres símbolos del poder institucional, los manifestantes dirigieron su ira desde las instituciones a las personas. Con precisión y con cierta disciplina, los manifestantes fueron eligiendo los domicilios de los más encumbrados funcionarios, dirigentes políticos y sindicales, como objetivos de saqueos, burlas e incendios. Las anécdotas recogidas de esta faena son bien floridas. Taxis, remises, taxi-fletes hacían colas en cada casa asaltada para levantar pasajeros que cargaban bienes saqueados. Cada uno se apropiaba de lo que podía: muebles, heladeras, televisores, aires acondicionados, ventiladores, ropa, vajilla, etc., etc. La mayoría de los domicilios quedaban totalmente destruidos. Lo que no era robado, por su bajo valor por ejemplo, era quemado en una hoguera en la calle improvisada para la ocasión. Finalmente, se procedía al incendio del inmueble. El desarrollo de la protesta fue, en gran medida, espontáneo, pero ello no implicó que la multitud se moviera sin objetivos definidos. &lt;br /&gt;En respuesta a la rebelión, el gobierno nacional dispuso la intervención de los tres poderes constitucionales de la provincia. El interventor Schiaretti esgrimió como prioridades el ajuste y el combate a la corrupción. Hubo numerosas marchas contra las medidas de ajuste que Schiaretti implementó a lo largo de 1994, pero ninguna reportó hechos de violencia. &lt;br /&gt;En las primeras elecciones para gobernador realizadas después del mandato de la intervención (en mayo de 1995), Juárez fue electo gobernador por cuarta vez. Su casa seguía cerrada y con las ventanas tapiadas cuando eso ocurrió. Si bien a menudo se llama la atención sobre el alto porcentaje de votos en blanco y de no concurrencia a las urnas, este dato no debe eclipsar la curiosidad que provoca que Juárez se haya recuperado luego de los ataques que parecían haber condenado irreversiblemente a toda la clase política nativa 34/. No es un detalle menor para interpretar qué "estalló" en Santiago del Estero el 16 de diciembre de 1993. &lt;br /&gt;Volver sobre los rasgos generales de los "estallidos", sobre todo sobre el carácter local, moral y personalizado de la protesta, nos permite pensar dos cuestiones la respecto. &lt;br /&gt;Primera cuestión. La violencia contra los símbolos de la política comunica la ruptura del contrato entre la sociedad y sus representantes. Contrato que establecía un equilibrio entre gobernantes y súbditos. La moneda de cambio entre la población y el poder en estos casos era en gran medida el empleo y los recursos públicos. Este era uno de los principales factores de aquel equilibrio. El sector público suplía las incapacidades del mercado para garantizar la subsistencia de una importante porción de la población en las provincias, principalmente en las más atrasadas económicamente. Esta función correctiva es afectada por las reformas de mercado: privatizaciones, recortes del gasto público, etc.. &lt;br /&gt;Segunda cuestión. La rebelión tuvo un sentido restaurador. Restaurador de un pacto que no dejó de afirmarse a pesar de algunos esfuerzos de la clase dirigente local para "nacionalizar" el conflicto. Mientras que ésta solía colocarse en el contexto de una discusión más amplia acerca de la viabilidad de las reformas de mercado exigidas por el gobierno nacional a las provincias, el conflicto quedaba confinado al espacio local, consumiéndose en la exorcización del mal (los políticos corruptos y ladrones) y se puntualizó en el pago de los salarios atrasados 35/. &lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;5. Los cortes de rutas &lt;br /&gt;En el transcurrir del año 1997, hizo su aparición una forma de protesta novedosa: el corte de ruta. Seguramente, no se trata de un modo de protesta inaudito en Argentina. Sin ir más lejos, los estatales jujeños los utilizaron un par de años antes para oponerse a medidas de ajuste. No obstante, sea por la magnitud misma de las protestas o por la cobertura mediática que tuvieron, fueron la novedad en el campo de la protesta social durante el año 97. &lt;br /&gt;Los cortes de rutas se conectaron desde un comienzo con el crecimiento del desempleo. Fue precisamente esta asociación la que los colocó en el centro del debate público. La televisión acudió a las localidades más perdidas del territorio para recoger imágenes y testimonios en las rutas cortadas. Señalo a continuación los principales rasgos de este tipo de protesta, los cuales, tomados en su conjunto pueden definir, en lo hice en para los estallidos, un tipo histórico de protesta. &lt;br /&gt;Quienes cortaron rutas son, a grandes trazos, grupos de desocupados de lo más heterogéneos. Pero los principales casos adquirieron la dimensión de verdaderas "puebladas", esto es, contaron con la participación de múltiples sectores sociales y el apoyo de asociaciones intermedias de las comunidades locales. Cabe destacar la frecuente presencia de mujeres, jóvenes y docentes en las rutas. Se los llamó "piqueteros" y "fogoneros". &lt;br /&gt;Los reclamos son fundamentalmente soluciones puntuales y ya estudiadas por los protagonistas a la falta de empleo a nivel local. El problema del empleo es relacionado por los manifestantes con alguna cuestión local: la privatización de alguna empresa pública o el cierre de industrias son las cuestiones más recurrentes. Cabe resaltar el carácter puntual y "realista" de los reclamos. Se proponen soluciones concretas: creación de puestos de trabajo, la instalación de empresas determinadas, subsidios para desocupados (desde 300 a 800 pesos), prórrogas del pago de impuestos, etc. &lt;br /&gt;La forma de expresión es la obstrucción de rutas nacionales. Se impide la circulación de personas y bienes con barricadas y fogatas. Los protagonistas usan su rostro cubierto con pañuelos o pasamontañas, o los rostros tiznados. Son resaltables tres elementos respecto a esta forma de expresión: (1) Es resaltable (en contraste con los estallidos) la presencia de formas organizadas de coordinación de la acción y la generación de pautas de comportamiento que apuntan a la cohesión, homogeneización y disciplinamiento del grupo. La toma de decisiones por parte del grupo se implementa generalmente mediante asambleas. Esta modalidad permitió que estas protestas devinieran algunas veces en formas de organización nuevas: por ejemplo, en organizaciones no gubernamentales, como la Coordinadora Provincial de Desocupados de Jujuy (el caso más ilustre), recreando o estableciendo nuevas redes sociales. (2) Otro rasgo destacable fue la presencia de los medios (de la televisión principalmente), bienvenidos por los participantes, y el rechazo de la presencia y las gestiones de dirigentes políticos, ya sea del oficialismo o la oposición. La televisión formó parte de la estrategia de la protesta. La presentación mediática de los manifestantes, potenciada por el efecto simbólico de cortar la circulación de personas y mercancías dentro del territorio nacional, concitó la atención de las autoridades y de la población en general. Los manifestantes a veces se presentaron mediáticamente llevando sus rostros cubiertos, evocando a los ojos del mundo la sublevación zapatista mexicana y complicando la imagen del gobierno argentino frente al mundo de los negocios internacionales. La red mediática fue, a su vez, el espacio de reconocimiento entre los distintos focos de protesta. (3) Por último, los manifestantes se armaban con piedras, hondas, palos, y demás armamento precario para enfrentar a la policía y la gendarmería, produciéndose violentos enfrentamientos y durísimas represiones (en Cutral Có en marzo de 1997, la represión provocó la muerte de Teresa Rodríguez; en Libertador General San Martín en Jujuy, el enfrentamiento con la Gendarmería dejó un saldo de 200 heridos). &lt;br /&gt;El alcance de estas movilizaciones fue local. Los cortes de ruta tuvieron lugar, en general, en localidades pobres del interior del país y donde, también en general, se efectuaron privatizaciones de empresas públicas. Algunos casos adquirieron la dimensión de "puebladas", como en Cutral Có y Plaza Huincul. En cuanto al alcance temporal, los cortes se prolongaban durante varios días y a veces acontecieron simultáneamente (en Jujuy llegó a haber 19 a la vez durante varios días). El destinatario de los reclamos era claramente el Estado nacional y sus instancias competentes para dar solución a los reclamos: por lo general, esta fue el gobierno provincial. &lt;br /&gt;Atendiendo ahora al lenguaje de la protesta, queremos resaltar los siguientes elementos. &lt;br /&gt;En primer lugar, la interpelación al Estado nacional. Quienes cortaron las rutas se presentaron frente al Estado en actitud negociadora en busca de soluciones puntuales. Los cortadores de ruta interpelaron al Estado nacional comprometiendo uno de los atributos básicos de su integridad: el territorio. Cortar las rutas es dividir al Estado. Los cortes de ruta escenificaron el abandono por parte del Estado sufrido por comunidades que sienten que tienen derecho a formar parte del mismo. Presentaron a la opinión pública las zonas relegadas, abandonadas por el Estado. Apareció muchas veces en boca de los manifestantes la expresión "pueblo fantasma", comunidad sin realidad. El reclamo de quienes cortaron las rutas estaba anclado en un derecho digamos mínimo: el derecho a existir. Existencia, o subsistencia, que pone como condición la pertenencia al Estado, la existencia en el Estado, en la nación (el levantamiento de los cortes de ruta de Jujuy se celebró cantando el himno nacional). &lt;br /&gt;Las implicancias simbólicas del acto de cortar las rutas llegan aún más lejos que la amenaza a la integridad del territorio estatal. Los pobladores relegados del interior del país encontraron la manera de interceder en el ámbito del cual están excluidos: en el mercado, en el tránsito libre de la mano de obra y las mercancías. Los cortes de ruta pusieron en relación al Estado con el mercado, remitiendo al deber del Estado de garantizar el funcionamiento del mercado y comprometiendo la relación del gobierno con el poder económico. &lt;br /&gt;En segundo lugar, el rechazo de las mediaciones políticas, esto es, de los actores políticos. Sea como interlocutores, como acompañantes, como apoyo o como cogestores de la solución de los problemas, los políticos eran rechazados. Si hubo un interlocutor, ese fue el Estado nacional. Los manifestantes no admitían intermediarios; querían negociar en forma directa con el Estado. Y los reclamos, como dijimos, estaban formulados en un formato negociable, realista y puntual. &lt;br /&gt;  En general, los cortes de ruta tuvieron lugar en las localidades más pobres de las áreas pobres del país: Cruz del Eje en Córdoba, Belén en Catamarca, Oran en Salta, Montero en Tucumán, en las cuales el porcentaje de hogares con necesidades básicas insatisfechas supera el de la provincia. También presentan mayor índice de desocupación que en el resto del país. Otro dato sumamente relevante para analizar los cortes de ruta es que, en general, tuvieron lugar en los sitios donde se efectuaron privatizaciones de empresas públicas 36/. &lt;br /&gt;De acuerdo al registro de cortes de ruta construido por Giménez &amp; otros en base a los archivos de Todo Noticias accesibles vía internet, hubo 49 días de corte de rutas en 110 días de información. En su mayoría tenían como principal reclamo el empleo. En total, se pueden identificar más de 50. Muchos de ellos se realizaron simultáneamente. Por ejemplo en Jujuy, donde se mantuvieron simultáneamente 19 cortes durante varios días. Los medios de comunicación, las autoridades e incluso los mismos actores muestran dificultades para nombrar a los protagonistas. Este es un indicador de su pluralidad y novedad. Como siempre, la nominación del actor se transforma en un conflicto en sí, cada nombre lleva implícita una interpretación de la situación. Es resaltable también la aparición de las asambleas populares como mecanismos de toma de decisiones. Las protestas generaron prácticas políticas autónomas y nuevas, ancladas localmente. &lt;br /&gt;Por ser los casos más importantes y más conocidos, me referiré a los cortes de ruta de Cutral Có, Plaza Huincul y Jujuy. &lt;br /&gt;En junio de 1996, se produce la primera gran protesta de Cutral Có y Plaza Huincul. Ambas son localidades de la provincia patagónica de Neuquén que fueron afectadas por la privatización de YPF, hecho que provocó despidos masivos y el retiro de una serie de beneficios asociados a la función social de las empresas públicas que cumplían en esas comunidades: provedurías, hospital, etc. De los 4000 empleados de YPF, quedaron sólo 400 (Favaro &amp; otros. 1997). Los manifestantes reclamaban la instalación de una planta de fertilizantes, prometida pero nunca realizada por todos los gobiernos del Movimiento Popular Neuquino. Durante 6 días, alrededor de 5000 personas apostadas en barricadas de neumáticos en llamas sitiaron ambas localidades. Fueron denominados "piqueteros" por la prensa local. No está clara la procedencia de este vocablo. Se manejan dos versiones. Pudo tener origen en el lenguaje sindicalista: los "piquetes" de huelga (uso que deriva de las avanzadas de soldados durante la primera guerra mundial) o en las "picadas", nombre que se le daba a los caminos abiertos por las empresas petroleras, en las que instalaban señalamientos o "piquetes" (Sánchez 1997). Los manifestantes eran jóvenes pobladores, un grupo heterogéneo que abarcaba desde obreros de la construcción a docentes y cuentapropistas. La medida contó con el apoyo de la Cámara de Comercio local y otras asociaciones intermedias. Se interrumpieron todas las actividades: el comercio, el transporte aéreo y terrestre y la ruta de acceso a los centros urbanos. Se pedía la presencia del gobernador Felipe Sapag en la zona del conflicto con una propuesta concreta sobre la planta de fertilizantes. El protagonismo de la gente desbordó a los punteros políticos. Los "piqueteros", armados de piedras, hondas y palos, con la cara cubierta y tiznada se enfrentaron con la Gendarmería. No tenían formalmente dirigentes pero había definidas asignadas dentro del grupo de manifestantes. Entre éstas, cabe señalar al "brazalete", el encargado de autorizar el ingreso tanto de víveres como la salida de vehículos, y al "vocero", quien se encargaba de los comunicados. Emergieron en el grupo, asimismo, una serie de reglas de comportamiento que apuntaban a la cohesión, a la homogeneización y al disciplinamiento (no se permitía, por ejemplo, la circulación de bebidas alcohólicas y la información era canalizada por el vocero). Se trató de una pueblada, en el sentido de su generalización. La estrategia de Sapag fue capitalizar la protesta, direccionando el reclamo contra el gobierno nacional. &lt;br /&gt;Cuando se levantaron los piquetes, los esfuerzos de los pobladores no terminaron allí. Durante meses una comisión de representantes locales analizó en la legislatura provincial la cesión del yacimiento gasífero El Mangrullo, para el funcionamiento del cual era necesario una inversión considerable. Este yacimiento quedó para la provincia después de las privatizaciones de 1992 y el gobierno provincial se comprometió a pasarlo a los municipios, además de a llamar a licitación para construir la planta de fertilizantes, implementar un programa de obras públicas a corto plazo y dotar de lo necesario al hospital de Plaza Huincul. Mientras tanto, el gobierno provincial se comprometía a atender con subsidios las necesidades básicas de unas 1000 familias. &lt;br /&gt;El problema siguió latente. Nueve meses después, la huelga docente que estalla en Neuquén en marzo de 1997 es el detonante de la segunda pueblada en las localidades petroleras, donde surge un grupo de jóvenes autodenominados "fogoneros", quienes cortan la ruta de acceso a Cutral Có en apoyo de las demandas docentes. No eran más de cien jóvenes cuyas edades iban de los 14 a los 20 años. Luego de varios días, el gobierno provincial apeló a la acción represiva de la Gendarmería. Los fogoneros enfrentaron la represión con las armas que tenían: palos, fierros y hondas. La violenta represión y la intervención de la policía provincial derivaron en la muerte de Teresa Rodríguez. Esta víctima aglutinó la comunidad cutralquense reavivando el problema de la desocupación y las promesas incumplidas de Sapag. Se generalizó el conflicto en manifestaciones provincia y las manifestaciones contra la represión, y la repercusión de la noticia de la muerte convocó a todo el país. &lt;br /&gt;Cabe aclarar que los "fogoneros" de la segunda protesta no son los mismos que los "piqueteros" de la primera pueblada. Ellos mismos se diferenciaban acusando a los piqueteros de haber negociado con el gobierno traicionando a los demás. &lt;br /&gt;Estos actores están lejos de cualquier planteo ideológico y descreen tanto de los funcionarios como de las dirigencias políticas y gremiales. Se mueven anárquicamente y no participan de las asambleas de las localidades. Estas se realizan alrededor de una torre, símbolo de la actividad petrolera. En las asambleas populares participan piqueteros, estatales, amas de casa, concejales y legisladores provinciales. Tiene una organización genuina, con delegados de cada sector de la asamblea. Los asambleístas tienen reclamos de corto, mediano y largo plazo. A corto plazo, exigen la creación de 1200 puestos de trabajo, contratos de 3 años en YPF para las empresas de ex empleados y Gas del Estado, prórroga del pago de impuestos, etc. A mediano plazo, solicitan la implementación de un régimen de promoción como el de San Luis, baja de tarifas de combustible y gas, un fondo de reparación histórica, etc. Por último, a largo plazo, piden la ampliación de la destilería de YPF y la exención del IVA 37/. &lt;br /&gt;Los cortes de rutas alcanzaron mayor frecuencia en Jujuy que en otras provincias. Se llegaron a realizar 19 cortes en simultaneidad durante 12 días. El levantamiento de estos cortes se llevó a cabo el 31 de mayo de 1997 con la firma de un acuerdo entre los manifestantes y el gobernador Carlos Ferraro. El mismo se celebró con la mediación de la Iglesia local. Fue firmado en el Obispado, luego de lo cual el gobernador debió salir rodeado de insultos y empujones. En los portones de la Catedral, sobre un palco improvisado y precario, los representantes de los "piqueteros" celebraron el acuerdo cantando, entre llantos y abrazos, el himno nacional. &lt;br /&gt;Bajo la presión de una orden judicial de desalojar los cortes por la fuerza, el acuerdo firmado determinó el levantamiento de los cortes de rutas que llevaban 12 días, en algunos de los cuales se habían producido durísimos enfrentamientos con la Gendarmería, con un saldo de más de 200 heridos en Libertador General San Martín. El acuerdo consistió en un acta de 19 puntos, entre los cuales estaba el otorgamiento de un total de 12579 puestos de trabajo -más del número que se había manejado en las negociaciones con el gobernador y sus ministros en los días antes. Con muchas discusiones y dudas por parte de los manifestantes, el elemento que decidió el levantamiento de los cortes fue la casi duplicación del fondo especial para subsidios de 4 meses comprometida por Ferraro. En lugar de los 500 mil pesos por cada uno de esos meses planteados anteriormente, se pasó, en el acta, a cuotas mensuales de 800 mil pesos. La Iglesia, en la figura del obispo Marcelo Palentini, y la propia comisión de desocupados que había coordinado las medidas de fuerza y las negociaciones, serían los encargados de determinar las formas de distribución tanto de los puestos de trabajo -tenían cantidades asignadas por localiddad- como los subsidios. Había dos puntos del acta, especialmente festejados por los piqueteros, que requerirían leyes de la Legislatura que el gobernador se comprometió a impulsar. Las primera implicaría la convertibilidad a pesos y luego la desaparición de los odiados bonos utilizados por el gobierno para pagar salarios y deudas a proveedores pequeños y medianos, que perdían en su circulación efectiva no menos del 10% de su valor nominal. La otra ley determinaría recortes del 10% en los salarios de los funcionarios provinciales que ganaran más de 1500 pesos. Pero, en términos políticos, lo más sorprendente del acta fue la adhesión del gobernador justicialista a la propuesta del Frente de Gremios Estatales para la reactivación de la estructura productiva de la provincia. Conducido por el líder sindical municipal Carlos "Perro" Santillán y por Fernando Acosta, el Frente cuestiona la adhesión de Jujuy a algunos puntos del Pacto Fiscal e impulsa la aplicación de impuestos especiales a los grandes grupos empresariales y la confiscación o el arriendo forzoso de las tierras improductivas. Los piqueteros apoyaban las propuestas del Frente, siendo el punto de relación entre los dirigentes de las protestas y algún tipo de conducción social o política más orgánica de la provincia. La dirigencia de los partidos de la oposición despertaba enormes resistencias entre los protagonistas de las protestas. Entre los manifestantes, primaban los vínculos horizontales y la incertidumbre sobre el acuerdo se mantuvo hasta la noche del día 31, cuando los delegados que lo habían negociado lo comunicaron a sus compañeros que aún mantenían las rutas obstruidas. &lt;br /&gt;El 4 de agosto de 1997, los piqueteros jujeños volvieron a cortar varias rutas provinciales y nacionales por los menos en quince puntos. Exigían el cumplimiento del acta firmada el 31 de mayo. Los manifestantes sostenían que el gobierno provincial había cumplido solo parcialmente el acuerdo en torno a la generación de empleos nuevos. Demandaban, además, el pago de 400 pesos en vez de 200 a los incorporados al Plan Trabajar y la inclusión de las mujeres en los programas de empleo 38/. Pero, en ámbitos oficiales, se atribuían los nuevos cortes a la "interna" de los desocupados. Estos cortes surgieron en momentos en que la Iglesia tenía previsto realizar una mesa de concertación con la participación de múltiples sectores de la sociedad jujeña. &lt;br /&gt;La mayoría de los cortes fueron levantados al día siguiente (el día 5), luego de acordar una tregua con el gobierno provincial hasta el 22 de agosto, fecha en que se iniciaría la mesa de concertación propuesta por la Iglesia. La comisión de desocupados dispuso levantar la medida pero permaneciendo a la vera de las rutas, aguardando el desarrollo de las negociaciones. Lo decidieron luego de seis horas de deliberaciones. &lt;br /&gt;Los piqueteros crearon una organización no gubernamental: la Coordinadora Provincial de Desocupados. En un informe a la Asamblea Episcopal reunida en setiembre de 1997, los obispos jujeños Pedro Olmedo y Marcelo Palentini subrayaron el crecimiento de la madurez y la organización de la Coordinadora y destacaron la importancia de que los piqueteros habían pasado a ser un actor social reconocido por todos los demás, participando con iguales derechos en la mesa de concertación que la Iglesia coordinaba. La Coordinadora de Desocupados procesó fichas de 35 mil desocupados en la provincia. Aproximadamente 3700 personas consiguieron trabajo en el marco del programa Trabajar con salarios que apenas alcanzan para la supervivencia. Otros 2 mil trabajadores fueron asignados a "servicios comunitarios" y 3240, en su mayoría mujeres, recibieron un subsidio de 150 pesos cada una (Página 12, 07.09.97). &lt;br /&gt;En todos los casos analizados de cortes de rutas, se rechazó la intervención de partidos políticos y dirigentes sindicales. Hubo, en cambio, una actuación destacada de la iglesia católica tanto en los cortes de Neuquén como en los de Jujuy. &lt;br /&gt;Las protestas devinieron en formas de organización popular nuevas: asambleas populares, organizaciones no gubernamentales, etc. Estas formas de organización recrearon, o crearon, redes sociales. Más que las protestas de los estatales en las provincias por el pago de salarios atrasados o contra medidas de ajuste, los cortes de ruta llevaron la política a territorios rezagados y colocaron el tema de la desocupación y las consecuencias sociales de la política socioeconómica del gobierno en el centro del debate. La forma del reclamo, cortar las rutas, puso especialmente de mal humor al gobierno nacional. La noticia de los cortes de ruta en Argentina llegó al exterior a través de noticieros y diarios. Menem, por ejemplo, encontró la foto del conflicto jujeño en los periódicos extranjeros mientras estaba en Alemania procurando inversiones. La presentación mediática de los manifestantes, potenciada al efecto simbólico de cortar la circulación de personas y mercancías dentro del territorio nacional, concitaron la atención de las autoridades y de la población en general. En cuanto a la presentación mediática, a veces los manifestantes llevaron sus rostros cubiertos, evocando a los ojos del mundo la sublevación zapatista mexicana y complicando la imagen del gobierno argentino frente al mundo de los negocios internacionales. Como se dijo, las implicancias simbólicas de cortar las rutas llegan muy lejos. De esta forma, los desocupados del interior del país interpelan al estado nacional, y no ya solamente a los gobernantes locales, amenazando la integridad de su territorio, cuya garantía es una de las funciones esenciales del estado. &lt;br /&gt;Cortando las rutas, además, los desocupados encontraron la manera de interceder en el ámbito del cual están excluidos: en el mercado, en el tránsito de mano de obra y mercancías. &lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;6. ¿Qué queda del "movimiento obrero"? La innovación en el repertorio de protestas laborales desde 1983 &lt;br /&gt;Las nuevas formas de protesta laboral surgidas durante los gobiernos del presidente Menem son, principalmente, los estallidos sociales y los cortes de ruta. Estas formas se diferencian de las del repertorio "clásico", asociado al sindicalismo peronista. En su lenguaje, no prima en las nuevas formas un lenguaje de clase ni el mismo denota un anclaje identitario fuerte. El lenguaje del "estallido" y del "corte" no es casual. Lo que ha estallado o lo que se ha cortado, si el razonamiento desplegado en este trabajo es sustentable, es un repertorio de reclamo. Esto es, un esquema cognitivo en el cual se definían los límites de lo tolerable y las pautas a seguir cuando ese límite era traspasado. Si el lenguaje de la protesta del "movimiento obrero" se inscribía en una tradición y un proyecto políticos, el lenguaje del "corte" o del "estallido" sugiere la agonía y la reacción sin nada por delante. Cuanto mucho, un "basta, así no se puede seguir". Si en un caso hay teleología y totalización 39/, en el otro no parece existir una proyección comparable. Siendo el horizonte temporal una dimensión imprescindible para la constitución de sujetos de acción, esta no es una cuestión menor. Los que cortan las rutas son, en general, desocupados que piden paliativos para su amarga situación y se han trascendido a sí mismos nominándose "piqueteros" y "fogoneros", esto es, designándose precisamente con la acción de cortar las rutas. Se trata de una identidad conseguida en la acción, por lo cual puede ser tan efímera como la duración de la acción misma. Tenemos derecho a interpretar los nombres porque ellos reflejan una determinada comprensión del mundo. O sea, un nombre se impone sobre otros nombres posibles, sobre otras comprensiones del mundo. Claro, que quienes cortan las rutas se llamen "piqueteros" no determina su carácter efímero como grupo ni que no puedan por el hecho de llamarse así devenir en un actor más permanente y más organizado, como de hecho lo están intentando en Cutral Có y Jujuy. Los "piqueteros" ya han quebrado una situación de serialidad, aquella que los posiciona como desocupados o marginales en la vida social. Y han pasado a la acción. Y, por ahora, reniegan de toda identificación política y no se valen de los canales tradicionales para efectuar sus reclamos. &lt;br /&gt;Por el contrario, en el repertorio clásico, el reclamo tomaba su sentido de una concepción acerca del rol del movimiento obrero en la sociedad, el estado y el movimiento peronista. No hallamos en el lenguaje de la resistencia a los procesos de ajuste en las provincias ni en los cortes de rutas la evocación del movimiento obrero y del peronismo como sostén de los reclamos. Ni de ningún discurso político con un grado considerable de sistematización 40/. Encontramos, en contraste, el rechazo de la política. &lt;br /&gt;Los estallidos y los cortes difieren en dos cuestiones importantes. Primera: el lenguaje moral del estallido contrasta con el lenguaje de derecho (a la existencia en el estado) de los cortes. Segunda: la interpelación a los poderes locales en términos de un vínculo personalizado de reciprocidad del estallido contrasta con la interpelación al estado nacional en términos de su responsabilidad pública frente a la sociedad del corte 41/. El rasgo que comparten es su carácter antipolítico. Por distintas vías, ambas formas de reclamo rechazan las formas hegemónicas de la política, el campo político instituido es rehusado como espacio de emplazamiento del problema y la negociación. &lt;br /&gt;La ausencia de un marco político de identificación de los manifestantes favorece la focalización de la protesta y dificulta la articulación entre los distintos focos de protesta. Salvo la Marcha Federal, no se generó otra instancia de protesta que coordinase los reclamos de los estatales que enfrentaban problemas similares en las provincias. 42/ La red organizacional del sindicalismo, por el contrario, favorece la coordinación de la protesta en ámbitos menos localizados. Esta red en su alcance nacional estuvo sistemáticamente al margen de los estallidos y los cortes. Los protagonistas de los estallidos y los cortes se enteraron mutuamente de sus luchas a través de los medios de comunicación más que por algún tipo de circulación institucionalizada. Por su parte, las transformaciones del peronismo han calado en el lenguaje de la protesta laboral manifestándose en una crisis de los recursos retóricos con los que ésta contaba para definir adversarios y para construir un sentido de la acción reivindicativa. &lt;br /&gt;Los reclamos en las nuevas formas de protesta se hallan más orientados a la satisfacción de necesidades básicas, son más puntuales y más defensivos que los correspondientes a las formas clásicas. Las nuevas formas, asimismo, son menos institucionalizadas y más espontáneas que las sostenidas en la acción sindical tradicional. En contraste con las huelgas y las manifestaciones callejeras, los cortes de ruta al igual que los ataques a la propiedad pública y privada son en sí mismos ilegales. &lt;br /&gt;Las protestas sindicales, por su parte, sufrieron transformaciones concomitantes. Estas fueron disminuyendo entre 1983 y 1997. A su vez, las medidas de fuerza llevadas a cabo con la intervención de las organizaciones sindicales se han ido haciendo más desagregadas en cuanto a la instancia de coordinación de las mismas en la estructura sindical. &lt;br /&gt;Considero que las diferencias analizadas permiten pensar en cambios importantes en el repertorio de protestas laborales en Argentina, los cuales pueden rastrearse dentro del período 1983-1989. ¿A qué responde la transformación del repertorio? &lt;br /&gt;Las transformaciones en el mercado de trabajo acontecidas en las últimas décadas tienen que haber incidido en las formas de protesta laboral. No obstante, si bien debemos tener en cuenta el aspecto socioeconómico, el mismo no basta para analizar la evolución de las formas de protesta. Como lo he sostenido en la introducción, las condiciones y transformaciones de orden socioeconómico sólo logran impactar en las formas de protesta bajo la mediación de la arena política en la cual se configuran los intereses, identidades y recursos que orientan la acción colectiva. En este sentido, cabe realizar un análisis político de la evolución de las formas de protesta laboral que otorgue especial interés al papel del peronismo. &lt;br /&gt;No pretendo distraerme frente a la fuerza de ciertos datos socioeconómicos (aumento del desempleo, precarización del empleo, etc.) sino ensayar otra mirada. Por ejemplo, no se puede mitigar la importancia del crecimiento de la desocupación experimentado en lo que va de democracia en Argentina 43/. Su impacto en la disminución de las protestas sindicales clásicas es indudable. Las condiciones de desocupación desalientan la acción reivindicativa, significando una constante amenaza de despido y el aumento de la competencia por los puestos de trabajo. No obstante, considero que los cambios políticos han tenido también su impacto sobre la transformación del repertorio de protestas laborales. &lt;br /&gt;Las oportunidades políticas para la protesta laboral no se mantuvieron estables entre 1983 y 1997. Los cambios en la composición interna, la posición estratégica en el sistema político y el perfil ideológico y programático del peronismo registrados entre 1983 y 1997 han incidido en las formas adoptadas por la protesta laboral. Cuando el peronismo fue oposición política, durante el gobierno de Alfonsín, la protesta laboral tendió a estar hegemonizada por las organizaciones sindicales y a adquirir formas de alto grado de agregación, centralización y politización. Una de las orientaciones predominantes de la acción sindical en tal período fue el refuerzo y la actualización de la identidad peronista. Paralelamente, la CGT asumió el rol de la oposición partidaria mientras el partido se recomponía internamente luego de la derrota electoral de 1983. A grandes rasgos, el repertorio de protesta laboral vigente durante el primer gobierno de la transición democrática fue el repertorio históricamente asociado a la configuración del sindicalismo peronista. El peronismo en el gobierno, por el contrario, ha sido acompañado por un repertorio de protesta laboral más fragmentado organizativamente, más orientado a la satisfacción de necesidades básicas, menos anclado en un proyecto político, con reivindicaciones más puntuales y con formas más defensivas y menos institucionalizadas. Como novedad respecto de la tendencia que llamé clásica en las protestas laborales, hallamos movimientos espontáneos y desprovistos de organicidad y permanencia, como son el caso de los llamados "estallidos sociales" en las provincias y el caso de los cortes de ruta. Esta mayor fragmentación de la protesta laboral durante la gestión peronista ha coincidido con el menor peso del sindicalismo como representante sectorial de los trabajadores, con su menor participación en la conducción peronista y en la actividad parlamentaria y con la transformación del perfil programático del peronismo (ver Gutiérrez 1998). &lt;br /&gt;El giro en el modelo económico y en el modelo de estado que ha impulsado el gobierno del presidente Menem ha dejado su huella en el repertorio de protestas laborales. Pero no sólo porque las reformas han afectado los recursos y las oportunidades para reclamar. Los repertorios de protesta de los actores se configuran al mismo tiempo que el tipo de estado y el sistema de relaciones económicas, cuyo funcionamiento requiere de una economía moral (en el sentido de Thompson, ver punto 1). La vigencia de un modelo económico implica el reconocimiento por parte de los actores de criterios de justicia, umbrales de tolerancia y pautas de comportamiento para cuidar de sus intereses. El desmantelamiento del estado asistencialista y del modelo de desarrollo orientado al mercado interno en Argentina han implicado una crisis de aquellos criterios y aquellas pautas de comportamiento que sustentaban las relaciones económicas y estructuraban las relaciones políticas en el sistema anterior. La transformación de las formas de protestar por los problemas de trabajo tiene que interpretarse en conexión con los cambios económicos, sociales y políticos de carácter estructural acontecidos en Argentina desde la inauguración de la nueva democracia. La baja institucionalización, la escasa politización y la fragmentariedad de las nuevas formas expresan la retirada del universo de prácticas y significados en el que el reclamo laboral se inscribió por mucho tiempo. &lt;br /&gt;He presentado las distintas formas que predominantemente han conformado el repertorio de protestas laborales en Argentina a partir de 1983. Cada una de ellas se ha expresado en muchísimos casos, tan diversos y heterogéneos entre sí cuanto más se resalta la singularidad de cada uno. No es lo mismo el "santiagueñazo" que lo que sucedió en La Rioja unos días antes; los cortes de rutas de Cutral Có y Jujuy tuvieron un grado de generalización mayor que los demás cortes. He adoptado en este trabajo un punto de vista panorámico. Confié en que la pérdida de especificidad y detalle en el tratamiento de los casos sería compensada con la riqueza de la perspectiva comparativa, con la ventaja de poder dar una interpretación plausible de la transformación de las protestas laborales en la nueva democracia argentina. En este sentido, me gustaría poner, para concluir y para redimir el punto de vista panorámico, la siguiente cita: &lt;br /&gt;«Quizás alcanzaba a ver uno o dos puntos con singular acuidad, pero procediendo así perdía el conjunto de la cuestión. En el fondo se trataba de un exceso de profundidad, y la verdad no siempre está dentro de un pozo. Por el contrario, creo que, en lo que se refiere al conocimiento más importante, es invariablemente superficial. La profundidad corresponde a los valles, donde la buscamos, y no a las cimas montañosas, donde se la encuentra». Edgar Allan Poe: Los crímenes de la calle Morgue, Alianza. &lt;br /&gt;________________________________________&lt;br /&gt;NOTAS &lt;br /&gt;* Instituto de Investigaciones Gino Germani, UBA &lt;br /&gt;1/ La serie de "estallidos sociales" fue inaugurada por el llamado "Santiagueñazo" en diciembre de 1993. Los cortes de ruta hicieron su aparición en escena en 1997. &lt;br /&gt;2/ Pero, más allá de esta singular configuración histórica, no me parece adecuado en general restringir la comprensión de las formas de reclamo laboral al análisis de las condiciones socioeconómicas de existencia de quienes reclaman. Aún los clásicos estudios marxistas sobre la historia de la clase obrera han tenido que dar cuenta de la constitución de la clase como sujeto de acción, sea en términos de toma de conciencia de una situación estructuralmente desventajosa o en términos de un lenguaje histórico que confirió significado a la clase como fuerza social y política. &lt;br /&gt;3/ Informe de avance de beca de perfeccionamiento, Instituto de Investigaciones Gino Germani/UBA, 1997. &lt;br /&gt;4/ Consideré dentro del enfoque psicologista tradicional del comportamiento colectivo a Gustav Le Bon y Gabriel Tarde -quienes, revelando los mecanismos emociionales que explican el comportamiento de las multitudes, ejercieron gran influencia en el campo de las teorías de la acción de masas a fines del siglo pasado- y a Ted Gurr, quién elaboró a fines de la década del 60 su teoría de la privación relativa para explicar la violencia colectiva. Ver Informe de Avance de marzo de 1997. &lt;br /&gt;5/ Entre los autores que se inscriben dentro de esta tradición -la mayoría norteamericanos-, podemos destacar a Mac Carthy &amp; Zald (los pioneros), Jenkins, Oberschall, Tilly y Tarrow. Para una genealogía y caracterización de este enfoque, se puede ver Jenkins (1994), además de mi Informe de Avance de marzo de 1997. &lt;br /&gt;6/ Hablo de una tentación porque temo estar haciendo una extrapolación teóricamente espuria o, por lo menos, desautorizada por Thompson, quien restringe explícitamente el uso del concepto de economía moral a una formación histórica puntual, esto es, la economía moral supone el modelo paternalista de gestión económica. El uso del concepto en trabajos historiográficos así lo testimonia. Pero, luego de esta salvedad, me permito con toda prudencia utilizar analógicamente el concepto de Thompson. &lt;br /&gt;7/ Esta especificación de la noción de "estructura de oportunidades políticas" debe mucho a la realizada por Kriesi (1992). &lt;br /&gt;8/La matriz político-económica llamada por Cavarozzi (1996) "matriz estado-céntrica", predominante en América Latina a partir de 1930, es definida por este autor como un conjunto de atributos económicos y políticos. En cuanto a los primeros, esta matriz se define a partir de los siguientes mecanismos: la industrialización sustitutiva, la economía cerrada o semicerrada, la regulación estatal de los mercados y el patrón de inflación moderada. Políticamente, el funcionamiento de esta matriz estuvo asociado a la emergencia e incorporación política de nuevos actores sociales, implicando la emergencia y el fortalecimiento de organizaciones de trabajadores y el incremento de la participación y movilización de la mayoría de los sectores sociales, especialmente los sectores populares. Esta participación estuvo balanceada por controles implementados desde las agencias del estado e implicó la creación de canales corportativistas y semicorporativistas vinculados con organizaciones públicas, partidos políticos y asociaciones profesionales y sindicatos. Hasta la década del 60, a pesar de haberse producido sucesivas dislocaciones en la matriz, no se produjeron rupturas definitivas. La matriz contaba con instrumentos que le permitían hacer frente a las crisis y restaurar temporalmente un equilibrio aunque sea precario. Principalmente, este instrumento era la inflación. &lt;br /&gt;9/ El discurso peronista sobre la clase trabajadora ha sido trabajado en abundancia en la literatura, por lo cual prefiero no profundizar más en el mismo en este trabajo. Se pueden ver, por ejemplo, Sigal &amp; Verón (1988), de Ipola (1987) y el reciente libro de Martuccelli &amp; Svampa (1997). &lt;br /&gt;10/ Para un análisis de la interpenetración entre el conflicto político y las relaciones obrero-patronales a nivel de las empresas, ver Sidicaro (1982). &lt;br /&gt;11/ Convergieron en este alineamiento tres sindicatos estatales (Luz y Fuerza, telefónicos y petroleros del estado), cuatro sindicatos de servicios del sector privado (comercio, bancarios, gastronómicos y sanidad) y los ocho restantes eran sindicatos industriales (textiles, plásticos, carne, mecánicos, aguas gaseosas, molineros, vidrio e industria fideera). Políticamente, trece de ellos provenían de las 62 Organizaciones y sólo dos (mecánicos y telefónicos) de los Veinticinco. Para más información sobre la composición del Grupo de los Quince, ver Fraga 1991:38-39. &lt;br /&gt;12/ Este modelo se sustenta, entre otras, en las leyes 14.250 de convenciones colectivas de trabajo de 1953, 20.744 de contrato de trabajo y 20.615 de asociaciones profesionales, ambas de 1974 (Novick &amp; Catalano 1992). &lt;br /&gt;13/Ver mi Informe Final de beca de Iniciación de UBACyT, 1996. &lt;br /&gt;14/ No podemos desconocer que este proceso de deterioro del sistema de relaciones laborales es en algunos aspectos similar al que registran varios países europeos (entre otros, Francia, España e Italia) en los que los acuerdos por empresa van sustituyendo al sistema nacional de relaciones laborales. Este quiebre pone fin a una época que, iniciada en la posguerra, instituyó dicho sistema como un componente clave de regulación económica y social de las sociedades capitalistas occidentales (Palomino, 1995). &lt;br /&gt;15/ Para un análisis de las instituciones a partir de las cuales se ha instrumentado la flexibilización laboral, ver Novick &amp; Catalano (1992). &lt;br /&gt;16/ Para un análisis del proceso de desindicalización del PJ, ver Gutiérrez (1998). &lt;br /&gt;17/ Ricardo Spaltemberg (1996): "Conflictos laborales en Argentina: 1984-1994", Instituto de Investigaciones Gino Germani, mimeo. &lt;br /&gt;18/ James W. McGuire (1996): "Strikes in Argentina: Data Sources and Recent Trends", Latin American Research Review, vol. 31, nº 3. &lt;br /&gt;19/Queda para mí aún sin aclarar cómo Spaltemberg, tomando la base de datos de McGuire para el período 1984-89, pudo incluir una categoría más. &lt;br /&gt;20/Consultora de Investigación Social Independiente. Los datos me fueron brindados gentilmente por su director Alejandro Gonda. &lt;br /&gt;21/ Según McGuirre, la causa principal de la baja de huelgas bajo Menem fue el efecto inhibidor ocasionado por el triunfo del gobierno en una importante huelga anti-privatización llevada a cabo por los telefónicos en Capital Federal en septiembre de 1990. &lt;br /&gt;22/ Agradezco el estudio sobre las huelgas generales desde 1984 que me facilitó el Centro de Estudios para la Nueva Mayoría. &lt;br /&gt;23/ Los 7 primeros fueron convocados por la CGT-Unificada, la cual funcionaba de hecho a partir de la fusión de las dos centrales sindicales que existieran durante el último tramo del gobierno militar: la CGT-Azopardo y la CGT-RA. Los 6 últimos fueron convocados por la GGT normalizada, cuyas autoridades fueron elegidas por el Congreso de la CGT en noviembre de 1986. &lt;br /&gt;24/ Alineamiento sindical que, siendo disidente de la conducción, mantiene su afiliación a la CGT. Agrupa a los gremios de choferes de colectivos de corta, media y larga distancia, empleados de los subtes porteños, camioneros, aeronavegantes y marítimos. &lt;br /&gt;25/ La reconstrucción histórica de las protestas en las provincias se ha realizado en base a una cronología elaborada en base a la información brindada por tres periódicos nacionales y, en algunos casos, por periódicos provinciales. &lt;br /&gt;26/ Principalmente, me valgo en este punto en el trabajo de Gibson &amp; Calvo (1997), en el cual se analiza la dinámica electoral del proceso de reforma económica en Argentina entre 1989 y 1995, mostrando que la distribución territorial de los recursos políticos y la diferenciación regional de las economías provinciales definieron la estrategia de reforma económica y las bases políticas para su implementación, la cual se ajustó a las necesidades del peronismo de mantener diversas coaliciones electorales exitosas a nivel nacional. Consideran zonas metropolitanas a Capital Federal, Buenos Aires, Córdoba, Mendoza y Santa Fe. Lo que resta del territorio nacional es considerado zona periférica. &lt;br /&gt;27/ Recuérdese que el sistema electoral sobrerepresenta a las provincias más pobres y despobladas más que cualquier otro en el mundo (Gibson &amp; Calvo 1997). &lt;br /&gt;28/ El anclaje del peronismo en unas y otras regiones es diferente, lo cual conlleva a una configuración distinta de la protesta laboral. El sistema político en las provincias periféricas se caracteriza por su bajo grado de institucionalización formal. Los intercambios clientelistas constituyen la modalidad típica de relación entre los jefes y los seguidores y control de la sociedad sobre sus dirigentes es casi inexistente. Por el contrario, el peronismo en las zonas más modernas se caracteriza por una concepción del juego político marcada por la complejidad de la vida urbana y el formalismo burocrático, lo cual orienta sus estrategias a la construcción de pactos corporativos garantizados por el estado y favorece la organización de las demandas laborales en términos similares a los actores de sociedades industriales más modernas que la argentina (Sidicaro 1995). &lt;br /&gt;29/ Junto a los casos de Santiago del Estero y Jujuy, cuentan en la primera ola las protestas de La Rioja y Tucumán. Ambos son casos de menor envergadura que los anteriores, por lo cual no les dedicaré atención en este trabajo. &lt;br /&gt;30/ Dejo de lado el caso de Tierra del Fuego (mayo de 1994) por ser de un caso de protesta no relacionado con el ajuste en el sector público. Consistió en una huelga metalúrgica que duró 12 días e implicó la paralización de la industria local. Comenzó en Ushuaia y se extendió a Río Grande. Reclamaban mejores salarios y contra los despidos efectuados durante el conflicto. La protesta tuvo el aire de generalización de los demás casos. Los metalúrgicos contaron con un apoyo significativo de la población en general, en la participación en marchas masivas y en la adhesión a un paro general realizado en repudio de un violento desalojo de un establecimiento, en el cual hubo un obrero muerto. Este hecho fatal otorgó al conflicto austral gran repercusión a nivel nacional. Finalmente, el conflicto se resolvió por la mediación del gobierno nacional y fue conducido por la UOM local. &lt;br /&gt;31/ Según el comisario Scoppa (número dos de la SIDE) lo reconoció, fueron en gran medida espontáneamente realizados. El día siguiente de estos sucesos expuso ante el gabinete nacional: "Mi hipótesis es que todo fue absolutamente espontáneo" (Clarín 18.12.93). Testimonios recogidos por Dargoltz (1994) coinciden en señalar lo mismo. &lt;br /&gt;32/ No llama tanto la atención la furia de los damnificados como la desidia de las autoridades. ¿Acaso no pudieron prever que se estaba atravesando el umbral de la tolerancia popular? Quizá deba también pensarse que la crisis por la que atravesaba la provincia era de la mayor envergadura, una crisis de integración social, esto es, una crisis de los mecanismos través de los cuales unos y otros se reconocen como partes de una misma sociedad. El vínculo social se reconoce en su capacidad para mantener cohesionados sus elementos. No cabe aquí ahondar en la teoría pero la impresión que provocan los sucesos del santiagueñazo es de una situación social en la cual se desdibujó la "conciencia colectiva". Tanto en los testimonios de los actores como en los análisis de la prensa local se pone énfasis en la situación de descomposición moral en la que había incurrido la dirigencia política y la sociedad en su conjunto. &lt;br /&gt;33/ Lo acontecido en Santiago del Estero puede ser ilustrado en analogía con la imaginación de Lope de Vega. Mediante la enunciación "Fuenteovejuna lo hizo" cada vez que uno de los habitantes era sometido a indagatoria judicial, se impidió la imputación de un asesinato a su autor material. &lt;br /&gt;34/ Los principales referentes del PJ provincial habían desaparecido por un tiempo de la provincia luego del "santiagueñazo", por lo cual no participaron en la campaña electoral de las elecciones constituyentes del 10 de abril de 1994. &lt;br /&gt;35/ Volviendo ahora con una digresión al caso de Santiago del Estero, las acusaciones generalizadas a la clase política y el ataque a los bienes personales de los principales políticos como modo de protesta, y el elemento restaurador señalado, me llevaron a reflexionar sobre el tipo de relación que los santiagueños entablan con sus referentes políticos. Al respecto, he pensado que las formas de reclamar están asociadas a la naturaleza de aquella relación, la cual he definido como relación clientelar. Varios autores (Novaro 1994, Zurita 1994 y Dargoltz 1994) coinciden en señalar que los mecanismos de representación dominantes en la vida política de esta provincia son de tipo clientelista. He trabajado en profundidad el tema del clientelismo en otro trabajo (Informe de avance de beca de perfeccionamiento, Intituto de Investigaciones Gino Germani/UBA, 1997), al cual remito para la fundamentación de lo que someramente expongo aquí. Allí he definido las relaciones clientelares a partir de un conjunto de características: como relaciones de intercambio, desiguales, personalizadas, informales y difusas. También sostuve en aquella oportunidad que el clientelismo como sistema de dominación tenía una objetividad de segundo orden: como condicionante de actitudes que se expresaban en el aprendizaje de un repertorio de protesta. Esto es, la manera de protestar de los "clientes" tiene que reflejar la estructura de la relación clientelar, el tipo de vínculo que establecen con sus jefes. Si el vínculo es personalizado, podemos esperar ataques a los domicilios de los patrones. Podemos esperar que el interlocutor del reclamo no sea el estado sino la persona de los funcionarios, por lo cual la disputa se dirima en términos morales. Dada la informalidad del vínculo, si los patrones no cumplen con el pacto de intercambio implícito en la relación, podemos esperar que los clientes fijen su ira en la persona del patrón, ya que no cuentan con el recurso de apelar al arbitraje de una autoridad constituida más allá de la relación personal e investida con el poder de hacer cumplir el pacto. Por esto mismo, podemos esperar que la protesta no se proyecte a un espacio político general sino que permanezca localizada. Y quizás también, por todo lo anterior, que sea violenta, cuerpo a cuerpo. También podemos esperar que la protesta se sostenga en un discurso que no vaya más allá del mantenimiento o la búsqueda de ventajas personales o de situaciones colectivas de favoritismo. Esto es, no es esperable que evolucione hacia la generalización de actores colectivos sostenidos en un discurso político totalizante. &lt;br /&gt;36/ Me valgo aquí de los registros y el análisis de los cortes de ruta relevados entre marzo y julio de 1997 realizados en Giménez, Scribano &amp; Seri (1997). &lt;br /&gt;37/ En setiembre de 1997 tienen lugar elecciones en Cutral Có, en las cuales la alianza entre la UCR y el Frepaso derrotó con más del 50 % de los votos a la alianza entre el PJ y el MPN. &lt;br /&gt;38/ Quienes protagonizaron el corte de una ruta en la localidad de El Carmen eran en su mayoría mujeres. &lt;br /&gt;39/ En el sentido que Sartre da a esta expresión en su Crítica de la razón dialéctica. &lt;br /&gt;40/ Con la sola y no muy clara excepción de Frente de Gremios Estatales de Jujuy. &lt;br /&gt;41/ He analizado con más detenimiento estas diferencias en una ponencia en colaboración con Gabriela Delamata en el Seminario Transdisciplinario sobre Violencia, en el módulo "Violencia, espacio público y acciones colectivas", celebrado el 29 de junio en el Centro Franco Argentino de Altos Estudios de la UBA. &lt;br /&gt;42/ La primera ola de movilizaciones en las provincias de noroeste culminó en una protesta con proyección nacional llamada Marcha Federal. Con el papel activo del sindicalismo opositor, léase del CTA y el MTA, y de los frentes gremiales regionales, confluyeron en el centro de Buenos Aires columnas de todo el país reclamando contra el ajuste. Concitó un amplio abanico de adhesiones: pequeños y medianos empresarios, entidades agropecuarias, federaciones estudiantiles, organismos de derechos humanos y casi la totalidad de los partidos políticos opositores (Frente Grande, UCR, Modin, Unidad Socialista, etc.). Comenzó el 3 de julio de 1994 desde La Quiaca (el punto más nórdico) y Ushuaia (el punto más austral). Las columnas eran cuatro, en representación de las regiones: Noroeste, Litoral, Cuyo y Patagonia. En el transcurso de la marcha hacia Buenos Aires y en los lugares de descanso de la caravana, las poblaciones mostraban su apoyo a la protesta mediante distintos eventos: desayunos populares, bendiciones religiosas, festivales populares, concentraciones en la ruta para esperar el paso de la caravana, cierre de comercios, un paro general en Salta, etc. El cierre fue masivo: casi 50 mil personas en Plaza de Mayo en un acto sin incidentes y con la presencia mayoritaria de sectores sindicales (Clarín, 6.07.94 &lt;br /&gt;43/ La variación del desempleo es enorme: la tasa de desocupación era 5,9% en 1986 y trepó al 17,1% en 1996 (Gerchunoff &amp; Torre 1996). &lt;br /&gt;________________________________________&lt;br /&gt;BIBLIOGRAFÍA &lt;br /&gt;ABOS, Alvaro (1983) La columna vertebral: sindicatos y peronismo, Buenos Aires, Legasa. &lt;br /&gt;-------1984 Las organizaciones sindicales y el poder militar (1976-1983), Buenos Aires, CEAL. &lt;br /&gt;-------1989 El modelo sindical argentina: autonomía y estado, Buenos Aires, Fundación F. 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Península, 1990</title><content type='html'>INDIVIDUALIZACIÓN EN EL PROCESO DE LA SOCIEDAD (Extracto)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;... Estos leitmotive son característicos de una época en la  cual funciones de protección y control que antes eran ejercidas sobre los individuos por grupos endógenos más reducidos (...), pasan a ser ejercidas por agrupaciones estatales altamente centralizadas y cada vez más urbanas. En el transcurso de este cambio los seres humanos individuales, al llegar a la edad adulta, salen cada vez más de esos grupos endógenos y protectores más reducidos y locales. Con la creciente pérdida de funciones de protección y control, la cohesión de esos grupos se relaja.  Y dentro de las sociedades estatales, más amplias, altamente centralizadas y cada vez más urbanas, el ser humano individual depende más de sí mismo. (...) Disminuye su anterior encapsulamiento, inevitable y vitalicio, (...) el ajustamiento de su comportamiento, de sus objetivos y sus ideales a la vida en tales agrupaciones y su natural identificación con ésta; se reduce su dependencia de estas agrupaciones, así como su necesidad de ellas. (...) en el marco de sociedades estatales cada vez más diferenciadas los seres humanos individuales salen de las más reducidas y muy intrincadas agrupaciones preestatales endógenas y protectoras, se encuentran ante un creciente número de alternativas. Tienen un mayor margen de elección. Pero también tienen que elegir más por sí mismos. (...) Pueden y tienen que hacerse más independientes. En esto no cabe posibilidad de elección...&lt;br /&gt;...La posibilidad, y la necesidad, de una mayor individualización es un aspecto de una transformación social ajena al control de las personas(...) no es sencillamente algo dado por naturaleza(...). Lo que se ha incrementado en gran medida en estas últimas es la separación y la diferenciación de las personas particulares en sus relaciones mutuas...&lt;br /&gt;...Estas relaciones, todo el tipo de su convivencia, conducen (...) hacia una regulación global de emociones, hacia una renuncia a impulsos y una transformación de impulsos...&lt;br /&gt;...proceso de creciente individualización, es al mismo tiempo también de civilización. (...) característico de una determinada etapa de este proceso el aumento de tensiones entre las órdenes y prohibiciones sociales asumidas como autoinhibiciones y los impulsos reprimidos. (...) el abismo y la contradicción entre impulsos más espontáneos e impulsos controlados a largo plazo, que los muy individualizados seres humanos de este nivel de civilización sienten solos y en sí mismos, son proyectados hacia el mundo; a menudo aparecen n las reflexiones teóricas del ser humano como un abismo existencial entre una persona y otra, o quizá como una contradicción eterna entre individuo y sociedad...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;II&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;...proceso de civilización individual...&lt;br /&gt;...cuando las sociedades se hacen más diferenciadas y centralizadas, cuando aumenta la especialización y se prolongan los escalafones que la sociedad coloca ante los individuos se alarga y complica también la preparación necesaria para desempeñar tareas de adultos. Durante un cada vez más prolongado período de tiempo los niños y los adolescentes son excluidos de los círculos de los adultos. (...) Adultos biológicos continúan siendo no adultos sociales. (...) tienen(...) una “cultura juvenil”, un mundo propio, (...) Y, así, si bien la prolongación y la mediatización de la preparación facilita el ingreso en la sociedad de los adultos, puesto que proporciona al joven una mayor riqueza de conocimientos, en el aspecto emocional muchas veces dificulta este ingreso...&lt;br /&gt;...muy pocas veces los trabajos se corresponden con las expectativas de los jóvenes. (...) Muchas veces en la vida social de los jóvenes se desarrolla múltiples aptitudes e intereses que las funciones del adulto no dejarán ejercitar, múltiples formas de conducta e inclinaciones que el adulto tendrá que posponer o reprimir...&lt;br /&gt;...creciente especialización de la sociedades estatales se hace más largo y complejo el camino del individuo hasta convertirse en una persona autodependiente y más capaz de decidir por sí misma. Aumentan las exigencias que se hacen a su autorregulación consciente e inconsciente. Junto a  éstas, la  prolongación y la configuración especial de las edad comprendida entre la infancia y la mayoría de edad social son un de los factores que dificultan la inserción del individuo en la sociedad de los adultos e incrementan la probabilidad de que no le sea posible encontrar un correcto equilibrio entre sus inclinaciones personales, su propia autorregulación y sus tareas sociales...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;III&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;...en la concepción del mundo exterior los fenómenos naturales ya no desempeñan el mismo papel que desempeñaban en el siglo XVII o a principios del siglo XVIII. (...) los seres humanos de estos grupos sociales se ven a sí mismos cada vez más como seres poderosos capaces de descifrar los enigmas de la naturaleza y de desviar el curso de ésta hacia sus propios fines. (...) tras una larga resistencia, finalmente el estudio sistemático de las fuerzas de la naturaleza se convierte en algo completamente cotidiano, y su utilización para fines humanos en algo evidente, los objetos naturales dejan de desempeñar el mismo papel que antes en la concepción de aquel “mundo exterior” separado por una muralla invisible de lo que ocurre en el “interior” del ser humano...&lt;br /&gt;...con el creciente desplazamiento del poder en las relaciones entre seres humanos y contextos naturales extrahumanos, estos últimos poco a poco han pasado a ocupar un segundo plano en la concepción de ese “mundo exterior” que se encuentra frente al “mundo interior” humano. En su lugar ha pasado al primer plano de esta concepción el abismo entre el “interior” del ser humano particular y las otras personas, entre el verdadero yo “interior” y la sociedad “exterior”...&lt;br /&gt;...más como expresión del sentimiento de aislamiento (...) Las transformaciones que pueden observarse en una serie de metafísicas filosóficas tienen su contrapartida en transformaciones de la autoexperiencia de círculos más amplios...&lt;br /&gt;...una persona puede expresar la sensación de que la vida social le impide la realización de lo que él es “interiormente”. (...) Ahora es la “sociedad” lo que se opone, como “mundo exterior”, al “mundo interior”; puede sentirse que la “sociedad” no es capaz de rozar el “núcleo interior del propio ser” o, según el caso, que es la carcelera que impide al individuo salir del interior de su celda hacia la vida...&lt;br /&gt;...viéndonos como un fenómeno tanto social como individual, estos problemas forman parte del contexto de la gran transformación en cuyo transcurso cada vez más seres humanos se desprenden de grupos endógenos más reducidos, menos diferenciados y firmemente entretejidos y –como formaciones cerradas que se expanden en un movimiento de abanico sobre una superficie amplia- forman unos con otros sociedades estatales más diferenciadas y, finalmente, sociedades nacionales, dentro de las  cuales mantiene una mayor distancia interpersonal...&lt;br /&gt;...piensan y actúan (...) desde la “perspectiva del nosotros”. El carácter personal del individuo está modelado para la constante convivencia con otros y para que su comportamiento remita constantemente a otros...&lt;br /&gt;...en las sociedades estatales (...) Elegir por uno mismo entre las múltiples opciones es algo imprescindible, que muy pronto se convirtió en costumbre, necesidad e ideal (...) dos aspectos de un esquema básico de configuración de la personalidad. Pero, como se les otorgan valores opuestos, como los sentimientos ligados a cada uno de ellos difirieren, se tiende a considerar que se trata de dos independientes que existen por separado y sin ninguna relación...&lt;br /&gt;...En otras palabras, el desarrollo social hacia una elevada individualización del individuo abre a las personas particulares una vía hacia formas específicas de satisfacción y realización, y hacia formas específicas de insatisfacción y de vacío, hacia posibilidades específicas de alegría, dicha, bienestar y placer, y hacia posibilidades de dolor, desdicha, descontento y malestar, que no son menos específicas de su sociedad...&lt;br /&gt;...La multitud de aspiraciones y oportunidades diferenciadas e individuales que se presentan en estas sociedades se corresponde con la multitud de posibilidades de quedarse atascado que hay en ellas...&lt;br /&gt;...Está en la naturaleza de las sociedades que exigen a los individuos una mayor o menor especialización el que los individuos hayan de abandonar al borde del camino una plétora de alternativas no tomadas, de vidas no vividas, de papeles no desempeñados, de vivencias no experimentadas y de oportunidades desperdiciadas...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;IV&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;...los tejidos de divisiones funcionales de las cadenas de acciones se hicieron cada vez más amplios e intrincados. Los seres humanos empezaron a depender cada vez  más unos de otros, al tiempo que cada individuo se diferenciaba cada vez más de sus congéneres...&lt;br /&gt;....la organización de las relaciones  humanas hacia una agrupación en comunidades más grandes, más centralizadas y más diferenciadas funcionalmente, hacia una mayor represión de los impulsos inmediatos de cada individuo. (...) fue haciéndose más intensa y evidente la participación del autocontrol en la coordinación de uno mismo con otras personas y sus actividades...&lt;br /&gt;...El control de la naturaleza, el control social y el control individual forman una especie de cadena circular; forman un contexto funcional trimembre, cuya imagen puede servir como esquema básico de la observación de asuntos humanos: ninguno de esos controles se desarrolla sin los otros; la medida y la forma de uno dependen de la medida y la forma de los otros; y si uno de ellos se quiebra, loas otros lo siguen tarde o temprano...&lt;br /&gt;...Hoy en día es especialmente difícil tener presente que tampoco las cualidades del ser humano que significamos con palabras como “individualidad” son simplemente algo dado por naturaleza, sino algo que, partiendo del material biológico, se desarrolla en el transcurso de un proceso social, de un proceso de “individualización”, que, inmerso en la gran corriente del desarrollo de la humanidad, no puede ser separado de otros procesos similares, como el de la creciente diferenciación de las funciones sociales y el del creciente dominio de las fuerzas naturales extrahumanas...&lt;br /&gt;...Ciertamente, incluso en las agrupaciones humanas más simples, más cercanas a la animalidad de la Antigüedad, puede que hayan existido diferencias de comportamiento, aptitudes y experiencia entre los distintos individuos. Pero cuando más obedece la actuación de las personas a sus propias fuerzas naturales indómitas, menos difieren entre sí los comportamientos de estas personas. Y cuando más intensa y multidimensional son la represión, el redireccionamiento y la transformación de esas fuerzas en el marco de la convivencia humana – primero por amor y miedo a otros, luego también por uno mismo- , más intensas y pronunciadas son también las diferencias de conductas, sentimientos, modos de pensar, fijación de objetivos y, no en último término, también de las fisonomías moldeables, y mayor “individualización” adquieren los individuos...&lt;br /&gt;...El individuo perteneciente a una de estas sociedades, lo sepa o no, está inmerso en una constante competencia – en parte tácita, en parte expresa- entre individuos, dentro de la cual es muy importante para su orgullo y su amor propio el hecho de poder decirse a sí mismo: “Ésta es la característica, la particularidad, el mérito, el don, por el cual me diferencio de las personas que me rodean y me distingo de ellas” (...) el individuo busca por sí mismo sentido y satisfacción en algo que él mismo hace o es...&lt;br /&gt;...aprendizaje social...&lt;br /&gt;...este ideal forma parte de una estructura de la personalidad que sólo aparece en relación con situaciones humanas específicas, con formas sociales de una estructura determinada; es algo muy personal y, al mismo tiempo, específico de la sociedad. (...) Éste es el ideal de la persona individual exigido e implantado en la gran mayoría de las sociedades muy industrializadas...&lt;br /&gt;...Normalmente los seres humanos criados en esta sociedades aceptan como algo evidente y “natural” esta forma de anhelo y las conductas que conlleva. El ideal del ser humano de realizarse como individuo mediante el dirigirse activamente hacia un objetivo muy importante para él como persona, dentro de su sociedad, se corresponde con la situación específica en que el ser humano particular se encuentra inmerso en tales sociedades. Este ideal conduce a que el individuo sea capaz de hacer uso del margen de elección relativamente amplio, del grado relativamente elevado de libertad, que se le presenta en una sociedad de este tipo...&lt;br /&gt;...Lo que tenemos aquí no son discrepancias entre un anhelo del individuo que le viene dado por naturaleza, innato y ajeno a la sociedad, y una estructura social que impide la satisfacción de ese anhelo. Es más bien un deseo personal adquirido por un ser humano particular, promovido por instituciones y experiencias sociales, al que en determinados casos las instituciones sociales de su grupo humano no dan satisfacción...&lt;br /&gt;...Como suele ocurrir, también aquí algunos problemas que aparecen a lo largo del transcurso de un desarrollo histórico- social y están en relación con una situación humana particular se presentan ante los seres humanos inmersos en ésta como si fueran problemas eternos de las humanidad en general...&lt;br /&gt;...al mismo tiempo, en todas las sociedades de esta índole están rigurosamente delimitados los modos en que uno puede y le están permitido diferenciarse, y los ámbitos en que puede y le está permitido destacar. (...) no es fácil mantener el equilibrio justo entre la capacidad de ser igual a los demás en el hacer y el dejar de hacer, y la capacidad de ser único y distinto de todos los demás...&lt;br /&gt;...Son, en suma, antinomias internas de la sociedad que encuentran expresión en la concepción de un conflicto y un abismo eternos entre el “mundo interior” del individuo y el “mundo exterior” de la sociedad...&lt;br /&gt;...Y frente a la sensación de autorrealización de unos suele presentarse en otros la sensación de insatisfacción, de tedio y de vacío, de abatimiento y de culpa, o incluso la sensación de que la propia existencia carece de sentido. También en este caso una de las formas características en que los propios implicados tratan mentalmente este destino se expresa con bastante frecuencia en la concepción de una descoordinación entre su naturaleza individual y circunstancias sociales externas a ésta...&lt;br /&gt;...podemos pensar en un fenómeno para el cual todavía no se posee una forma de expresión correcta: las oscilaciones de aquello que quizá podría calificarse de “presión social” y, en particular, la “presión interna” de un grupo social. (...) se trata de desequilibrios entre tales aspiraciones y las posibilidades de satisfacerlas que ofrece la sociedad...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;VI&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;...En la praxis de la vida social misma es ciertamente frecuente el planteamiento de estas cuestiones de una mejor coordinación y una mejor armonización. Pero el aparato mental utilizado para aproximarse a ellas suele estar aún bajo el signo de gritos de guerra como “¡Viva el colectivismo!”, “¡Viva el individualismo!”, y las consiguientes alternativas diametralmente opuestas. Si se reflexiona con serenidad, no resulta difícil advertir que, en último término, sólo son posibles las dos cosas a la vez.(...) La coordinación de la organización social a las necesidades y fines de los individuos reunidos en ella, la coordinación de las personas a los requerimientos del contexto funcional de la sociedad, continúan en gran parte en manos de la casualidad o de procedimientos automáticos considerados evidentes...&lt;br /&gt;...Un paso en la dirección adecuada lo constituye ya la referencia a que las divergencias entre requerimientos individuales y sociales, con las que hoy en día nos topamos a menudo, no son incompatibilidades entre necesidades naturales extrasociales del individuo y requerimientos de una sociedad extranatural, sino antinomias específicas entre estructuras de las personalidad y estructuras sociales que forman parte de los problemas internos de la sociedad industrializadas europeas y de otras sociedades del mismo nivel. El paciente trabajo en las áreas de ciencias humanas como la sociología, la psicología y, en especial, la psicología social tiene por delante la tarea de conseguir que problemas de esta índole se perciban con mayor claridad...&lt;br /&gt;...En el fondo, nadie sabe –y, de ser así, en que medida- el esquema, con frecuencia notable, de control de instintos y emociones que rige en las diversas comunidades nacionales y las restricciones, que suelen ser muy intensas, que aquel esquema impone a las personas particulares son realmente necesarios para el funcionamiento del tejido de divisiones funcionales, o si tal vez son posibles otros esquemas menos destructivos y conflictivos. Del mismo modo, tampoco se sabe si los métodos que tradicionalmente se han venido empleando en estos Estados nacionales para adaptar a loa niños a la vida en su sociedad son adecuados o no para este fin...&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6739054310312818189-6956331621578406503?l=sociologiaucse.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sociologiaucse.blogspot.com/feeds/6956331621578406503/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://sociologiaucse.blogspot.com/2009/10/norbert-elias-la-sociedad-de-los.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6739054310312818189/posts/default/6956331621578406503'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6739054310312818189/posts/default/6956331621578406503'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sociologiaucse.blogspot.com/2009/10/norbert-elias-la-sociedad-de-los.html' title='NORBERT ELÍAS “LA SOCIEDAD DE LOS INDIVIDUOS” Ed. Península, 1990'/><author><name>Sociología</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00225090272172561897</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/_ZQ8l4wAZPYc/SqESpv2P2EI/AAAAAAAAAAM/smF_2BjspuE/S220/100_3725.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6739054310312818189.post-5355393741176659977</id><published>2009-10-19T10:48:00.001-03:00</published><updated>2009-10-19T10:52:40.901-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Derechos Humanos'/><title type='text'>Derecha y Derechos Humanos. Por Luciano Alonso</title><content type='html'>Derecha y derechos humanos&lt;br /&gt;(A propósito de la polémica entre Rogelio Alaniz y la agrupación H.I.J.O.S.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;por Luciano Alonso&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces la principal dificultad para evaluar las prácticas y discursos que se generan en torno a la cuestión de los “derechos humanos” está en el convencimiento de que son una bandera de la izquierda o de lo que más confusamente se suele llamar “el progresismo”. Habitualmente, estábamos acostumbrados a ubicar la definición y defensa de derechos fundamentales en la tradición de los movimientos de emancipación en el mundo occidental. Desde las variadas formulaciones de los “derechos del hombre y del ciudadano” durante la Revolución Francesa, los derechos humanos aparecieron asociados a la izquierda social y política. Pero en la segunda mitad del siglo XX se fue produciendo un viraje en el cual las corrientes de derecha se implicaron cada vez más con esa problemática. Ese tránsito se completó hacia los finales de la Guerra Fría, cuando se vislumbraba la posibilidad de establecer en el área de influencia de los Estados Unidos lo que Ana María Ezcurra llamó “democracias de seguridad y mercado”, que garantizaran los derechos civiles básicos pero a la vez fueran funcionales al proyecto de relanzamiento de la hegemonía norteamericana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy, los derechos humanos no sólo son un campo de reclamo de las tendencias que luchan por cambiar las sociedades en un sentido de mayor libertad e igualdad, sino también de la derecha más conservadora. La defensa de los derechos humanos ha sido invocada para justificar todas las intervenciones militares neo-imperialistas desde fines de los años ochenta, y de hecho fue el único justificativo público de dos campañas militares occidentales: la fallida intervención en Somalía y la guerra de ocupación de Kosovo, en la ex Yugoslavia. En lo que hace a las políticas interiores, los distintos Estados aprovechan la instalación de un amplio consenso acerca de la defensa de los derechos humanos para legitimar el status quo, considerando condenables todas las violencias sin distinción de situaciones (algo bastante hipócrita, ya que recurren a muy variadas formas de violencia) y promoviendo la judicialización de la política (proceso en el cual siempre tienden a beneficiarse los intereses plasmados en el Derecho vigente).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este es un buen ejemplo de lo que Michel Foucault llamaba “la polivalencia táctica de los discursos”: una misma serie de enunciados puede servir para propósitos diferentes. Articulada con unos o con otros elementos discursivos, puede ser aplicada a una estrategia de conservación o de subversión de una relación de fuerzas determinada, para la dominación o para la resistencia; para el poder o el contrapoder. Los mismos enunciados, como ser los relativos a la defensa de la vida, al derecho de habeas corpus, a la aplicación de justicia conforme al Derecho, a la memoria de las violencias, pueden entonces vincularse con otros tópicos diferentes y adquirir significados muy diversos. En ese sentido, algunos debates que se esbozaron en medios de comunicación de la ciudad de Santa Fe sin concretarse del todo en los últimos tiempos, y especialmente la polémica entre la agrupación H.I.J.O.S. (Hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio) y el periodista Rogelio Alaniz, pueden ser comprendidas en función de diferencias en la concepción de los derechos humanos y específicamente como efecto de la emergencia de una política derechista de los derechos humanos, que en este caso está representada por el editorialista del diario El Litoral y la radio LT10 de la Universidad Nacional del Litoral.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En realidad, es sumamente molesto tener que considerar explícitamente las opiniones de Alaniz. En parte porque no son relevantes ni bien fundamentadas; en parte porque ponen al periodista en una situación en la cual precisamente él quiere ubicarse, elevando escritos que entran en la categoría del exabrupto a materia de debate público. Pero desgraciadamente no hay otra posibilidad que decir algo para tratar de comprender lo que ocurre y desmontar algunos tópicos que el mismo Alaniz trata de instalar. Es sabido que los medios de comunicación hegemónicos imponen de una u otra manera lo que se suele llamar “la agenda”. No sólo poseen el monopolio de hecho de la producción y circulación de información o crean un “efecto de realidad” que destaca algunas cuestiones y oculta la existencia de otras. Encima nos dicen directa o indirectamente de qué tenemos que hablar aunque nos resulte sumamente desagradable, so pena de dejar pasar los discursos más reaccionarios. Adicionalmente, en esta situación la cuestión parece focalizarse en una persona determinada, cuando en realidad es sólo un exponente (un emergente) de un modo más general de comunicación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para el martes 22 de septiembre de 2009, la Federación Universitaria del Litoral y otras entidades habían organizado un panel a realizarse en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la UNL para conmemorar los 25 años de la entrega del informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas, con la participación de Graciela Fernández Meijide y Rogelio Alaniz. Aparte del hecho de que el evento se habría efectuado en período de veda electoral para las agrupaciones estudiantiles (lo que por supuesto no es inocente, aunque se lo presentara como un acto académico), serviría de presentación para el libro La historia íntima de los derechos humanos en la Argentina, de Fernández Meijide. En ese texto, entre varias otras cuestiones polémicas, la autora afirma que el número de detenidos-desaparecidos durante el período de terror de Estado de los años setenta no superó la cifra de ocho mil, en contradicción con la consigna histórica del movimiento argentino de derechos humanos que alude a treinta mil desaparecidos. El panel no se concretó, anunciándose por correo electrónico su suspensión sin explicación alguna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como respuesta a esa convocatoria, la agrupación H.I.J.O.S. Santa Fe y la Mesa por Juicio y Castigo enviaron un comunicado a los distintos medios de comunicación de la ciudad. El vespertino El Litoral lo reprodujo integralmente en su edición del día 22, como nota de opinión en la sección “Política”. En él planteaban la falsedad del debate instalado respecto de la cuestión numérica y acusaban a Alaniz de tener intervenciones públicas en el sentido de una “memoria completa” como la propugnada por los exponentes de la derecha, justamente cuando en Santa Fe se desarrollaban las audiencias del juicio oral contra los represores actuantes en la zona. Al día siguiente se publicó una respuesta de Alaniz y el día 24 el diario sacó otra nota más, esta vez sin firma, en la cual planteaba que el debate acerca de los números de la represión debía suspenderse entre tanto se expidiera la justicia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La nota de Alaniz publicada como “Crónicas de la Historia” (¿?) el 23 de septiembre constituye una pieza al menos extraña, por no decir incalificable. El periodista arremete contra la agrupación con giros discursivos que no presentan ningún argumento, sino tan sólo una sucesión de insultos y referencias personales. El título del escrito (“Todos eran mis Hijos”) no tiene relación con el contenido y sólo cumple la función de mostrar la erudición literaria del enunciador como lector de Arthur Miller. Esa estrategia se repite sucesivamente con una alusión a “Viñas de Ira” de  John Steinbeck, una mención a Antonio Gramsci y una cita de Pier Paolo Pasolini claramente descontextualizada, como lo mostrara hace unos días Máximo Eseverri en un curso ofrecido en el Instituto Superior Nº 12. En ninguna de esas evocaciones de textos literarios o analíticos se recuperan los contenidos ni se aportan ideas para explicar a quienes se discute o a los terceros lectores lo que se quiere debatir, por lo que sólo se presentan como supuesta demostración de la cultura de Alaniz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La nota arranca con el desmerecimiento de quienes suscribieran el texto atacado, sugiriendo que no pudieron hacerlo solos. Luego infantiliza en no menos de seis oportunidades a los miembros de la agrupación con una serie de epítetos descalificativos, tratándolos de chicos, niños, señoritos, personas que no han crecido ni madurado, etcétera. Obviamente, desconoce no sólo qué sería la Mesa por Juicio y Castigo sino incluso el hecho de que entre los miembros de H.I.J.O.S. hay profesionales de distintos rubros, algunos de ellos con titulaciones y antecedentes académicos superiores a los del propio Alaniz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese desmérito del oponente se complementa con un conjunto de afirmaciones absolutamente egocéntricas. Alaniz se coloca desde el inicio del artículo en el centro del problema; insinúa que personalmente ha elegido dejar en la memoria de los demás una imagen de sí mismo más excelsa que la que quedará de aquellos a los que critica o que la historia lo juzgará más benévolamente que a los otros (es decir, que la historia lo registrará); se pone en posición de víctima y sugiere que la ofensa que pueden infringirle es peor que la cadena perpetua; aduce que todos los represores le dicen algo cuando lo ven (evidentemente se considera un personaje famoso, odiado por necios de “ambos” bandos); o deja constancia de que hasta sus enemigos lo consideran muy inteligente. Al menos en diez ocasiones hace comentarios directa o indirectamente elogiosos hacia sus propias posiciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También menciona con insistencia los “escraches” de H.I.J.O.S. y prácticamente parece anhelar que la agrupación se manifieste contra él. Adicionalmente, la redacción del escrito esboza que el reclamo de cadena perpetua para los represores parece excesivo (“pero si a Videla le reclaman cárcel perpetua, ¿qué castigo me corresponde a mí…?”), o que los miembros de agrupaciones político-militares eran tontos (“El comisario Rebechi… me dijo que yo no era guerrillero porque era muy inteligente y, por lo tanto, más peligroso”), o que los desaparecidos y asesinados por el terror de Estado no fueron muertos en serio ni siquiera para los organismos de derechos humanos (“Para… [Hebe de Bonafini] cifras dignas son las que hubo en las Torres Gemelas. ¡Allí sí que hubo muertos en serio!”). En suma, no trata en detalle ninguna cuestión y pone como centro de la discrepancia una única nota que habría escrito acerca del número de desaparecidos (“¿Treinta mil desaparecidos?”, El Litoral, 8 de agosto de 2009).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con seguridad que los desaparecidos durante el período de terror de Estado de los años setenta no fueron tantos como 30.000, pero seguro tampoco habrían sido los 7.954 que registró la CONADEP, aún cuando supongamos que es fácil distinguir entre asesinados y desaparecidos o tener en claro la atribución de todos los sucesos violentos del período. Pero a Alaniz no le importa la discusión razonada del problema y mucho menos la posibilidad de su carácter irresoluble desde el punto de vista histórico, ya que asume como verdad irrefutable un dato incierto. Su estrategia discursiva pasa por relativizar los alcances del terror de Estado (creer que esos crímenes se pueden medir exactamente, como supone cuando alude a una evaluación del nazismo con “datos rigurosos, con nombres y apellidos, fotos de familiares, testimonios” y que eso soluciona la cuestión, es simplemente demostración de impericia historiográfica). Y eso se combina con la presentación de una violencia supuestamente equivalente y simétrica de izquierda y de derecha, o sea, con la forma más burda de la teoría de los dos demonios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Además de todas las observaciones esbozadas aquí –que merecerían un más detallado análisis– su propia alusión a la nota del 8 de agosto oculta que Alaniz viene difundiendo metódica y constantemente posiciones cada vez más derechistas en sus columnas de opinión. Por ejemplo, en el año 2008 sus artículos sobre los asesinatos de Rucci (“Las puertas del infierno”, El Litoral, 20 de setiembre) o de Mor Roig (“El asesinato de Mor Roig”, El Litoral, 27 de setiembre), marcaron una tendencia inocultable: la afirmación de los muertos de la derecha como personas con nombre y apellido, capaces de errores y aciertos, en suma, seres humanos, mientras que los muertos de la izquierda son sólo un número y además controversial y menor al que defienden los familiares de los caídos. Como para compensar un poco semejante desbalance, el 11 de octubre de ese año publicó una nota que por estar dedicada en su mayor parte al imperio de la Triple A y las bandas paramilitares mencionaba por sus nombres a dos miembros de la izquierda (Tita Clelia Hidalgo y Julio Troxler, en “Fue una pesadilla”, El Litoral), pero en el mismo artículo citaba a ocho muertos de la derecha, mostrando una vez más que sus categorías ideológicas sesgan hasta en los más mínimos detalles la información que vuelca. El comunicado de H.I.J.O.S. exageraba cuando decía que los planteos de Alaniz se acercaban a los de Cecilia Pando u otros personajes de la derecha más reaccionaria, pero simplemente por una cuestión de grado y no por una de naturaleza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mismo Alaniz trata de presentarse como un demócrata, combatiente del fascismo en sus diferentes formas (de paso, su uso de ambos conceptos es tan confuso que más vale obviar todo comentario; véase simplemente su “Democracia y fascismo”, El Litoral, 15 de noviembre de 2008). Aunque constantemente alude a autores que han realizado una autocrítica y cuyas posiciones podrían ser objeto de otros debates, se muestra a sí mismo como una persona coherente a lo largo de toda su vida, siempre vinculado con el pensamiento progresista y a la vez opuesto a la violencia. Ahora bien, ¿qué hay de “progresista” en los escritos actuales de Alaniz? Hagamos un ejercicio muy simple, repasemos: si tus posiciones son parecidas a las que enuncian los políticos o comunicadores sociales de derechas; si tus artículos merecen sólo loas de señoras que llaman por teléfono a una radio para hablar de la “careta” de los organismos de derechos humanos y de su defensa de los delincuentes; si en la Web los únicos que levantan completo tu artículo son unos tipos que tienen el blog “Cristiandad y Patria” (http://cristiandadypatria.blogspot.com, consulta 8 de octubre de 2009); si los que te critican son personas centristas o de izquierda; si sos el redactor más importante de un periódico claramente conservador, entonces… ¡no sos progre, sos de derecha!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por supuesto, siempre queda la posibilidad de que el carácter derechista del discurso sea un efecto buscado por el medio de comunicación más que por el periodista. De hecho, el diario El Litoral ha sido bastante más consecuente en su oposición a organismos como H.I.J.O.S., contra el cual editorializó ya el 28 de marzo de 1999. Pero además el periódico manejó con clara intencionalidad el desarrollo de la polémica. Primero publicó el comunicado completo de la agrupación, luego la respuesta de Alaniz y por fin cerró el debate, con una nota más adocenada aunque también posicionada en un discurso de orden. Además, para ilustración de la nota de Alaniz incorporó una foto de un escrache que no corresponde a una acción realizada en la zona santafesina. Cualquier imagen más pertinente hubiera desentonado con el texto, ya que precisamente los escraches de H.I.J.O.S. Santa Fe han sido muy distintos de los que Alaniz dice conocer (de paso, ¿vio alguno? ¿No tiene en mente además escraches de otras muchas agrupaciones de distinto signo, que para él son todas iguales?). Que el vespertino local sustenta la teoría de los dos demonios, que es un medio hegemónico con características conservadoras y que se inscribe en un entramado de relaciones de poder y enuncia un discurso de orden, son afirmaciones sostenibles. Pero Alaniz, como periodista, tiene también intereses concretos de diversa naturaleza que lo llevan a congeniar con esa línea editorial (más allá de sus ingresos monetarios o cosas así, sobre por qué los periodistas hacen lo que hacen puede verse el didáctico libro Sobre la televisión, de Pierre Bourdieu).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quizás el error de H.I.J.O.S. estuvo en intentar una comunicación alternativa a través de un medio hegemónico. Es cierto que sólo enviaron un comunicado, pero eso dio lugar a que el diario lo aprovechara para controlar la polémica y habilitara los exabruptos de su periodista estrella. De lo que se trataría es de saber dónde está la derecha y hasta qué punto ella misma permite que se le discuta lo que ha establecido como verdad por el simple hecho de controlar los medios de su producción y difusión. Los discursos alternativos sobre la problemática de los derechos humanos, como sobre cualquier otra cuestión, tienen que encontrar entonces medios alternativos de circulación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En: http://www.elmangodelhacha.com.ar/revista137/revista137nota3.htm&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6739054310312818189-5355393741176659977?l=sociologiaucse.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sociologiaucse.blogspot.com/feeds/5355393741176659977/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://sociologiaucse.blogspot.com/2009/10/derecha-y-derechos-humanos-por-luciano.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6739054310312818189/posts/default/5355393741176659977'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6739054310312818189/posts/default/5355393741176659977'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sociologiaucse.blogspot.com/2009/10/derecha-y-derechos-humanos-por-luciano.html' title='Derecha y Derechos Humanos. Por Luciano Alonso'/><author><name>Sociología</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00225090272172561897</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/_ZQ8l4wAZPYc/SqESpv2P2EI/AAAAAAAAAAM/smF_2BjspuE/S220/100_3725.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6739054310312818189.post-7898463261907476611</id><published>2009-10-19T09:32:00.000-03:00</published><updated>2009-10-19T09:33:10.349-03:00</updated><title type='text'>La Escuela según Pierre Bourdieu parte 2</title><content type='html'>&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/uVb2w73dwH0&amp;hl=es&amp;fs=1&amp;"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/uVb2w73dwH0&amp;hl=es&amp;fs=1&amp;" 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term='Autores'/><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://florilegiocontubernio.files.wordpress.com/2009/09/bourdieu.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 198px; FLOAT: left; HEIGHT: 301px; CURSOR: hand" border="0" alt="" src="http://florilegiocontubernio.files.wordpress.com/2009/09/bourdieu.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Pierre Bourdieu nació un 1º de Agosto en la localidad pirenaica de Denguin, una aldea pobre ubicada al sudoeste de Francia.&lt;br /&gt;Este hecho no es menor para Pierre ya que luego, en sus años de éxito académico, dirá (con sus propias palabras) que el haber nacido en un pueblo agrícola, en el interior de Francia, lo convirtió en un académico no-parisino, relativamente marginal, vislumbrado en sus costumbres y en su marcado acento provinciano, por ejemplo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pese a su humilde origen, es el propio padre de Bourdieu (un aparcero devenido en cartero que nunca terminó el secundario) quien lo impulsa a formar parte de los reductos educativos más exclusivos de Francia, incribiéndolo en el Lycée de Pau (1941 a 1947) y luego en el Lycée Louis-Le-Grand (1948 a 1951) para culminar su prolífica carrera estudiantil en la prestigiosa École Normale Supériure (1951 a 1954), una de las grandes escuelas francesas, considerada en su momento como la más importante y lugar de origen de reconocidos intelectuales como Sartre o Levy-Strauss, por citar algunos.&lt;br /&gt;Paralelamente a su paso por la Escuela Normal Superior estudia en la Faculté des lettres de París. &lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;Fue el primero de su curso pero nunca se sintió parte de la "élite intelectual" de la época, estableciendo con la misma una relación de mutuo rechazo que se reflejan en frases como "Mucho de lo que he hecho ha sido una reacción contra la Escuela Normal. Creo que, de no haber abrazado la Sociología, me habría vuelto muy hostil hacia los intelectuales. Ese mundo me horrorizó" aunque, amigos, no pensemos aquí acerca de Bourdieu en términos de personaje resentido: durante toda su vida, personal y académica, su teorización busco desmitificar a los "los dioses terrenales", "el papel de los iluminados", "las ciencias superiores", "la naturalidad con la que se viven ciertos hechos sociales" y tantas otras cosas de ese estilo. &lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;Su aire rebelde y crítico se manifestó en toda su prestigiosa carrera académica: su primer trabajo fue como profesor en Lycée de Moulins (1954-55), luego asistente en la Faculté des Lettres Dé Alges (1958-60) y en la Faculté des Lettres de París (1960-61), para luego convertirse en Coordinador de Conferencias en la Faculté des Lettres de Lille. Pero su primer cargo de importancia lo obtuvo en 1964 siendo designado como Director de Estudios en la Ecole Des Hautes Etudes en Sciences Sociales (EHESS). &lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;Este es el punto de quiebre a partir del cual comienza a desarrollar varios cargos de forma silmultánea como Encargado de cursos en la École Normale Supériure (1964-84); Director del Centro de Sociología de la Educación y Cultura en la EHESS y el centre Nationale du Researches en Sociologie (CNRS) además de participar en innumerables trabajos editoriales como la dirección de la revista Actes de la Recherche en sciences Sociales o su propia editorial  &lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;Su consagración como intelectual de renombre ocurrió en 1982 cuando fue designado miembro del prestigioso Colegio de Francia a partir del cual comenzó a ser premiado en todo el mundo: Doctor Honoris Causa de la Universidad Libre de Berlin(1989), Premio Erving Goffman, de la University of California-Berkeley (1996), el Premio Ernst Bloch de la ciudad de Ludwigshafen, entre otros. &lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;Tratar de sintetizar el legado teórico bourdieuliano no es tarea sencilla ya que, como muchos grandes pensadores sociales, arribó todos aquellos aspectos de la vida relacionados a la desigualdad social. No está mal, de pronto, afirmar que el eje temático de su obra sea, ni más ni menos, que el ser humano y sus padecimientos.  &lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;Tal vez haya sido el ejercicio de la enseñanza o bien su experiencia de niño humilde que estudia en la ENS, que lo llevaron a reflexionar sobre el sistema de enseñanza en libros como "La Reproduction", "Noblese D'Etat" y principalmente "La Distinction" (incluído por la Asociación Sociológica Internacional como una de las 10 obras de sociología más importantes del siglo XX)., su primer gran obra donde desmantela la mecánica perversa de un sistema educativo con un estructural mecanismo de separación y legitimación de las diferencias sociales los distintos mecanismos culturales de diferenciación social.&lt;br /&gt;Con originales categorías como "Violencia Simbólica" donde expone y explica la imposición de un arbitrio cultural determinado, es decir, nos habla de una escuela que reproduce el sentido común de los sectores sociales medios, enseña y califica a los alumnos desde ese bagaje que opera como un filtro "a priori" de la instrucción y la evaluación, y "Habitus" que nos permite entender el principio interiorización-exteriorización de los sujetos dentro de estructuras-estructurantes y estructurables y, que (¡ojo!), el autor toma no como limitante del accionar humano sino como elemento que permite entender mejor la predisposición a la acción de los actores a partir de su relación con la sociedad. &lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;"Quiero demostrar que la cultura y la educación no son meros pasatiempos ni su influencia es secundaria. Son importantísimos para afirmar y reproducir las diferencias entre grupos y clases sociales". &lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;Ahora bien, el autor encuentra que el "campo educativo" (entendiendo como "campo" al lugar de de luchas materiales y simbólicas donde se produce un tipo de capital particular (social, cultural, político, científico, etc) y donde se establece una lógica de funcionamiento acorde al mismo. no es el único escenario de dominación moderna) no es el único campo de dominación moderna sino que el más sobresaliente es el de la comunicación que, contrario a su propaganda de transparencia y audacia, desarrolla estrategias, desplegando cierta violencia simbólica que establece qué se considera normal y que no. &lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;Obviamente dichas concepciones se engloban en una teorización más general que podríamos ubicar dentro del plano cultural. &lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;En este sentido el planteamiento del autor ha sido eficaz no sólo contra el "culturalismo" (cultura pensada al margen del poder) sino también como una vertiente importante para cuestionar la teoría misma al concebirla como un poder nomotético capaz de decretar la unión y la separación de lo legítimo y lo ilegítimo. Lo simbólico, de esta manera, se levanta como un principio generador de cambio, al desenmascarar el "poder de hacer", de "imponer" costumbres, gustos, maneras de ser, pensar, vestir, oír, etc. &lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;Pensar en clave bourdieuliana significa "salir" de los lugares comunes ubicarse en el lugar de la duda pensando en dos alternativas posibles que el intelectual plantea: la reproducción o el cambio social, implícitamente ubicados entre estructuras y prácticas. &lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;Pensar la cultura es para Bourdieu, pensar en un ámbito lleno de "tensiones" libradas en los distintos campos, entre los cuales el lugar privilegiado lo detenta el "campo del poder" (innovador término con el cual decidió llamar al Estado) ya que el capital que está en disputa es el "estatal" y que funciona a modo de "tasa de cambio" valorizando o desvalorizando las demás especies de capital. &lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;Como dijimos toda la teoría de Bourdieu no tendrían real sentido sino hubiesen sido acompañadas por un accionar de lucha y oposición acordes a las denuncias establecidas. &lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;A medida que su carrera académica va madurando el Bourdieu académico se implica más aún en el accionar político, bajo el presupuesto de desarrollar una sociología práctica. &lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;Para él la tarea intelectual era Pensar y Actuar, no entendiendo el sentido de una sin la otra.&lt;br /&gt;Siempre apoyó movimientos alternativos de izquierda (incluso en 1980 respaldó al humorista Coluche en su candidatura a la presidencia). &lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;Justamente dentro de su faceta de activista político publicó uno de sus libros más conocidos: "La Miseria del Mundo" (1993) donde denuncia (una vez más!) un sistema desigual y el sufrimiento humano de los desamparados y "desheredados", señalando-sin dudar- como único culpable al modelo neoliberal&lt;br /&gt;En 1998 publicó en "Le Monde" el manifiesto "Por una izquierda a la izquierda de los izquierdistas" donde acusaba al gobierno de llevar a cabo una política de "derecha".  &lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;Pierre Bourdieu falleció el 23 de Enero de 2002, en ese día, solemne y oscuro para todos aquellos que amamos las teorías reveladoras y el compromiso de vida, un colega dijo : &lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;"Para él, la vida era un compromiso". &lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;Recordando... &lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;A lo largo de su carrera su principal búsqueda fue la construcción de una práctica interdisciplinaria a favor del avance científico de la ciencia y a favor de los sectores sociales dominados. &lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;Algunas de sus obras más conocidas lo ejemplifican: &lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;- Sociología de Argelia (1958), Trabajo y Trabajadores de Argelia (1963), El Desarraigo (1964), Los Herederos (1964), El Amor del Arte (1966), El Oficio del Sociólogo (1968), Teoría de La Práctica (1972), La Reproducción: elementos para una teoría del sistema de enseñanza (1979), La Distinción (1979), El Sentido Práctico (1980), Lo que Hablar significa (1982), Homo Academicus (1984), La Ontología Práctica de Martín Heidegger (1988), La Nobleza del Estado, Las Reglas del Arte (1992), La Miseria del Mundo (1993), Razones prácticas: Sobre la Teoría de la Acción (1997), Sobre la Televisión (1997), Meditaciones Pascalianas (1977), La Domincación Masculina (1998), Estructuras Sociales de la Economía (2000). &lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;Fuentes consultadas &lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;http://www.ubikt.com &lt;br /&gt;http://www.rionegroonline.com &lt;br /&gt;http://www.lanacion.com &lt;br /&gt;http://www.clarin.com &lt;br /&gt;http://www.elpais.com &lt;br /&gt;http://www.periodismo.com &lt;br /&gt;http://www.mondediplomatique.fr &lt;br /&gt;http://www.concentric.net &lt;br /&gt;http://varenne2.tc.columbia.edu/www/hv/rev/bourdieu_academicus.html &lt;br /&gt;http://www.terra.com &lt;br /&gt;http://www.iwp.uni-linz.ac.at/lxe/sektktf/bb/HyperBourdieu.hmtl &lt;br /&gt;http://www.massey.ac.nz &lt;br /&gt;http://www.lavanguardia.es &lt;br /&gt;http://www.unam.mx  &lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;Extraído de Cátedra Rubinich-UBA&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6739054310312818189-8185853828917752175?l=sociologiaucse.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sociologiaucse.blogspot.com/feeds/8185853828917752175/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://sociologiaucse.blogspot.com/2009/10/pierre-bourdieu-nacio-un-1-de-agosto-en.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6739054310312818189/posts/default/8185853828917752175'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6739054310312818189/posts/default/8185853828917752175'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sociologiaucse.blogspot.com/2009/10/pierre-bourdieu-nacio-un-1-de-agosto-en.html' title=''/><author><name>Sociología</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00225090272172561897</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/_ZQ8l4wAZPYc/SqESpv2P2EI/AAAAAAAAAAM/smF_2BjspuE/S220/100_3725.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6739054310312818189.post-6803219921250856885</id><published>2009-09-28T12:19:00.001-03:00</published><updated>2009-09-28T12:19:38.396-03:00</updated><title type='text'>Partido de Fútbol Filosófico</title><content type='html'>&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/T5qsTzuLe1I&amp;hl=es&amp;fs=1&amp;"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/T5qsTzuLe1I&amp;hl=es&amp;fs=1&amp;" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6739054310312818189-6803219921250856885?l=sociologiaucse.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sociologiaucse.blogspot.com/feeds/6803219921250856885/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://sociologiaucse.blogspot.com/2009/09/partido-de-futbol-filosofico.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6739054310312818189/posts/default/6803219921250856885'/><link rel='self' type='application/atom+xml' 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2</title><content type='html'>&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/9Cxviu6Tzj0&amp;hl=es&amp;fs=1&amp;"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/9Cxviu6Tzj0&amp;hl=es&amp;fs=1&amp;" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6739054310312818189-4220578721281360016?l=sociologiaucse.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sociologiaucse.blogspot.com/feeds/4220578721281360016/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' 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3'/><author><name>Sociología</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00225090272172561897</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/_ZQ8l4wAZPYc/SqESpv2P2EI/AAAAAAAAAAM/smF_2BjspuE/S220/100_3725.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6739054310312818189.post-8824730329322422497</id><published>2009-08-28T11:23:00.000-03:00</published><updated>2009-08-28T11:28:17.604-03:00</updated><title type='text'>Trailer-María Antonieta por Sofía Coppola</title><content type='html'>&lt;object height="344" width="425"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/hzISuEUezSg&amp;amp;hl=en&amp;amp;fs=1&amp;amp;color1=0x2b405b&amp;amp;color2=0x6b8ab6"&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;embed 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